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Les dejo para que no se les olvide 2 asuntos siempre muy interesantes acerca de la Salud:cada vez se aclaran más las dudas de que el Colesterol(y las Estatinas)son una gran MENTIRA.El vídeo es acerca de la enorme importancia del Yodo(por favor no confundir con la povidona yodada,hablo de la Tintura de Yodo—-pedir así en las Farmacias–)…

https://es.sott.net/article/52549-El-colesterol-ha-sido-desmitificado-una-vez-mas

https://es.sott.net/article/52491-Lo-que-no-sabias-del-yodo-pero-podria-salvarte-la-vida-video

Fuente:es.sott.net

 


Uno de los mejores métodos terapéuticos naturales para prevenir y tratar problemas de salud como Colesterol Elevado,Hipertensión Arterial y un sinnúmero de otras dolencias.Son métodos popularmente probados,vean la cantidad de visionados que tiene.


Toda la gente que tenga,aún,algo de coherencia,sentido común,visión neutral o llámese como se les ocurra,obligatoriamente DEBEN VER el vídeo de abajo y luego(casi al mismo tiempo)ponerse a reflexionar y hacerlo correr a sus conocidos.


El Silencio:qué martirio o qué bendición.Según el momento puede ser muy utilizable(para pensar,imaginar,relajar,dormir)…En fin,al final les dejo un vídeo del llamado “ruido blanco” que es un silencio sin silencio total,presta atención y verás…

por Edward Curtin
02 Agosto 2016

del Sitio Web IntrepidReport

traducción de Adela Kaufmann
Versión original en ingles

Edward Curtin

Es un sociólogo y escritor que enseña en la Universidad de Massachusetts de artes liberales y ha publicado ampliamente.

 

 

El silencio es una palabra preñada de múltiples significados:

  • para muchos una amenaza
  • para otros, una evocación nostálgica de un tiempo que se volvió obsoleto por la tecnología
  • para otros una sentencia de aburrimiento
  • para algunos, devotos de las antiguas artes de la contemplación, la lectura y la escritura, una palabra de profunda importancia, incluso sagrada

Pero el silencio, como tantas otras cosas en el mundo actual, incluyendo los seres humanos, está en la lista de especies en peligro de extinción.

 

Otra ave rara – vamos a llamarlo el espíritu santo el verdadero pensamiento – está desapareciendo lentamente de entre nosotros. El veneno del ruido y el ajetreo está contaminando más de lo que pensamos… pero sin duda nuestra capacidad de pensar.

 

Estoy sentado en un escalón de piedra de una pequeña cabina en un estero en Cape Cod. Todo está tranquilo.

 

Tres pies delante de mí un conejo bebé mordisqueaba la hierba, y ese mordisqueo que resuena. Una tórtola se queja de forma intermitente. Veo la ondulación del viento, la hierba del pantano y siento su bajo zumbido. Me siento como en casa.

 

Estoy morando en una silenciosa parada de tiempo.

 

Me llama la atención lo raro que se ha vuelto el silencio; cómo el no hacer nada parece tan anti-estadounidense. El ruido y el ajetreo se han convertido en nuestros elementos.

 

Mientras veo a los juncos balancearse, me pregunto por qué siempre doquiera que uno va la gente se precipita y se estresa. Una frenética ansiedad prevalece en todas partes.

Si usted le pregunta al joven, al de mediana edad o al jubilado, todos reportan estrés y falta de tiempo.

“Es una locura”, se les oye a menudo decir.

 

“Aquello” nunca es definido.

Es evidente que hay fuerzas poderosas que se benefician de este ruidoso ajetreo, de esta manera conectada de consumo tecnológico, esta contracción del tiempo. Todo el mundo parece tener sus razones por las que están en tal estado, pero pocos imaginan cómo y por qué esto podría ser “diseñado”.
Ellos no tienen el tiempo de tranquilidad para hacerlo. O no quieren…

 

Cuando hablo de ruido no estoy pensando sobre todo del estruendo que asociamos con la vida de la ciudad – coches, camiones, taxis, bocinas, sirenas, congestión, etc. – un mundo en carrera para llegar a alguna parte por razones desconocidas. Ese ruido, lamentablemente, es difícil de evitar, incluso en ciudades pequeñas o en los suburbios.

