Fumar es bueno sobre todo si usted no llega a los 2 dígitos(diez)diarios:-eso le decía yo a quien quisiera escucharme,y les agregaba “así no tendrá usted ni Alzheimer ni Parkinson”.Estoy muy seguro de que la inmensa mayoría que lea ésto no se lo cree.Armense de paciencia o háganlo en 2-3 veces pero lean el artículo de abajo,es muy largo pero se enterarán de muchas e inmensas mentiras acerca del tan fustigado y castigado “tabaco” y a los fumadores que los tratan como leprosos.Rabia me dá pero me aguanto,sé controlarme(muchas gracias a los años).

Smoking

Campaña anti-tabaco: siguiendo el rastro de una ciencia corrupta

Mauricio Santecchia
Sott.net
jue, 24 oct 2013 18:00 CDT
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Recientemente en la televisión estatal Argentina se comenzó a difundir este corto spot publicitario parte de una fuerte campaña global antitabaco en la que el gobierno argentino, como la gran mayoría de los gobiernos del mundo, participa activamente.

El solo verlo me hizo pensar de inmediato en decir algo al respecto.

Es verdaderamente extenuante escuchar permanentemente por todos los medios posibles un repetitivo discurso antitabaco, proclamado ad nauseam por gobiernos, medios masivos, organismo de salud, médicos, y en el extremo de esta larga cadena, un ejército de antipáticos periquitos que repiten lo mismo robóticamente sin el más mínimo atisbo de pensar por sí mismos.

Vea el video con atención. ¿Cuanta información concreta piensa usted que le dieron en este minuto de televisión? Déjeme decírselo: sólo le dieron dos datos estadísticos, … si oyó bien, sólo dos miserables datos. “La mitad de los fumadores mueren a causa del cigarrillo” y “Si fumas vas a vivir al menos 12 años menos que si no fumas“. Estos dos cuestionables datos (ver más adelante para entender por qué son como mínimo cuestionables) son expuestos en los primeros 10 segundos del video. El resto del spot se dedica melodramáticamente a enumerar todo lo que podría hacer usted en 12 años. ¡Claro, un golpe directo al corazón! Una maniobra tan hábil como artera y manipuladora. El espectador está más tiempo pensando en todo lo que se pierde el fumador, que en los escasos datos iniciales. Esto claramente no es informar, es nada más y nada menos que manipular al televidente. En este caso concreto usa la culpa, pero la campaña global se vale de todos los recursos habidos y por haber. El miedo y el estigma social son sus favoritos.

Pero vamos a tomarnos uno pocos minutos de su tiempo para hablar acerca de esos dos datos, y de los argumentos detrás de la campaña global antitabaco.

Humo y espejos

¿Sabe usted cuál es la base “científica” sobre la que está construida la campaña antitabaco? La base científica es una correlación estadística, nada más. Permítame explicarle.

Parte de la labor científica es encontrar y corroborar correlaciones entre factores o variables dentro de un sistema. Consideremos por ejemplo la correlación en una población de niños de 6 a 12 años entre las variables “condición económica” y “rendimiento escolar”. Cotejando estas dos variables, sus distintos índices estadísticos y su distribución, y comparando ambas variables es posible establecer una correlación de este tipo (aunque permítame aclararle que esto es sólo un ejemplo): “a mejor condición económica mejor rendimiento”. Una vez establecida esta correlación el trabajo científico no termina, de hecho recién empieza. A continuación, hay que tratar de correlacionar estas variables con el resto de las variables relevantes del sistema, establecer nuevas correlaciones, luego elaborar hipótesis, y eventualmente tratar de descubrir usando métodos científicos las relaciones causales entre las variables, es decir una conclusión del estilo: “el aumento de A produce un aumento de B”, o expresado de otra manera, “el aumento de B es consecuencia del aumento de A”.

Esta relación causal debe establecerse luego de un riguroso estudio científico y tras haber recopilado suficiente evidencia como para considerar que hay pruebas concretas y objetivas de tal relación. Llegado este punto es aceptable decir que hay una relación causal entre las variables en estudio. Claro que la buena práctica científica debe dejar un espacio para reconsiderar estas conclusiones una vez incorporada nueva información al andamiaje de pruebas sobre el que está soportada la investigación y sus resultados.

En la primera mitad del siglo pasado un estudio científico encontró una dudosa correlación estadística entre el cáncer de pulmón y el fumar tabaco. Luego de encontrar esta correlación ¿qué imagina usted que pasó? Déjeme decírselo. Nada, absolutamente nada. Hasta el día de hoy no se ha podido producir cáncer de pulmón en laboratorio usando tabaco. No existe un sólo experimento que permita siquiera sospechar de una relación causal entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón o ninguna otra enfermedad, de hecho, y esto seguramente a usted no se lo han dicho, hay sugerentes indicios de que el consumo de tabaco tiene un efecto protector en el organismo especialmente en relación a las enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Pese a los denodados esfuerzos de un ejército importante de “científicos” alrededor del mundo no han logrado acumular ni siquiera un minúsculo indicio concreto que sugiera esta relación. ¿Sabe usted cuál es el único argumento exhibido a la hora de condenar al tabaco? Pues solamente aquellas estadísticas que establecieron esa dudosa correlación entre estos dos factores. Nada más.

Correlato no implica causalidad

Ahora déjeme contarle algo sobre las estadísticas. Con las estadísticas es posible “probar” prácticamente cualquier cosa. Claro que si uno no se deja seducir por los bonitos gráficos y recuerda que correlación estadística no significa de ningún modo relación causal, entonces esta consigna se invierte: con las estadísticas no es posible probar absolutamente nada.

Dice el doctor William T. Whitby:

Personas inteligentes han llegado a mirar a las estadísticas con sospecha, como algo con lo cual “puedes probar cualquier cosa”. A primera vista varias personas son impresionadas por una imponente tabla de gráficos, pero pronto descubren que éstas son poco útiles para probar algo en concreto. Los mismos estadistas son los primeros en admitir esto. […] Las estadísticas en sí mismas constituyen información útil si son recogidas sin sesgos, sin embargo el gran estadista Profesor Yule una vez dijo: “Tu puedes probar cualquier cosa con ellas”.

(Fuente: Smoking is good for you – p.45)

Permítame mostrarle con un ejemplo cuál es el problema cuando se intenta utilizar como factor probatorio sólo a la estadísticas.

Con el uso de las estadísticas es posible establecer que un aumento en el uso de afeitadoras eléctricas está asociado a un incremento en el cáncer de pulmón. Mire esta gráfica.

© William Whitby
Smoking is good for you – pág.47

De igual modo puede establecerse una relación estadística entre fumar y el aumento en los nacimientos ilegítimos, o una asociación entre el cáncer de pulmón y la importación de autos japoneses.

© William Whitby
Smoking is good for you – pág.47

© William Whitby
Smoking is good for you – pág.47

¿Deberíamos acaso dejar de importar autos japoneses por el simple hecho de observar está gráfica? Pues no. Un razonamiento análogo estamos obligados a poner en práctica en la causa del tabaco. Pero usted encontrará que curiosamente esto no ocurre. Los fanáticos a favor de la causa anti-tabaco, sean estos científicos, políticos, o simples individuos que abrazan la causa con un extraño e inusitado fervor, se han atado al dedo esta cuestionable estadística y han montado una descomunal campaña para erradicar definitivamente el tabaco del mundo. ¿Por qué cree usted que ha ocurrido esto?

Algunos hechos arrojados bajo la alfombra

¿Sabía usted que a principios del siglo XX en Europa una de cada dos personas fumaba tabaco? ¿Sabía acaso que hasta mitad del mismo siglo la incidencia del cáncer de pulmón se mantuvo tan baja que era apenas medible? Imagine el siguiente panorama: el tabaco llegó a Europa en el siglo XV traído desde América donde los nativos lo consumían desde varios siglos atrás sin acusar el más mínimo trastorno. Los nativos no sólo lo utilizaban como un bálsamo sino que le daban un uso medicinal. ¿En qué momento esta maravillosa planta se convirtió en la encarnación vegetal del mismísimo demonio? Esta es una pregunta clave. Considere que durante siglos, mucho antes de que comenzara esta locura conocida como campaña anti-tabaco, en Europa se consideró al tabaco como una planta medicinal con usos múltiples.

© Desconocido
Gentlemen’s club

Ahora, supongamos que usted pudiera viajar a la Inglaterra del siglo XIX y aterriza en Londres en uno de esos sofisticados clubes ingleses para aristócratas en donde había seguramente un buen número de médicos y profesionales de la salud. Usted desciende allí y con una actitud algo señorial nacida en su convencimiento de poseer una gran verdad, les explica a estos sujetos que el tabaco es malo y que todos los que fuman morirán con sus pulmones ennegrecidos y agonizando miserablemente. Las caras de perplejidad de su audiencia, en principio, le parecerán difíciles de entender, puesto que usted imagina que todas estas personas son fumadoras desde hace tiempo y que deben estar sufriendo las consecuencias de este vicio malsano experimentando los síntomas de lo que usted está seguro es una grave intoxicación.