 

Si viajo a media milla de donde me siento en silencio, voy a encontrar este tipo de ruido ya que la gente corre en sus coches buscando unas vacaciones del mismo.

 

Estar en un lugar apartado en Cape Cod durante unos días es un lujo. Me doy cuenta de eso. Así también es tener estos minutos para escribir estas palabras. Sin embargo, sé también que estoy eligiendo hacerlo, y que para mí el lujo es también una necesidad.

 

¿Cómo podría vivir sin “no hacer nada”, en silencio?

 

Incluso la computadora en la que estoy escribiendo estas palabras me dice que estoy equivocado: quiere corregir mis palabras “no hacer nada” a “hacer cualquier cosa”. Me sorprende que no me dice que debería estar “divirtiéndome”, aunque tal vez hacer cualquier cosa es el equivalente.

 

El ruido de la vida moderna es difícil de evitar por completo, y, en cualquier caso, es el menos perjudicial para el silencio que tengo en mente.

 

Hay otro tipo de ruido que es auto-impuesto y que tiene por objeto, de manera consciente o no, asegurarse de que uno no está siendo “atrapado” por el silencio. Como lo saben aquellas personas que huyen del silencio, puede ser peligroso para las reinantes suposiciones acerca de uno mismo y del mundo. El ruido parece más reconfortante.

 

Todos conocemos a personas que van desde la mañana hasta la noche, día tras día, sin hacer una pausa para introducir los sonidos del lento silencio.

 

Uno no tiene que buscarlos muy lejos; la tecnología les ha hecho la regla. Corren a través de sus vidas en el capullo del ruido tecnológico. Están informados, en contacto, en sintonía con todo, menos con sus propias almas. Se ahogan en el ruido incesante de las televisiones y radios, o el ajetreo de las llamadas telefónicas, mensajes de texto, o trivias “que tiene que hacerse.”

 

Ellos siempre están planificando, yendo, organizando y programando actividades. O hablando… interminables parloteos sobre el tiempo o las compras o las últimas noticias y titulares de los principales medios.

 

Ellos eligen para llenar sus vidas con,

  • el ruido distractor con el fin de evitar que el silencio pueda obligarlos a enfrentarse a los problemas de auto-conocimiento que son la materia de los grandes libros, el arte verdadero, una vida plenamente humana
  • el auto-conocimiento que vincula al individuo con sus circunstancias sociales en su período histórico
  • conocimiento que les pudiera permitir comprender las fuentes de la profunda ansiedad y desesperación que induce su frenesí

Esto es lo que C. Wright Mills llamó la imaginación sociológica.

 

Durante quince años, Estados Unidos ha estado viviendo bajo un estado de emergencia nacional oficial y constante, el miedo paralizante – el miedo que mantiene a la gente en movimiento lo más rápido que pueden para no tener que detenerse y mirar hacia atrás y ver lo que les ha ocurrido y por qué y hacia dónde se dirigen… sobre el acantilado.

 

Es otro día y ahora estoy sentado a la sombra de un árbol que da a un hermoso puerto lleno de barcos de vela.

 

Una gaviota se abalanza y navega delante de mí. Un fuerte viento se viene desde el oeste. Esta agua es el patio de recreo de los ricos. A diferencia de los pobres, ellos pueden comprar el silencio exterior.

 

Parece que tienen un montón de tiempo para pensar pensamientos profundos, tales como ¿de dónde proviene todo su dinero?:

  • ¿de las empresas que forman parte del complejo militar-industrial?
  • ¿explotando a otros?

Sospecho que utilizan su tiempo “libre” para pensar en otras cosas…

 

Por alguna razón el agua áspera me recuerda a todos aquellos refugiados que huyen de la guerra y el caos en el mar Mediterráneo. Gente desesperada…

  • ¿Por qué tienen que morir en busca de refugio?
  • ¿Por qué tienen que huir de sus países de origen?
  • ¿Quien los llevó a los barcos?
  • ¿Es el mar y el silencio que traen estos pensamientos a mi mente?

Una silenciosa ensoñación puede hacer eso. Puede evocar pensamientos perturbadores.
A menudo escribo sobre estos asuntos. La mayor parte de lo que escribo es un asunto serio, a lo que la gente se refiere como escritura “pesada”: guerras, asesinatos, golpes, etc. – un montón de historia, asuntos sociales, cuestionamiento filosófico y teológico.

 

Y me parece que a muchas personas les resulta difícil de tomar.

 

Ellos no pueden encontrar el tiempo o la concentración silenciosa para leer y estudiar de cerca para ver si mis análisis son correcto. Creo que optan por no tomar el tiempo para entrar en el capullo de la concentración silenciosa que esto exige.

 

Ellos asentirán o repararán, pero no ahondarán más profundo. Más profundo significa peligro. Esos cientos de miles de personas que huyen del barco, por ejemplo,

  • ¿Quién es responsable de su destino?
  • ¿Quién inició las guerras que los sacó de sus casas?
  • ¿Podríamos estar implicados?
  • ¿Por qué se tiene la responsabilidad?
  • ¿Podemos estar en silencio lo suficientemente atentos para escuchar sus gritos y explorar los hechos?
  • ¿Es el ajetreo ruidoso una distracción autoimpuesta de la verdad?
  • ¿Vivimos de mala fe?
  • ¿Podemos dejar de hablar, para de moverse y dejar de hacer lo suficiente para contemplar estos asuntos?
  • ¿Podemos callar lo suficiente como para escuchar lo que el silencio podría revelar?
  • ¿De qué estamos huyendo de?
  • ¿Hay verdades tan profundas y tan perturbadoras que deben ser “silenciados”?

Eso creo…

El lento silencio nos permitiría entender cómo los líderes de los Estados Unidos están empujando al mundo hacia el silencio final de una conflagración nuclear al provocar la guerra con Rusia. La mayoría de la gente está demasiado “ocupada” y demasiado distraída – y por lo tanto demasiado ignorante – para darse cuenta.

 

Así que para ello, esto no está sucediendo.

 

No está sucediendo, como Harold Pinter dijo entre todos los innumerables crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos, mientras el pueblo estadounidense ha sido hipnotizado a pensar de otro modo:

“Nunca sucedió. Nada sucedió jamás. Incluso mientras estaba sucediendo no estaba sucediendo. No importaba. No era de interés.”

Estábamos demasiado ocupados para darnos cuenta. Todo lo que podíamos oír era ruido, alboroto propagandístico.

 

Una sociedad que sufre de trastorno por déficit de atención social inducido es una sociedad en un estado de desintegración. Centrado en el primer plano del ruidoso pensamiento convencional, alimentado por unos medios de comunicación arrojando un sinfín de distracciones y pseudo-acontecimientos, la mayoría de las personas se pierden en un cacofónico caos mental.

 

No estoy seguro de si hay algún punto en escribir estas palabras.
Pero estoy seguro que el arte de la escritura implica el arte de la lectura. El escritor crea y el lector recrea; ambos demandan silencio, un no-hacer, el cese de todo ruido que sirve para evitar el verdadero pensamiento.

¿Estás escuchándome?

 

Las máquinas deben ser apagadas.

“Nuestras invenciones”, Thoreau observó, “acostumbran a ser juguetes bonitos, que distraen nuestra atención de las cosas serias.”

No es difícil girar un interruptor, tirar de un enchufe, o pulsar un botón; la parte difícil es querer hacerlo.

 

Más difícil todavía, pero igualmente necesario, es el aquietamiento de la mente, el silencio de los incesantes parloteos internos que nos acompañan en todas partes.
A menos que por algún milagro rechacemos la ley de ajetreo ruidoso que nos ha sido vendida a nosotros para sembrar la confusión, están condenados. Esto puede sonar hiperbólico, pero no lo es. Estamos siendo conducidos a la masacre por las dementes élites que están empujando a una guerra mundial.

 

Nos estamos ahogando en mentiras y más mentiras, mentiras, agravadas por la repetición ruidoso.