Entonces repentinamente uno de estos sujetos, alto, robusto, con un bigote prominente, su monóculo puesto, dedos índice y mayor de la mano izquierda descansando en un pequeño bolsillito de su chaleco, y un cigarro encendido a medio consumir, se dirige lentamente hacia usted acompañado por un silencio sepulcral interrumpido sólo por los tacones de sus zapatos impactando contra un lujoso piso de madera y las miradas expectantes del resto de su audiencia. El enorme hombre se coloca frente a usted, lo mira fijamente con el ceño algo fruncido, le arroja una buena bocanada de humo en la cara, y luego, quitándose el guante blanco de su mano izquierda lo abofetea secamente.

Sí, usted que se veía a sí mismo como un paladín, que estaba convencido de su misión salvadora, acaba de ser desafiado a duelo por ofender la inteligencia de estos hombres. Claro, usted no puede entenderlo, pero la evidencia empírica de aquellos aristócratas les sugiere exactamente todo lo contrario de lo que usted alegremente acaba de exponer en su cruzada quijotesca.

Por suerte usted astutamente acepta el duelo para el día siguiente y rápidamente hace mutis y vuelve a nuestra época perplejo y algo enojado porque esos hombres salvajes lo han tratado realmente mal pese a sus buenas intenciones.

¿Qué ocurrió realmente en aquel lugar (y en aquel tiempo)? ¿Por qué una reacción tan contraria a la esperada? ¿Por qué estos hombres tan instruidos no reconocieron sus lícitas intenciones de abrirles los ojos? Pues déjeme decírselo: todos estos sujetos, al igual que buena parte de la Europa de aquel siglo, gozaban de buena salud en líneas generales; alguno de ellos, muy probablemente por efecto de fumar tabaco, habían reducido su ansiedad y depresión, otros habían experimentado un rendimiento intelectual superior, mejoras en su memoria de largo plazo, alivio en afecciones respiratorias, o desinflamación generalizada. En definitiva, se sentían saludables después de décadas de fumar tabaco y jamás se les hubiera cruzado por la cabeza la loca idea de que el cigarrillo podría matarlos.

Ahora bien, tomémonos un tiempo y hagamos una breve recorrida por diversos hechos científicos que son sistemáticamente ignorados (o escondidos), y que de algún modo nos dan buenas pistas sobre el por qué de esta “extraña” buena salud, al mismo tiempo que también nos generan muchos interrogantes sobre la radical campaña anti-tabaco y la persecución indiscriminada contra los fumadores.

Y ya que a los campañistas les gusta “jugar” con las estadísticas empecemos por tomar algunos datos duros sobre la incidencia de cáncer y la tasa de fumadores rankeados por país.

En la primera tabla de abajo se detalla de mayor a menor los 10 países más fumadores del mundo. Observe que en la segunda columna hay un número; ese número indica el puesto en el ranking de cáncer de pulmón por país:

Ranking de fumadores por país
vs
puesto en ranking de cáncer de pulmón

Serbia
Bulgaria 27º
Grecia 16º
Rusia 43º
Moldova 57º
Ucrania 61º
Eslovenia 15º
Bosnia 48º
Bielorrusia 47º
Montenegro

Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_cigarette_consumption_per_capita

Lo primero que surge de observar esta tabla es que de los 10 países solo 2 (Servia y Montenegro, los cuales en el ranking de cáncer de pulmón son tomados juntos, por eso ocupan un mismo puesto) se encuentran entre los 10 primeros del ranking de cáncer de pulmón, y sólo 4 se encuentran entre los 20 primeros (siga los link de las fuentes para ver las tablas completas). El resto está muy rezagado en el ranking de cáncer. Rusia que es el cuarto país fumador ocupa el puesto 43 (sí, leyó bien, 43) en el ranking de cáncer. Ucrania, 6to en el ranking de fumadores ocupa el puesto 61 del ranking de cáncer. ¿No es esto extraño? Si el cigarrillo produce cáncer de pulmón como afirman con tanta seguridad, esto significa que debería haber una relación directa, clara y evidente entre una tabla y la otra. Estos números demuestran sin lugar a dudas que las estadísticas, dependiendo desde donde se las mire, pueden sustentar una hipótesis o a su hipótesis antagónica.

Ahora miremos rápidamente la otra tabla para confirmar que, al menos a vuelo de pájaro, no parece haber siquiera una correlación entre estas variables, y menos aún una relación causal.

Ranking de cáncer de pulmón por país
vs
puesto en ranking de fumadores

Hungría 29
Servia/Montengro 2 / 10
Maldivas 141
Polonia 27
Armenia 25
Dinamarca 32
Holanda 66
Croacia 24
EE.UU. 51
Cuba 38

Fuente: http://www.worldlifeexpectancy.com/cause-of-death/lung-cancers/by-country/

En esta tabla el panorama puede verse más claro aún. Sólo un país se encuentra entre los primeros 20 de la tabla de “fumadores”, y tenemos el extraordinario caso de que el tercer país del mundo en el ranking de cáncer de pulmón ocupa el puesto 141 en la tabla de países fumadores. Esto parece desencajar por completo con el discurso oficial. Siguiendo sus “ecuaciones” y su lógica irrebatible, lo que muestran estas tablas, es imposible.

Establecido este primer punto que pone, cuando menos, en serias dudas a las estadísticas presentadas por los detractores del tabaco, hablemos un poco acerca de algunos datos interesantes que en general suelen permanecer en las sombras.

Acetilcolina: un aliado incondicional de la salud

Durante mucho tiempo, antes del comienzo de la cruzada contra el tabaco, se habló de las virtudes del tabaco. Para entender un poco mejor su acción sobre el organismo empecemos por introducir un poco de información útil sobre la acetilcolina, un neurotransmisor responsable de múltiples funciones.

La acetilcolina es la responsable de la estimulación de los músculos, incluyendo los músculos del sistema gastrointestinal. Se encuentra en neuronas sensoriales y en el sistema nervioso autónomo, y participa en la programación del sueño REM. Regula la actividad en áreas del cerebro relacionadas con la atención, la memoria y el aprendizaje. Fuera del cerebro, la acetilcolina es el neurotransmisor principal del sistema nervioso parasimpático, el sistema que controla funciones como la frecuencia cardíaca, la digestión, la secreción de saliva y la función de la vejiga. Este neurotransmisor opera como un freno de la inflamación en el cuerpo. La acetilcolina actúa sobre una familia de neuroreceptores llamados receptores nicotínicos. Se los conoce de este modo porque pueden ser activados por la nicotina. Estos mecanismos tienen una alta complejidad y su explicación excede por mucho las posibilidades de este artículo. Pero al menos sepa que la acetilcolina es fundamental en múltiples funciones reguladoras y en la “autosanación” del organismo de los mamíferos.

Los neuroreceptores pueden ser estimulados o inhibidos por compuestos que ofician de agonistas o antagonistas. Agonista es una sustancia que es capaz de unirse a un receptor y provocar una activación del neurotransmisor correspondiente a dicho receptor. Un antagonista, por lo contrario, es una sustancia que aunque se une al receptor, tiene un efecto inhibitorio sobre el neurotransmisor relacionado.

Ahora hablemos un poco de la nicotina. La nicotina es un alcaloide encontrado en algunas plantas de la familia conocida como solanáceas. Una de estas plantas es (o son, porque hay múltiples variedades) el tabaco. Entre 0.6% a 3% del peso del tabaco es nicotina (News Medical Nicotine – What is Nicotine?). Esta sustancia es un agonista de la acetilcolina. Es decir la nicotina estimula los receptores nicotínicos y produce un efecto de activación sobre la acetilcolina.

Así que en principio no parecería que la nicotina sea tan mala como la pintan. Ahora consideremos un poco más de información sobre esta sustancia y sus efectos en el organismo:

[…] Cuando un cigarrillo es fumado, la sangre rica en nicotina pasa desde los pulmones al cerebro en siete segundos e inmediatamente estimula la liberación de muchos mensajeros químicos incluyendo la acetilcolina, norepinefrina, epinefrina, vasopresina, arginina, dopamina, agentes autócrinos, y beta-endorfina. Esta liberación de neurotransmisores y hormonas es responsable de la mayoría de los efectos de la nicotina. La Nicotina parece mejorar la concentración y la memoria debido al incremento de la acetilcolina. Ella también parece mejorar el estado de alerta debido al incremento de acetilcolina y norepinefrina. La excitación se incrementa por el aumento de la norepinefrina. El dolor se reduce por el incremento de la acetilcolina y la beta-endorfina. La ansiedad se reduce por el incremento de la beta-endorfina. La nicotina también extiende la duración de los efectos positivos de la dopamina e incrementa la sensibilidad en el sistema de recompensa del cerebro.[…]

(Fuente: News Medical – Nicotine Effects)

Es notable que la “malvada” nicotina tenga tantas virtudes y que esto no sea ni siquiera mencionado colateralmente. Como es fácil de observar hay una resistencia generalizada a enumerar los beneficios de la nicotina por miedo al estigma social de ser apologista del tabaco. Y en esto la comunidad médica, junto con la farmaindustria, los gobiernos, y el ejército civil de anti-fumadores del mundo, no perdonan. La persecución será con saña y utilizarán todos los recursos disponibles (que no son pocos puesto que se encuentran en una posición sumamente ventajosa).

Sigamos hablando un poco más de esta sustancia:

[…] Aunque en la mayoría de los casos el mecanismo [de acción] real es entendido póbremente o no completamente, se cree que la principal acción benéfica se debe a la nicotina administrada, […] la administración de nicotina sin fumar puede resultar tan beneficiosa como al fumar, sin correr altos riesgos de salud debido al alquitrán u otros componentes que acompañan al tabaco.

(Fuente: News Medical – Nicotine and Oxidative Stress)

¿No nota nada extraño? ¿No parece el discurso de alguien que quiere decir algo pero no se anima a decirlo claramente o toma demasiados recaudos? Preste atención: empieza diciendo que verdaderamente se sabe poco sobre el mecanismo de acción de la nicotina. Luego dice que se cree que administrar nicotina redunda en beneficios para la salud. Hasta ahí vamos bien. Pero luego, repentinamente parece surgir la culpa o el miedo, y entonces aclara que se podría obtener los mismos beneficios de la nicotina si fuera administrada sin la necesidad de fumar por los “altos riesgos de salud” debido al alquitrán y otros componentes que acompañan al tabaco.

¡Hey, hey, hey! ¿Qué pasó aquí? ¿Acaso insinúan que lo que puede producir daño podría no tener nada que ver con la vapuleada planta de tabaco? Es interesante que esté particularmente expresado de este modo sobre todo en un sitio web de noticias de salud con un perfil marcadamente “mainstream”.

Seguimos con el mismo artículo un poco más adelante:

Fumar también parece interferir con el desarrollo del Sarcoma de Kaposi, cáncer de mama entre mujeres que llevan el gen de alto riesgo BCRA, la preeclampsia, y desórdenes atópicos como el asma alérgico. Un mecanismo plausible de acción en esos casos puede ser la nicotina actuando como un agente desinflamatorio, e interfiriendo con los procesos de enfermedades relacionadas con la inflamación, gracias a su efecto vasoconstrictor.

(Fuente: News Medical – Nicotine and Oxidative Stress)

Note que el artículo citado hace referencia explícita a “fumar”, no a la administración de algún modo alternativo de nicotina. Esto significa que la ciencia, inclusive esa ciencia oscura y mediocre que apoya la campaña anti-tabaco, sabe muy bien que el fumar tabaco podría ser beneficioso para el organismo humano. No puede comprender bien aún cómo es que resulta beneficioso, pero sí a través de la información surgida de la experiencia acumulada en miles de años, la ciencia, a puertas cerradas, sabe que estamos hablando de una planta medicinal y que fumarla puede redundar en grandes beneficios para la salud.

Tenga en cuenta que al mismo tiempo que la ciencia es consciente (aunque lo niega) de los beneficios de fumar tabaco, también objetivamente hablando, no tiene ni la más remota prueba o evidencia de que fumar sea causa de cáncer, produzca problemas coronarios, o cualquier otro problema de salud. Medio siglo llevan los detractores del tabaco tratando de producir cáncer de pulmón a partir del consumo de esta planta en laboratorio sin éxito (hablaremos de esto un poco más adelante).

Es interesante también hacer notar al lector que muchas de las calamidades achacadas al tabaco hoy día son consecuencia de los aditivos y componentes que la industria tabacalera utiliza en el cigarrillo industrializado y de venta masiva. Sería necio ignorar esta realidad; el cigarrillo comercial, ese que compra en una tienda tiene cosas como estas:

  • Cianuro de hidrógeno: veneno letal usado en cámaras de gas
  • Toluidina: son utilizadas en la producción de pigmentos. También son los componentes de los aceleradores para pegamentos decianoacrilato. Son tóxicas y se tiene cierto nivel de certeza de que son carcinógenos humanos (extraído de wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Toluidina).
  • Amoníaco: usted sabe bien que esta sustancia se usa para cosas como por ejemplo limpiar pisos. Aunque la dosis en un cigarrillo es baja podría ser posible que tenga un efecto acumulativo en el deterioro de su salud.
  • Tolueno: el tolueno puede afectar al sistema nervioso. Niveles bajos o moderados pueden producir cansancio, confusión, debilidad, pérdida de la memoria, náusea, pérdida del apetito y pérdida de la audición y la vista (extraído de wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Tolueno).
  • Arsénico: este elemento químico acumulado en el cuerpo se combina con ciertas enzimas interfiriendo así con el metabolismo celular.
  • Dibenzacridina: Se sabe y conoce que es una sustancia de efectos cancerígenos. Apenas existen referencias sobre esta sustancia en la red (un poco aquí http://nj.gov/health/eoh/rtkweb/documents/fs/0623sp.pdf).
  • Fenol: químicamente esta molécula se parece mucho a la del tolueno y tiene algunas propiedades análogas. Se utiliza en desinfectantes y mata insectos.
  • Butano: se encuentra en dosis pequeñas; no hay mucha información sobre su efecto en el organismo en dosis bajas.
  • Polonio-210: metaloide altamente radiactivo; es un elemento altamente tóxico y de peligroso manejo, incluso en cantidades de microgramos; el polonio-210 contenido en los fertilizantes fosfatados es absorbido por las raíces de las plantas (como el tabaco) y almacenado en sus tejidos. (¿Queda claro que la planta de tabaco al natural no tiene polonio?; lo aclaro simplemente porque este es uno de los caballitos de batalla del ejército anti-tabaco).
  • DDT: componente básico de muchos insecticidas; afecta principalmente el sistema nervioso periférico y central y el hígado; es carcinógeno para el hígado.
  • Acetona: en dosis pequeñas no es nocivo, el hígado se encarga de su metabolismo.
  • Naftilamina: se sabe que produce cáncer de vejiga.
  • Metanol: es muy tóxico y particularmente dañino para el hígado (hay estudios que señalan que esta sustancia es un subproducto del metabolismo del aspartame, téngalo en cuenta también si usted es de esas personas que gustan de consumir edulcorantes para evitar el azúcar).
  • Pireno: no hay mucha información al respecto aunque parece ser que es carcinógeno; yo en su lugar la evitaría.
  • Dimetilnitrosamina: Un derivado de la nitrosamina con propiedades alquilantes, carcinogénicas y mutagénicas. Produce daño hepático severo y es hepatocarcinógeno en roedores.
  • Naftaleno (naftalina): la inhalación de vapores diariamente de por vida produjo irritación e inflamación de la nariz y los pulmones en ratas y ratones.
  • Cadmio: cuando la gente respira el cadmio, éste puede dañar severamente los pulmones; el cadmio pasa a la hoja del tabaco desde el suelo; estudios han concluido que la concentración de este metal en la hoja de tabaco es del orden de 0.7ppm (muy baja).
  • Monóxido de carbono: gas muy tóxico; produce muerte por asfixia evitando que la sangre transporte oxígeno.
  • Benzopireno: al igual que con el pireno no he encontrado mucha información sobre esta sustancia; parece tener propiedades análogas al pireno.
  • Cloruro de vinilo: es una sustancia manufacturada y no ocurre naturalmente; se utiliza para fabricar PVC; si le gusta respirar plástico esta es una buena opción.
  • Uretano: en cantidades elevadas el uretano es tóxico al inhalar, ingerir o en contacto con la piel; daña los órganos que fabrican la sangre, el hígado y el sistema nervioso central; una exposición crónica puede provocar cáncer.

Estas son algunas de las sustancias que vienen de regalo cuando usted fuma un cigarrillo industrializado. No debería sentirse extrañado, en este mundo gobernado por psicópatas, a través del poder político y corporativo, siempre es de esperar que si existe algo bueno que puede beneficiarnos, ellos verán la forma de hacerlo inaccesible o de estropearlo de modo tal que pierda sus propiedades.

Para que tenga en cuenta, lo ideal es consumir tabaco orgánico o natural sobre el cual no se hayan utilizado agroquímicos ni aditivo alguno. También es importante que consiga un papel orgánico, quizá a base de hoja de cáñamo sin blanquear y que utilice un adhesivo natural como la goma arábiga. Agregando un filtro adecuado (o sin filtro si lo desea) puede armarse un cigarro sano sin correr los riesgos derivados del consumo del tabaco industrializado.

Entonces la próxima vez que oiga que en el humo del tabaco hay más de 4000 sustancia cancerígenas, y bla, bla, bla, … recuerde que la muchas de estas sustancias no tienen nada que ver con el “buen” tabaco.