“No hay nada más poderoso que el olor de la mentira… se puede oler. Huele a muerte”

Eso es lo que hace poco oí decir al Gran Papá en una producción de La Gata sobre el Tejado de Zinc.

 

El monje trapense Thomas Merton escribió una vez que algún día nos van a vender la lluvia: 

Al decir que dio a entender que cualquier aspecto esencial, hermoso de la vida podría ser destruido por una sociedad empeñada en la destrucción a través de la guerra y el consumismo.

Ahora que nos han vendido ruido y velocidad para eliminar el lento silencio, estamos en problemas mucho más profundos. No podemos pensar con claridad, si es que podemos pensar en absoluto. Y el pensamiento claro nunca ha sido más importante.

 

Gandhi , el revolucionario, lo puso de manera perfecta,

“En la actitud de silencio, el alma encuentra el camino en una luz más clara, y lo que es difícil de alcanzar y engañoso se resuelve en claridad cristalina.

 

Nuestra vida es una búsqueda larga y ardua por la verdad.”

Fuente:bibliotecapleyades.net

 


Dos temas muy parecidos:ya hay muchos Exoplanetas(que no giran alrededor de nuestro Sol)y ahora empiezan a “aparecer” Planetas como la Tierra..¿Quiénes irán a vivir allá?…Muy interesante pregunta,no creen?

Los 10 exoplanetas descubiertos más asombrosos

 

 


Todos nos acordamos de lo lento que pasa el tiempo en la adolescencia o pre-adolescencia y luego qué de prisa pasa cuando nos hacemos mayores:lean éste interesante artículo acerca de la Memoria,del Tiempo,Efecto Reminiscencia,etc,etc…


por Jesús González Fonseca
23 Enero 2011

del Sitio Web JesusGonzalezFonseca


¿Porqué la vida se acelera

a medida que nos hacemos mayores?

“Juzgamos el tiempo

según el número de recuerdos

que tenemos y su intensidad”
Douwe Draaisma


Siempre nos ha fascinado la memoria.

La idea de recordar o no las cosas que nos pasan en la vida.

  • ¿Porqué no recordamos nada de lo que pasó antes de cumplir los tres años?

  • ¿Porqué nos cuesta tanto recordar una fecha?

  • ¿Porqué los olores nos traen tantos recuerdos?

Cuantas veces hemos dicho: ¿Lo habremos soñado?

El déjá vu muchas veces nos desconcierta. A veces nos pasan cosas por nuestra cabeza que quizá nunca sucedieron, pero que sin embargo estamos convencidos que han pasado.

  • ¿Porqué la vida se acelera cuando nos hacemos mayores? Generalmente tenemos la sensación de que cada vez la vida pasa más rápido, los días parecen más cortos y los años pasan como un suspiro al hacernos mayores.

  • ¿Hay una relación entre la edad, la memoria y la velocidad del tiempo? Nuestra memoria tiene una voluntad propia.

    Nos decimos a nosotros mismos:

    “Tengo que recordar esto, quiero retener este momento, esta mirada, este sentimiento, esta caricia”,

    …y al cabo de pocos meses o incluso después de unos días notamos que ya no conseguimos evocar el recuerdo con el color, el olor, el sabor que esperábamos.

Y es que el recuerdo es como un perro que se tumba donde le place…

La memoria también hace caso omiso de la orden de no guardar algo, de nada nos sirve pensar:

“Ojala no lo hubiese visto, vivido, oído, ojala lo hubiese olvidado”,

…pues todo permanece almacenado y reaparece de forma espontánea e involuntaria de noche, cuando estamos despiertos en la cama.

También, entonces, la memoria es un perro que, meneando la cola, nos trae lo que acabábamos de tirar porque queríamos quitárnoslo de encima.

Desde hace unos veinte años, la psicología denomina “memoria autobiográfica” a la parte de nuestra memoria donde almacenamos las vicisitudes de nuestra vida.

Se trata de la crónica de nuestra vida, un largo registro que consultamos cuando alguien nos pregunta cuál es nuestro primer recuerdo, cómo era la casa donde pasamos nuestra infancia o cuál es el último libro que hemos leído.