Tabaco: una hierba medicinal

Al margen de esto es importante señalar que hay algunas sustancias que se producen al quemar la hoja de tabaco natural que tienen propiedades muy interesantes. Tomemos el caso de las beta-carbolinas. Esta sustancia está presente en diversas plantas como el tabaco y el café. Buscando un poco en la red se puede encontrar interesante información que vincula a estas sustancias con algunos efectos protectivos y beneficiosos para el organismo.

El cáncer es una enfermedad actual, es una masa anómala de tejido, cuyo crecimiento es prácticamente autónomo y superior al de los tejidos normales. Las drogas anticancerígenas actuales comprenden la inhibición/activación de reguladores de ciclo celular, inhibición de réplica de ADN, inducción de daño de ADN, interrupción de huso mitótico. Ya sea por el aumento de la polimerización de microtúbulos o aumentando la despolimerización de microtúbulos, que afectará a la fase m del ciclo celular

La β-carbolina tiene una estructura planar tricíclica aromática. Deriva de plantas, vida marina y tejido humano y se detectó como receptores a benzodiacepinas. Tienen un efecto antitumoral y anticancerígeno, clínicamente como, inhibidor de la cinasa dependiente de ciclina, IkappaB cinasa y topoisomerasa I.

(Fuente: Noticias cientificas: Derivados de beta carbolina actuan como anticancerígenos)

El artículo sigue. Disculpe por no citarlo completo pero es bastante técnico y creo que no aportaría demasiado. En todo caso siga su curiosidad y visite la fuente para más información.

Entonces tenemos una sustancia de origen natural presente en el humo del tabaco que parece tener propiedades antitumorales. ¿Escuchó acerca de esto alguna vez?

Para ser justos vamos a tomarnos algunos minutos para clarificar un poco todo este asunto de las beta-carbolinas. Existen en nuestro organismo unas enzimas conocidas como Monoamino-oxidasa (habitualmente referidas como MAO) encargadas de catalizar (acelerar/facilitar) la oxidación de monoaminas (familia de neurotransmisores). Para dejarlo más claro, la oxidación de monoaminas equivale más coloquialmente a la inactivación de algunos neurotransmisores. Sabiendo que los neurotransmisores son los “mensajeros” que acarrean señales entre neuronas, y que estas señales son de vital importancia para el armónico funcionamiento de infinidad de procesos neurológicos, podemos concluir que una sustancia que tiene la habilidad de inactivar un neurotransmisor posee una gran importancia en la regulación de estos procesos.

Las beta-carbolinas actúan como inhibidores de MAO, osea que inhiben la acción inactivadora de ciertos neurotransmisores. Esto puede sonar como un efecto adverso pues podríamos considerar que las beta-carbolinas desarmonizan el normal funcionamiento de nuestros sistema nervioso. Pero en contraposición a esta suposición hay algunos estudios como el citado anteriormente que nos hacen pensar justamente en todo lo contrario. También a las beta-carbolinas se las asocia con un efecto calmante y mitigante de la ansiedad.

Ahora considere esto: como consecuencia de quemar tabaco se producen una importante cantidad de compuestos (estamos hablando de tabaco natural, así que olvidémonos de los venenos agregados); ¿será posible que el efecto provocado en el organismo por fumar tabaco sea consecuencia de la combinación compleja de muchos de estos componentes?

El hecho que no debe ignorarse en este punto es que la ciencia apenas entiende hoy día la enorme complejidad de todos estos procesos. Hay mucha investigación en curso, muchas hipótesis, muchas teorías, … pero la realidad es que la medicina, en buena medida, va innovando bailando al ritmo de las estadísticas (no se olvide del comienzo de este artículo): “si esta sustancia produce tal efecto en una cantidad significativa de sujetos entonces posiblemente sirva para… “. Luego se hacen más estudios y pruebas, pero no siempre se alcanza a entender por qué una determinada sustancia produce un determinado efecto. En resumen, como se ha escuchado decir tantas veces, la ciencia (en especial la ciencia médica) está en pañales. Así que cuando escuche a un profesional de la medicina hablar con mucha seguridad, desconfíe. Ellos, al contrario de lo que normalmente uno cree, realmente no tienen en claro absolutamente todo y muchas veces repiten como loro lo que otros enuncian desde un virtual púlpito al que acceden no por mérito científico precisamente.

Entonces si la ciencia apenas comprende cómo actúa una determinada sustancia dentro del organismo ¿cómo puede ser que se arrogue afirmando con tanta seguridad que fumar produce cáncer y vaya a saber que cosas más siendo que ni siquiera ha logrado provocar en laboratorio estas afecciones? La misma ciencia reconoce no entender aún con claridad cómo afecta a un fumador la nicotina y el resto de los compuestos en el humo del tabaco. Aún más, la ciencia no está en condiciones de comprender cómo varias de estas sustancias combinadas pueden actuar sobre el organismo.

Ya terminando con este apartado me permito citar nada más unos pocos efectos benéficos conocidos de la nicotina que siguen permaneciendo en la oscuridad por razones que pronto analizaremos.

Estudios recientes han indicado que la nicotina puede ser usada para ayudar a adultos sufriendo epilepsia del lóbulo frontal nocturna autosómica dominante. La mismas áreas que causan convulsiones en la forma de epilepsia son también responsables del procesamiento de la nicotina en el cerebro.

También mejora los síntomas de TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y hay varios estudios que apuntan a desarrollar un tratamiento para el TDAH en adultos con nicotina.

Por último diremos que la nicotina tiene la fantástica propiedad de actuar, dependiendo de la dosis, como un estimulante o un relajante. No hay muchas sustancias que puedan hacer esto.

La investigación sugiere que, cuando el fumador desea conseguir un efecto estimulante, toma bocanadas cortas y rápidas, las cuales producen un bajo nivel de nicotina en sangre. Esto estimula la transmisión nerviosa. En cambio cuando desean relajarse, toma bocanadas profundas, las que producen un alto nivel de nicotina en sangre dando como consecuencia una disminución en el pasaje de impulsos nerviosos y en consecuencia un leve efecto sedativo. A bajas dosis, la nicotina mejora marcadamente la acción de la norepinefrina y la dopamina en el cerebro, causando el efecto típico de una droga psicoestimulante. A altas dosis, mejora el efecto de la serotonina y la actividad opiácea, produciendo calma y alivio del dolor. La nicotina es única en comparación a la mayoría de las drogas, pues su perfil cambia de estimulante a sedativo y bálsamo para el dolor de acuerdo a las dosis y al uso.

(Fuente: News Medical – Nicotine Effects)

La clave está en la dosis

Es un buen momento para hacer un paréntesis y dedicarle unas pocas líneas a un asunto importante a la hora de juzgar lo beneficioso o perjudicial de una determinada sustancia: la dosis. No hay completo consenso en relación a este tema pero al parecer hay una regla general que se puede aplicar a un número importante de compuestos químicos: la dosis hace al veneno. Es decir una sustancia que en pequeñas cantidades es inocua o incluso beneficiosa en grandes cantidades puede tener alta toxicidad.

Según comenta el Dr. William T. Whitby:

Los anti-fumadores hablan acerca del “alquitrán” en los cigarrillos. Las personas probablemente se sorprenderían al saber que después de todo lo dicho no existe tal cosa. Lo que ellos llaman “alquitrán” es un término conveniente usado para la recolección en los laboratorios del humo condensado que no se parece en nada al humo resultante de la acción real de fumar. Aplicando este producto condensado sobre la piel de ratones, algunos investigadores lograron inducir una forma de cáncer de piel. Se estableció que la dosis aplicada equivale a un hombre fumando 100000 cigarrillos al día. Es importante notar que se puede producir cáncer en un ratón con sustancias inofensivas para el ser humano, como por ejemplo yema de huevo o una solución de té.
[…]
Sabemos que los dedos de los grandes fumadores a menudo quedan manchados por el alquitrán. Uno podría pensar que si fuera carcinógeno, habría casos de cáncer de dedos. Como se podría esperar jamás hubo un caso reportado.

(Fuente: Smoking is good for you p.85-86)

En realidad esta cuestión no resulta ser tan sencilla. Al parecer un organismo sano cuenta con los medios necesarios para mantenerse desintoxicado. Diversos procesos fisiológicos propios, cuando están en equilibrio y funcionando correctamente, suelen ser lo suficientemente eficaces como para eliminar la mayoría de las toxinas que ingresan en el organismo. Esta condición podría darnos alguna pista para explicar por qué existen sujetos que han fumado cigarrillos industrializado durante años y, a pesar de la gran cantidad de aditivos tóxicos, no experimentan un deterioro significativo. Quizá estemos en estos casos frente a organismos super-eficientes a la hora de desintoxicarse.

Lo cierto es que la evidencia parece indicar que una adecuada nutrición es requisito indispensable para mantener a esta “máquina” en perfectas condiciones, aunque es muy posibles que factores genéticos tengan algún peso sobre cierta predisposición a que algunos de estos procesos funcionen de un modo anómalo. Así que es posible suponer que hay personas mejor “dotadas” para librarse de las toxinas en su organismo.

De todos modos es posible también que cierto tipo de sujetos con un determinado perfil genético se sientan inclinados a consumir cierto tipo de sustancias porque encuentren algún tipo de “alivio” tras este consumo. Y no estamos en este momento refiriéndonos a las drogas típicas sobre las que se sabe con relativo grado de certeza cómo generan adicción, fomentan la pérdida del autocontrol, y destruyen el sistema nervioso (cocaína, heroína, etc), sino que estamos hablando de sustancias como la nicotina, sobre la que se sabe muy bien que no genera adicción (sobre este tema hablaremos más adelante). De hecho es muy probable que lo que se considera como adicción al tabaco sea producto de una mala interpretación consecuencia de la mala práctica científica.

Para ejemplificar esta cuestión leamos un pequeño fragmento de un reporte de News Medical:

Se ha observado que la mayoría de las personas diagnosticadas con esquizofrenia fuman tabaco. Se estima el número de esquizofrénicos que fuman entre un 75% y un 90%. Recientemente se ha argumentado que el incremento de nivel de fumadores en esquizofrénicos puede ser debido al deseo de automedicarse con nicotina. Nuevas investigaciones han hallado que con una leve dependencia los usuarios obtienen algún tipo de beneficio de la nicotina, pero no así quienes experimentan altos niveles de dependencia. Todos estos estudios están basados sólo en observaciones; no se han hecho estudios con intervención (aleatoriedad).

(Fuente: News Medical – Nicotine and Oxidative Stress)

¿Qué curioso verdad? Habla de un “deseo” de automedicarse. ¿Será posible que en vez de “deseo” sea una “necesidad”, un intento del organismo por compensar la deficiencia en alguna de sus funciones? Cómo sea este pequeño extracto de texto nos lleva a pensar sobre este asunto de la “adicción” de un modo diferente.

Vamos a conceder por un momento algo de crédito a las supuestas estadísticas que correlacionan al cáncer de pulmón con el consumo de tabaco. Entonces supongamos que sí existe algún tipo de vínculo entre el desarrollo de cáncer de pulmón y fumar tabaco (aunque volvemos a aclararlo: cuando decimos “vínculo” no necesariamente estamos afirmando que existe una relación de causa y efecto).

¿Cómo ha procedido la ciencia una vez hallado este supuesto vínculo? Pues mal. Simplemente saltaron todos los procedimiento que la ortodoxia científica exige para garantizar una buena práctica conducida fundamentalmente por la búsqueda de la Verdad, y ceñida a procesos rigurosos que aseguren resultados con niveles de certeza aceptables. “Ellos”, muy convenientemente pasaron de un dudoso correlato a una relación causal. Pero esta no fue la única aberración científica. “Los buenos muchachos” cometieron errores imperdonables.

Empecemos por señalar que dentro de un sistema existen diversas variables interactuando entre sí de un modo complejo y no-lineal. No se puede alegremente tomar dos de estas variables, extirparlas del sistema, y considerar sólo la interacción entre ellas, porque los resultados de tremendo error conducirán indefectiblemente a conclusiones erróneas. Quizá sí sea posible hacer esto de a pares de variables por vez para estudiar la interacción individual entre cada una, y luego, con toda esta información intentar extraer conocimiento útil sobre el sistema a partir de una visión holística e integral del mismo. Pero no, ellos, cuando tomaron estas dos variables, obviaron por ejemplo parámetros nutricionales asociados a las costumbres locales de cada región estudiada, condicionantes ambientales (contaminantes en el agua, aire, etc), factores de estrés, factores genéticos asociados a raza y/o grupo étnico, factores genéticos individuales, etc. Es muy probable que todas estas variables y más se combinen de un modo complejo dando como resultado nada más ni nada menos que la realidad. Esto también explica por qué, a pesar de la marcada obstinación, no han podido hallar indicio alguno de la relación lineal entre estas dos variables. Lo que no puede explicar es que con un inusitado descaro y sin remordimientos no se cansan de repetir esta cancioncita como disco rayado.

Por otro lado una vez extraídas estas dos variables (lo cual de por sí es un mal procedimiento) las relacionaron arbitrariamente trazando una flecha con sentido único desde “fumar tabaco” a “cáncer de pulmón” obviando la posibilidad inversa, es decir, que la flecha esté orientada en sentido contrario y sea justamente una posible condición de cáncer potencial o en estado embrionario lo que determine que un sujeto consuma tabaco por el efecto balsámico y de eventual sanación.

El Dr. Whitby dice al respecto:

¿Cuál es la causa contra el tabaco? La respuesta, parece ser, nada – al margen de una presunta relación estadística, si vamos a darle algún crédito a las estadísticas. Ya hemos visto lo poco confiable que son las estadísticas. La relación [entre fumar y el cáncer de pulmón] en la mayoría de los casos suele ser sólo aparente debido a que muchos enfermos de cáncer, así como la mayoría de las personas con afecciones en el pecho, fuman para aliviar la tos. Culpar al fumar por el cáncer es poner el carro delante del caballo.

Sir Ronald Fisher escribió: “La supuesta consecuencia (el cáncer de pulmón) es en realidad la causa, es decir, lo que lleva al sujeto a fumar. Un cáncer incipiente o una condición precancerosa con una inflamación crónica es el factor que induce a fumar cigarrillos”.

Los activistas [contra el tabaco] quieren hacernos creer que uno de cada dos fumadores mueren a causa del tabaco. Pero el Royal College of Physicians, la entidad que más pánico a generado en torno a este asunto, admite en su último reporte que “sólo una minoría de los más empedernidos fumadores desarrollan cáncer de pulmón” y que “muchos lo desarrollan en parte por una anomalía genética”. El reporte admite que el cáncer de pulmón es más frecuente en familias cuyos padres padecen esta enfermedad. También dice que “la mayoría de los fumadores no sufren ningún deterioro de la salud o el acortamiento de la vida como consecuencia del consumo de tabaco”.

(Fuente: Smoking is good for you p.83)

Como se puede deducir fácilmente de los párrafos anteriores hay mucho por entender todavía, así que considerando el estado de ignorancia o desconocimiento en el que se encuentra aún la ciencia, ésta debería ser cauta y explorar todas las posibilidades en vez de elegir según convenga una visión particular. Pero lamentablemente está bien claro que esto, dado el actual estado de corrupción y “descomposición” en el que se encuentra la ciencia, es por el momento imposible que ocurra. Hoy día la ciencia se comporta como una prostituta que vende su cuerpo por el verde billete. Los principales recursos científicos están atrapados dentro de una dinámica clientelista donde los grupos de poder, según sus necesidades, solicitan un determinado “producto” y la ciencia, que actúa como proveedora, manipula el procedimiento científico para obtener los resultados deseados (véase el caso del Calentamiento Global por ejemplo).

Un crimen en busca de un chivo expiatorio

Hace muchos años, en mi adolescencia, tuve en mis manos una obra de teatro de Luigi Pirandello titulada “Seis personajes en busca de autor“. Es curioso, finalmente nunca leí la obra, pero el título me impactó de tal modo que al día de hoy retorna cada cierto tiempo a mi mente. Lo primero que sentí en aquel momento al leerlo fue que algo estaba dado vuelta. Normalmente el autor es el que busca a los personajes para encarnar una historia y un mensaje. Sin embargo aquí parecía que los personajes existían a priori y que estaban buscando un autor que los traiga a la vida, que los manifieste de algún modo.

Una sensación similar me invade en la actualidad cuando veo a la ortodoxia científica operar. Sorprendentemente en vez de observarse al científico en busca de enunciados que encarnen la Verdad o los hechos objetivos, se observa a unos muy convenientes enunciados en busca de un científico que les traiga a la “vida”, que los convierta en una Verdad o en un hecho objetivo.

Este punto de partida invertido produce un enorme agujero negro en el centro mismo de la escena científica. Todo aquello que se acerque lo suficiente queda atrapado y eventualmente será absorbido y desintegrado. Casi le diría que para practicar buena ciencia no queda más remedio que permanecer marginal, lejos de este centro gravitacional.

Esta dinámica contranatura deja a la Verdad sepultada bajo una montaña de basura pseudocientífica que en general es creída y aceptada casi dogmáticamente por el hombre común. Esto ha ocurrido sistemáticamente durante buena parte del siglo XX y tiende a empeorar en este siglo.