La memoria autobiográfica es al mismo tiempo un libro de los recuerdos y un libro del olvido.

Es como si dejáramos los apuntes de nuestra vida a cargo de un secretario díscolo con intereses propios, que registra minuciosamente lo que preferiríamos olvidar.

  • ¿Porqué no hay casi nada anotado sobre lo sucedido antes de nuestro tercer o cuarto año de vida?

  • ¿Porqué las humillaciones quedan registradas por los siglos de los siglos?

  • ¿Porqué en lo momentos sombríos se abre siempre la página de sucesos sombríos?

Cuando sufrimos depresión o insomnio, nuestra memoria autobiográfica se convierte en un registro lúgubre:

todos los recuerdos desagradables nos llevan, a través de una deprimente red de referencias cruzadas, a otros recuerdos desagradables.

De vez en cuando, nuestra memoria nos sorprende.

De pronto, un olor nos recuerda algo en lo que no habíamos pensado durante treinta años. Una calle en la que estuvimos por ultima vez cuando teníamos siete años parece haberse encogido hasta el punto de resultar irreconocible.

Uno querría comprender cómo es posible que el tiempo pase mas deprisa a medida que envejecemos.


El tiempo no es constante en nuestra memoria

Cada uno de nosotros medimos el tiempo según unos parámetros individuales y propios que vienen marcados por nuestro entorno.

Algo que es muy fácil de experimentar, ya que es habitual que en los momentos de mayor disfrute el tiempo se nos escape casi entre los dedos, mientras que en los peores instantes sea cuando éste se estira hasta convertirse prácticamente en eterno.

Una experiencia que se debe a que el tiempo no se mide en nuestro cerebro por segundos, sino por los impulsos eléctricos que rigen nuestra percepción.

Por eso este fenómeno no es sólo cuestión de física, sino también de biología.

Dentro de este reloj interno se hace importante remarcar las tres sensaciones distintas que se pueden vivir en relación al tiempo:

  • La duración prolongada:

    Propio de situaciones que no nos son habituales ni rutinarias, más característico de momentos de gran tensión y atención.


  • La sincronía con el tiempo real:

    La más común, se mide el tiempo en consonancia al real u objetivo.


  • El tiempo comprimido:

    Sensación de que éste pasa de manera más rápido a lo habitual, estando relacionado con las labores automáticas que realizamos o aquellas que no exigen nuestra atención. El caso extremo de esta situación se vive cuando nos encontramos en un estado de inconsciencia, como cuando dormimos.


En este punto es donde encontramos lo que muchos científicos han decidido llamar como el efecto reminiscencia.

Un recurso de nuestro cerebro para concentrar los recuerdos en períodos concretos de nuestra vida y que se empieza a manifestar a partir de los cincuenta años de edad.

Es en este momento cuando en nuestra memoria se acumulan y rememoran aquellos instantes vividos cuando teníamos en torno a los veinte años, en la época inicial de nuestra vida adulta.

Exactamente el periodo caracterizado por las primeras experiencias, donde las sensaciones se vuelven más intensas que en sucesivas ocasiones:

es, en definitiva, cuando se configura nuestra forma de ser y lo que vamos a ser el resto de nuestros días.

Lo que el efecto reminiscencia nos viene a decir es que la base de la vida son las emociones y las nuevas experiencias y sensaciones, pues éstas son las que crean puntos de referencia en el tiempo.

El tiempo en la mente es subjetivo, y se percibe mediante la localización de esos puntos de referencia que se han creado.

Por eso mismo nos aclara que es posible expandir el tiempo siempre y cuando nuestra vida no se vuelva rutinaria, pues ésta siempre debe estar llena de nuevos sentimientos.

Hace unos años se preguntó a 1.400 americanos de más de 18 años qué acontecimiento histórico consideraban más importante, nacional o internacionalmente.

Los resultados fueron sorprendentes:

para la gran mayoría de participantes, el hecho destacado había sucedido cuando tenían más o menos 20 años…

Efecto reminiscencia – Subjetividad de la memoria

De esto se deriva esa sensación de que la vida se acelera según se van cumpliendo años, de que el tiempo cada vez pasa más rápido.