Este proceder obsecuente con los clientes de la ciencia – en líneas generales pequeños grupos poderosos que pugnan por mantener el control sobre la humanidad – empalidece la labor científica y obstaculiza el desarrollo positivo del conocimiento. Esta “imitación de ciencia” a dado a luz estafas como la de los lípidos, el colesterol, el calentamiento global, la leche, y el tabaco (no se haga ilusiones, estos son sólo algunos, ¡hay muchos más!). Y es justamente sobre la estafa del tabaco que nos explayaremos un poco más aquí.

La increible y triste historia de la Nicotiana tabacum y su perseguidores desalmados
[NdE: alusión a la obra de Gabriel García Marquez “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada“]

Empecemos por hacer un poco de historia. Tomaremos como base la travesía del tabaco en Europa, América, y también en Asia a partir del siglo XV que fue cuando los conquistadores españoles hicieron contacto por primera vez con la planta. Por motivos de falta de información suficiente obviaremos miles de años de historia de consumo de esta hierba por parte de los nativos americanos aunque los estudios arqueológicos estiman que los primeros cultivos de la planta datan del 3000 al 5000 AC.

Cosecha de tabaco.

Según las crónicas oficiales el tabaco ingresa a Europa de la mano de Rodrigo de Jerez, compañero de Cristóbal Colón. Fueron los nativos americanos quienes le enseñaron la hierba y su uso al conquistador. Al llegar a España Rodrigo de Jerez fue encarcelado por la “Santa” Inquisición pues afirmaban que “solo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca”. Podríamos suponer que esta fue la primera medida irracional en relación al tabaco. Pero no desespere, hay muchas más.

Más allá de este ridículo exabrupto de la Iglesia Católica el hábito se puso de moda y en el siglo XVI fumar se había difundido por todas las clases sociales, distinguiéndose la pipa entre las clases más elevadas y el rollo de hojas como precursor del cigarro puro entre las más populares. Y fue en este siglo también que se empezó a cultivar el tabaco en Europa. Al parecer los primeros en hacerlo fueron los frailes en sus huertas cerradas. Luego fue creciendo en popularidad. Existe un consenso respecto a que la popularidad del tabaco en Europa se debió a que el embajador francés Jean Nicot recomendó el uso de la planta a la Reina Catalina de Médicis quien sufría de horribles migrañas. La Reina siguió sus instrucciones y “milagrosamente” se curó. Según se dice a partir de ese momento la popularidad del tabaco en Europa creció enormemente.

Fueron las incursiones inglesas en América del Norte las que dieron finalmente con el descubrimiento de lo que hoy es conocido como el Estado de Virginia. El cultivo y posterior traslado del tabaco – cuyo nombre procede de esta región – rápidamente se extendió a la Inglaterra Isabelina primero, y luego, durante el transcurso de los siglos XVI, XVII y XVIII, alrededor del mundo llegando a Asia, África y Oceanía.

Conforme el consumo de tabaco crecía se empezó a gestar también la crónica de su impopularidad. Claro que esta impopularidad siempre estuvo circunscrita a un grupo reducido de personas en posición de poder – en la mayoría de los casos este poder provenía de la Iglesia o de una ventajosa posición política – con una extraña antipatía hacia la popular planta.

Repasando una breve crónica de los vetos al tabaco podemos extraer algunos datos verdaderamente significativos.

De los 17 vetos y/o prohibiciones registradas hasta el año 1693, 4 de ellas fueron impuestas por el poder religioso, 6 por el poder imperial de un monarca o un emperador, y 7 por pseudo-legislación o decretos gubernamentales. Lo curioso de todo esto es que en la mayoría de los casos no está nada claro el por qué de estas prohibiciones. Considerando que no existía una ciencia médica lo suficientemente formalizada y uniforme, ni tampoco existían los recursos ni los métodos científicos adecuados, podemos suponer con altísima certeza que las razones no fueron científicas, es decir, que nadie había probado una relación de causa y efecto entre fumar tabaco y algún tipo de afección. Así que de este modo empezó a delinearse la historia del encono contra el tabaco. Porque realmente fue enojo, odio, y rechazo apasionado nacido de los criterios personales de un puñado de sujetos, lo que llevó adelante esta extraña persecución.

Lo que resulta también interesante es que durante los siglos XVIII y XIX “los vetos y prohibiciones por fumar se volvieron esporádicas […]. El comercio del tabaco se convirtió en una importante fuente de ingresos para monarcas y líderes y todos los vetos al tabaco fueron revocados. Incluso el Papa no quiso quedar fuera y abrió una fábrica de tabaco en 1779” (extraído de ¡Vamos todos a encenderlo!). Así que parece ser que sus convicciones no fueron tan profundas como algunos pudieron haber creído.

Pero esta historia se pone más interesante aún en los albores del siglo XX cuando se empieza a gestar la moderna campaña anti-tabaco.

Una exquisita pieza de erudición…

Tomemos como referencia uno de las fuentes más difundidas y que más ha sido utilizada como caballito de batalla por los militantes modernos contra el tabaquismo. En 1999 el profesor Robert N. Proctor publicó un libro titulado “The Nazi War on Cancer” (algo así como “La Guerra de los Nazis contra el Cáncer“, puede leer un buen extracto aquí) en el cual, aunque se muestra crítico con el régimen Nazi, se deshace en elogios a lo que fue la primera campaña formal contra el tabaco – la campaña iniciada por Hitler en los años 30s – y adorna con floridas loas de admiración el trabajo de los científicos alemanes calificándolo como una (copio literal) “exquisita pieza de erudición”.

En el volumen hace una recorrida por los más conocidos intentos por establecer una conexión entre fumar tabaco y el cáncer u otras enfermedades. Es así que menciona al botánico John Hill en la Inglaterra de 1761 quien simplemente denunció que “un inmoderado uso de tabaco” podría causar cáncer de nariz. Sigue en 1795 Samuel T. von Soemmerring quien también advierte que los fumadores de pipa eran excesivamente propensos a desarrollar cáncer de labio. En 1858 Etienne Frederic Bouisson registró que 63 de 68 pacientes quienes sufrieron cáncer de boca eran fumadores de pipa. El libro abunda en referencias como estas, sólo menciones y descripciones cortas sin detalles de cómo es que estos singulares sujetos llegaban a sus conclusiones. En todo momento Proctor considera un hecho científico comprobado sin espacio a la más mínimo duda que el fumar tabaco produce cáncer. Esto explica por qué no se ocupa demasiado de explicar los pormenores de los estudios (eso en el caso de que realmente haya habido alguno serio); para él se trata de una obviedad y sería redundante y aburrido dedicar tinta, hojas, y tiempo a explicar algo que no puede (o debe) ponerse en duda.

La cuestión es que saltando alegremente de una referencia a otra llega a 1912 cuando Isaac Adler “notó que aunque los tumores malignos en el pulmón fueron entre las formas más raras de cáncer, la enfermedad parecía mostrar un decidido incremento”. Según Proctor este aumento fue corroborado en 1923 por la Reunión Anual de la Asociación de Patología Alemana, pero no había consenso sobre cuál era la causa. Se consideró en aquel momento como posibles causas a la polución del aire, los efectos retardados de la epidemia de gripe de 1919, el incremento en el uso de rayos-x, el aumento de la mezcla entre razas, y la exposición a gases venenosos de la Primera Guerra Mundial.

Aún así fue el mismo Adler quien en 1912 sugirió la posibilidad de que el cáncer de pulmón podría ser a causa del tabaco, aunque Proctor aclara que el primer análisis cuantitativo data de 1929 cuando Fritz Lickint – un médico de Dresden y ardiente oponente del tabaco – mostró que las víctimas de cáncer de pulmón fueron muy probablemente fumadores.

Permítame notar aquí dos cosas. Primero, nada sabemos sobre cómo este médico llegó a esta aseveración que más que una conclusión científica parece el discurso de un político, pues sus sentencias impactan emocionalmente pero están ausente de contenido. En el mejor de los casos no pasa de ser una simple y vulgar hipótesis (osea algo que aún debe probarse) disfrazada de hecho consumado (algo que se supone que ya está probado).

Mi segunda observación es más bien una pregunta para el lector ¿no le parece que alguien que es un “ardiente oponente del tabaco” no es un buen exponente científico a la hora de investigar sobre si el tabaco es culpable de algo? ¿no se corre el grave riesgo de que su interés particular en el asunto lo conduzca indefectiblemente a condenar el tabaco sea cual sea la verdad objetiva? ¿no constituye un enorme sesgo el comenzar una investigación con un fuerte prejuicio? No se que le parece a usted, pero no puedo evitar sentir que el “análisis cuantitativo” de este hombre no es digno de confianza.

Finalmente en el año 1939 en Alemania aparece Franz Hermann Müller con “la joya”, el estudio vedette de todos los estudios jamás hechos, lo que Proctor llamó una “exquisita pieza de erudición”: el primer estudio epidemiológico mundial de caso-control sobre la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón. Pero antes de dedicarnos a analizar este trabajo vamos a tomarnos unos renglones para poner en contexto este evento.

Müller aparece con este estudio en el momento de máximo esplendor del nazismo. Ya Hitler se había presentado a sí mismo como un acérrimo enemigo del tabaco en todas sus formas y durante su gobierno varios vetos y prohibiciones se habían llevado a cabo en relación al consumo de esta hierba. Se dice que el Fuhrer sentía una profunda aversión por el hábito de fumar y que no permitía fumar a nadie en su presencia aunque algunos de sus más cercanos, como Eva Braun, Martin Bormann y Hermann Göring, eran fumadores.

Hay algo de controversia respecto a si Hitler alguna vez fumó o no. Al parecer viviendo en Viena durante su juventud sí fue un gran fumador. Luego, aunque no he podido rastrear exactamente cuando (se cuenta que dejó de fumar porque se dio cuenta de que era un despilfarro de dinero), se transformó en un activo y apasionado combatiente contra el tabaco. Toda su narrativa al respecto hablaba de que le molestaba mucho el humo, de que era perjudicial para la salud y acortaba la vida, de que debilitaba al organismo, y cosas por el estilo. Por cierto todo esto han de haber sido suposiciones de él o lo tomó de algún otro detractor, porque hasta aquel momento no había ningún informe destacado vinculando el cáncer o alguna afección y el tabaco

Aunque es posible encontrar a diestra y siniestra gente afirmando cosas como que “Hitler no era tan malo, al fin y al cabo combatió el consumo de tabaco” (sí, créalo, hay gente por ahí diciendo cosas como estas), o posiciones más sutiles como la de Proctor y otros que con aires de objetividad dicen “es sorprendente que un hombre que a hecho cosas tan malas al mismo tiempo haya hecho un aporte tan grande al mundo y a la salud mundial sembrando conciencia sobre el flagelo del tabaco y sentando las bases de la moderna lucha contra este veneno” (este texto no es una cita textual, sólo representa en forma figurativa una postura frente a este asunto). No estoy convencido de que el asunto sea tan simple.

Al referirnos a Hitler estamos hablando de un hombre que “transmutó sentimientos de inferioridad y [una vida de] frustraciones, en superioridad y en odios frenéticos extendidos a grupos enteros” (Fuente: Merle y Saussure – “Psicoanálisis de Hitler). Hitler evidentemente era un sujeto con una mente profundamente perturbada e incapaz de comprender objetivamente la realidad. Probablemente producto de ciertas limitaciones cognitivas y carente de las habilidades psicológicas habituales de una mente sana, desarrolló una visión patológica del mundo y la realidad, alimentando fantasías paranoides de todo tipo y color.

Según cuentan Merle y Saussure en “Psicoanálisis de Hitler” sobre su infancia:

Adolfo, a los diez años, debía traer cada noche de una taberna “que hedía a tabaco” a un padre embrutecido por el alcohol, y que, por otra parte, lo castigaba frenéticamente con una brutalidad sádica. Tal es, en resumen, el paisaje de esa infancia miserable.

La madre de Adolfo Hitler era joven, indulgente. Él era su hijo preferido y ella tomaba siempre partido a favor de él. Adolfo, por su parte, le era profundamente adicto, y se comprenden perfectamente los sentimientos de odio y repulsión que experimentaba por un padre brutal, alcohólico, que se conducía para con la madre del modo que hemos descrito. Hitler confesó más tarde a Frank [NdA: Frank fue el abogado de Hitler durante muchos años y prisionero en Nüremberg escribió un manuscrito de mil páginas sobre Hitler con datos extremadamente valiosos sobre su vida privada; sobre estos datos hicieron su estudio Merle y Saussure] que cuando iba a buscar a su padre a la taberna, vivía cada vez “la vergüenza más horrible de su vida”, y que “el alcohol, por culpa de su padre, llegó a ser el más grande enemigo de su juventud”. Pudo añadir también el tabaco; y, si hubiera sido más lúcido, explicar que la repulsión que le inspiraba su padre se extendía a todas las costumbres paternales. Es notable que Hitler, más tarde, no sólo no fumó jamás [NdA: este dato es controvertido, ya hemos hablado al respecto], lo que podía explicarse normalmente por el hecho de que no le gustara, sino que además prohibía que se fumara en su presencia: conducta social intolerante que revela el origen emotivo profundo de su repugnancia por el tabaco.

(Fuente: Merle y Saussure – “Psicoanálisis de Hitler – p.10)

Como puede apreciarse en el excelente trabajo de estos dos autores existe una explicación más plausible para la aversión de Hitler hacia el tabaco. Es muy posible que el odio visceral hacia su padre lo haya llevado, consecuencia de procesos mentales anómalos, a desarrollar un rechazo patológico hacia el tabaco. Y como bien lo expone Andrzej Lobaczewski en “Ponerología Política”, un sujeto patológico hace lo imposible por imponer su visión de la realidad al mundo:

Muchas personas con diferentes trastornos hereditarios y defectos adquiridos desarrollan un egotismo patológico. Imponer su modo de pensar en su entorno, en grupos sociales o incluso, si es posible, en naciones enteras, se convierte en una necesidad interna, un concepto imperante. Un juego que una persona normal no tomaría en serio puede transformarse en una meta de por vida para estos individuos egotistas, y constituir así el objetivo de esfuerzos, sacrificios una estrategia psicológica para engañar a los demás.

(Fuente: Ponerología Política – Andrzej Lobaczewski)

© Campaña anti-tabaco Nazi – Reine Lutt (1941)
La cadena del fumador: “Tú no lo fumas, él te fuma a tí”

Entonces es muy probable que sus ansias anti-tabaco, su activa política en contra de fumar, y su discurso a favor de “los hábitos saludables”, fueran parte de una narrativa interna creada para justificar paralógicamente un descontrolado y patológico odio a aquello que de algún modo le recordaba a su padre, o quizá sólo intentaba enmascarar su deseo de venganza contra lo que en sus fantasías podrían ser los responsables de una infancia y una juventud llena de frustración y fracaso.

En este contexto aparece Müller y su famoso estudio. Sin duda muy conveniente para justificar una batalla irracional y antojadiza contra el tabaco. Pero veamos un poco de que se trató este tan admirado estudio.

Empecemos por decir que lo que Müller hizo fue enviar un cuestionario a parientes de sujetos que habían sido víctimas de cáncer de pulmón. El cuestionario tenía las siguientes cuatro preguntas:

1- ¿Fue el difunto Sr. ______ un fumador? Si así fue, ¿cuál fue su consumo diario de cigarros, cigarrillos, o pipa de tabaco? Por favor sea numéricamente preciso en sus respuestas.

2- ¿El difunto fumó en algún punto de su vida y luego dejó de hacerlo? ¿Hasta cuando fumó? Si fumó, ¿cuál fue su consumo diario de cigarros, cigarrillos, o pipa de tabaco? (Por favor sea preciso).

3- ¿El difunto alguna vez disminuyó en su hábito de fumar? ¿Qué tan alto era el uso diario de productos de tabaco, antes y después de la disminución? (Por favor sea preciso).

4- ¿Puede decir si el difunto alguna vez estuvo expuesto a la polución del aire por algún tiempo prolongado en el trabajo o fuera de él? ¿Estaba este aire contaminado con humo, hollín, polvo, alquitrán, gases de escape de motor, polvo de carbón o metálico, productos químicos industriales, humo de cigarrillos, o algún producto de este tipo?

(Fuente: The Nazi War on Smoking – Lauren A. Colby)

Hay unas cuantas cosas para decir en relación a este estudio. Empecemos por decir que en un estudio de esta naturaleza la selección de la muestra es esencial para que los resultados tengan un nivel aceptable de certeza. Siendo un estudio de casos-control se deben seleccionar dos muestras, una la de los casos (fallecidos diagnosticados con cáncer de pulmón), y otra de control (personas sanas según los criterios de Müller). En este estudio no hay ninguna pista ni indicación respecto a cómo Müller seleccionó ambas muestras (las víctimas del cáncer y el grupo de control). Esta ausencia de información crea un manto de dudas razonables respecto a su trabajo. El estudio de Müller no aclara cuántos cuestionarios fueron enviados aunque aclara que recibió 96 respuestas (86 masculinas y 10 femeninas). Puesto que no revela la cantidad de cuestionarios enviados, hay un fuerte factor de incertidumbre aquí respecto al proceso de selección de cuestionarios respondidos dejando abierta la duda a cuál fue su criterio para aprobarlos o desecharlos. Si lo hubiera deseado podría haber manipulado las muestras para obtener los resultados deseados. Y dado que Müller era miembro del partido nazi y Hitler sentía aversión por el tabaco, hay que considerar que es muy posible que alguna “fuerza” consciente o inconsciente haya influenciado sus criterios de selección. Al no revelar esta información, Müller alimenta las sospechas de que los datos fueron manipulados.