Lo que se debe, según palabras de Douwe Draaisma, catedrático de Historia de la Psicología en la Universidad de Groningen, a que,

“juzgamos el tiempo según el número de recuerdos que tenemos y su intensidad”.

Es decir, cuanto más recuerdos iguales tenemos, más deprisa pasa el tiempo, porque nos instalamos en esa rutina que tan poco nos aporta.

Al parecer, todo está relacionado con la forma en que asimilamos,

  • emociones

  • conocimientos

  • sensaciones

Cuanto más intensos son los momentos, estos parecen llenarnos y durar más.

Cuando somos jóvenes y tenemos 20 años, estamos experimentando un nuevo mundo de experiencias en el paso a la vida adulta: nuestro primer trabajo, nuestro primer amor, nuestro primer hijo, nuestra primera vivienda, etc…

Es en esos años, cuando hay más probabilidades de estar viviendo momentos intensos que distorsionen nuestra memoria temporal.

Toda esta amalgama de emociones nuevas, se van perdiendo por regla general a lo largo de los años. Es por eso que, cuando alcanzamos los 40, las sensaciones y vivencias no suelen ser tan novicias, sino más rutinarias o conocidas.

Esta sensación, se acrecenta si hablamos de alguien que ronda los 60 años. Es un hecho constatado que, cuando las personas se acercan a los 60 o los 70, parece que tengan menos recuerdos de su edad adulta y más recuerdos de cuando tenían 15 ó 20 años.

Se trata de un efecto que no existe cuando tienes 40 años. Y puede que se deba al hecho de que cuanta más repetición y más rutina hay en tu vida, más difícil es tener recuerdos de ello.

Cuando tienes 60, gran parte de tu vida ha estado llena de repetición y de cosas que pasan diez veces, cientos de veces quizá; mientras que con 20 años, hay muchos recuerdos de cosas que suceden por primera vez. Tienes tus primeras experiencias sexuales, tus primeras vacaciones sin los padres, tu primer día en un trabajo, tu primera vez en un nuevo contexto educativo, etcétera.

La vida con 20 años está llena de primeras veces, y tenemos muy buena memoria para las cosas que pasan por primera vez, y muy mala memoria para las cosas que se repiten cientos de veces.

Con todo esto, obtenemos que el efecto reminiscencia pone en evidencia el modo errático en que nuestra mente fluctúa su particular reloj biológico y sensación de paso del tiempo, según los recuerdos que guarda en la memoria. La mayoría de la gente, cuando llega a los 40, tiene la impresión de que los años son más cortos cada año, que los meses se encogen, y que las Navidades cada vez llegan más rápido…

Y esto sigue acelerándose, cuando tienes 60 parece que la vida vaya incluso más rápido que cuando tenías 40.

Cabe recordar que la velocidad subjetiva del tiempo se genera, de hecho, en la memoria. Juzgamos el tiempo en función del número de recuerdos que tenemos y su intensidad… así juzgamos el tiempo. Y esto es así incluso para períodos cortos de tiempo.

Mientras vamos dejando de ser jóvenes el tiempo se condensa, se acelera, nos elude.

Recordamos mejor las cosas lejanas y más remotas, las de la infancia más temprana, por ejemplo, que las que sucedieron ayer, en una suerte de presbicia de la memoria. Y así va palpitando nuestra memoria autobiográfica, pintando y despintando nuestras figuras más queridas.

Por eso, quizás el secreto resida en llenar nuestros días de nuevas experiencias y sensaciones que permitan a nuestro cerebro paladear los acontecimientos que estamos viviendo.

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Fuente:bibliotecapleyades.net

 


Para mí quizás lo más impactante de éste vídeo acerca de las Salmoneras en Noruega y Chile es cuando el de la Multinacional se queda mudo a la pregunta de “y,por qué en los últimos 10 años han muerto 100 buzos en Chile y en Noruega sólo 1(uno)?”…Vean y saquen conclusiones…