Loren A. Colby comenta al respecto:

[…] Müller compara manzanas con naranjas. Él compara la recolección a través de parientes de fallecidos de cáncer de pulmón de datos concernientes a los hábitos de consumo de tabaco del difunto, con la recolección de datos de hábitos similares de gente viva. Esto es inaceptable. Siempre que un sobreviviente de una persona muerta es interrogado acerca de los hábitos de consumo de tabaco del difunto, ellos exagerarán esos datos. En la Alemania de los años 30s, como en EE.UU. hoy, una virulenta campaña estaba en marcha, culpando a fumar por el cáncer de pulmón y casi todas las otras enfermedades conocidas por el hombre. Así, cuando la viuda de Hermann [NdA: un personaje imaginario] fue interrogada sobre cuánto fumaba su marido, su tendencia natural fue a visualizar a Hermann con un mortal cigarrillo en su boca y responder “¡El fumaba muchísimo!”.

(Fuente: The Nazi War on Smoking – Lauren A. Colby)

Más adelante agrega sobre el mismo tema:

Un sesgo inverso existió para el grupo saludable de control. La propaganda del Ministro Goebbels había estado saturando la prensa Alemana con advertencias y artículos, sugiriendo que el hábito de fumar era casi tan malo como los Judíos. Así que cuando a la gente viva se la interrogó acerca de sus hábitos como fumadores, una fuerte tendencia existió para minimizar la cantidad que consumían. Simple complacencia con lo que debería ser un “buen alemán” – como su líder Adolf Hitler que dictaba no fumar, o al menos, no fumar demasiado – y los alemanes de aquel momento eran muy complacientes.

(Fuente: The Nazi War on Smoking – Lauren A. Colby)

Comenta Colby finalmente no sin cierto tenor hilarante: “Mientras que Proctor puede haber considerado que esto es una ‘exquisita pieza de erudición’, yo disiento. Para mí, esto es ‘una pieza de estupidez’ “. Y debo decir que coincido con Cosby, este trabajo ha sido muy convenientemente sobrevalorado.

Hay dos puntos esenciales a la hora de darle un valor acertado a este estudio. El primero de ellos se deriva de una cuestión general: las enormes limitaciones en cuanto a exactitud brindada por los estudios epidemiológicos de esta naturaleza. En estudios como estos nada es medido con exactitud, empezando por el hecho de que las unidades de medida no son bien definidas.

Presten atención a los comentarios de este bloguista:

[…] Tome el ejemplo de la unidad “cigarrillo”, de acuerdo al cual algunas personas fuman 10 o 20 al día. ¿Cuál es el cigarrillo estándar mantenido en condiciones controladas en las bóvedas de algún laboratorio del gobierno en Francia o Suiza? [NdA: el autor de este texto hace alusión al metro patrón]. La respuesta es que no existe tal cosa. Un cigarrillo es cualquier cosa que luzca como un cigarrillo. Puede ser extra largo, con o sin filtro, o enrollado a mano, y puede haber una gran variedad de tabacos con diversas intensidad. En un estimado mío tiempo atrás, pensaba que dos o tres de mis finos cigarrillos armados a mano podía equiparar a un extra largo de los fabricados. Así que estamos lidiando con una “unidad-cigarrillo” la cual puede variar en tamaños en un factor de 3 al menos, y muy posiblemente más. Esto equivale a tener una conjunto de reglas en donde las pulgadas utilizadas para medir algo son tres veces más grandes que las usadas para medir otra cosa.

(Fuente: The CATCH Debate Recalled – El Blog de Frank Davis)

Piense en el cuestionario de Müller. ¿Le parece a usted que las respuestas puedan ser precisas o dar una idea real del consumo? Sigamos un poco más con los interesantes comentarios de este bloguista:

¿Y que significa “fumar” un cigarrillo? Esto puede abarcar todo tipo de formas de fumar, desde sentarse con un cigarrillo encendido descansando en un cenicero o entre los dedos […], a algo que es inhalado hacia los pulmones dando bocanadas profundas, perdiéndose en el aire apenas unos microgramos del humo del cigarrillo. Y entre estos dos hay todo tipo de diferentes formas de fumar un cigarrillo las que abarcan desde inhalar todo el humo del cigarrillo, a inhalarlo mezclado con aire […]. De este modo “fumar” un cigarrillo puede incluir desde inhalar la misma cantidad de humo que un “fumador pasivo” a inhalar diez o cien veces más.

(Fuente: The CATCH Debate Recalled – El Blog de Frank Davis)

¿Interesante no? ¿Qué nivel de confianza puede ofrecernos un estudio como el realizado por Müller? Es más, ¿que nivel de confianza puede tener cualquiera de los estudios que le siguieron, los que esencialmente fueron muy similares (Eberhard Schairer y Ernst Schöniger en 1943, Richard Doll y A. Bradford Hill en 1950 por ejemplo)?

Retomando con el segundo punto en relación a darle el valor que le corresponde al estudio de Müller, aquí quería señalar un asunto que es de carácter individual respecto a este estudio en particular. El cuestionario es difuso y pretencioso. Veamos como nos lo explica el mismo bloguista citado en párrafos anteriores:

[…] No tengo idea de cuántos cigarrillos fume ayer, o la semana pasada, o el último año – debido a que no llevo la cuenta de ello. Lo mismo para el número de cervezas que bebo, libros que leo, o paquetes de nueces que como. Si me Interrogan en esta línea de preguntas esto no va a producir cualquier tipo de cifras exactas. Y preguntándole a alguien más sobre mis hábitos tampoco va a producir ningún valor exacto. No hay posibilidad de que alguien sea “numéricamente preciso”.

(Fuente: The CATCH Debate Recalled – El Blog de Frank Davis)

Si sumamos a esto todo lo señalado anteriormente tenemos como resultado que, tanto este estudio como otros análogos, aportan prácticamente nada de información científicamente útil ni relevante.

No está de más recordar que si viviéramos en un mundo fantástico y por un extraño avatar del destino estos estudios tuvieran algún valor, lo único que hubieran logrado demostrar es que hay una correlación entre el tabaco y el cáncer de pulmón. Nada pueden afirmar sobre una relación causal, aunque como “agentes representantes” de la mala práctica científica desde el primer momento han concluido sin más datos que los expuestos hasta ahora, que el tabaco es la principal causa de muerte por cáncer de pulmón.

Una hipótesis alternativa

Volvamos al Profesor Proctor un poco más. Observe la siguiente gráfica adjuntada por Proctor en su artículo “Tobacco and the global lung cancer epidemic” (“El tabaco y la epidemia global de cáncer de pulmón“).

© Proctor
Tobacco and the global lung cancer epidemic

Parece evidente la correlación ¿no? Aumenta el consumo de tabaco y aumenta el cáncer de pulmón. Ahora veamos las gráficas de abajo en la cual sólo hemos hecho una ampliación de estas mismas gráficas.

Mismo período de ambas gráficas y el correlato parece perderse. Si observa bien en la gráfica de arriba (la de consumo de tabaco) el punto en donde parece haber un cambio significativo de la tendencia es poco antes de 1910. Si ahora observa la gráfica de abajo (la de cáncer de pulmón) el punto donde parece surgir un crecimiento desmesurado cambiando la tendencia previa es aproximádamente a mediados de la década del 40.

Ahora bien, usted podría pensar que 35 años después de comenzar el período de aumento significativo del consumo de tabaco podrían aparecer las consecuencias, es decir un aumento significativo del cáncer de pulmón, y en tal caso yo debería decirle que sí, es posible. Pero ¿acaso es esto probable? Nada fácil de comprobar, claro está, y le aseguro que no hay ningún estudio científico serio que haya sugerido tal cosa, sólo abundan los mismos y repetitivos análisis estadísticos que lo máximo a lo que han podido aspirar es a reforzar una correlación. No existe trabajo en laboratorio que pueda siquiera sugerir un sutil vínculo entre ambas variables.

Y lo más interesante es que existen otras hipótesis más plausibles que explican estas gráficas con un buen soporte científico y pruebas de laboratorio concretas. Exploremos un poco una de ellas.

© Wikipedia
Los tests de armas nucleares atmosféricas prácticamente duplicaron la concentración de C 14 radioactivo en el hemisferio norte.

El 16 de julio de 1945 se llevó a cabo uno de los experimentos más irresponsables y catastróficos hecho por nuestra moderna civilización: el Trinity Test. Esta fue la primera de una serie de detonaciones de dispositivos nucleares. En aquella ocasión como parte del Proyecto Manhattan se detonó en el desierto de Nuevo México una bomba nuclear – bautizada con el nombre de Trinity – que contenía dos semiesferas de plutonio de un peso total de 6.8 kg y una potencia aproximada de 20 kilotones. Sólo citado como dato adicional, 21 días después se soltó una bomba de similares características sobre la ciudad Japonesa de Hiroshima, y 3 días más tarde sobre Nagasaki. Como resultado de ambos eventos entre 115000 y 165000 personas fueron exterminadas en segundos.

El Trinity test fue la primera de cientos de detonaciones de dispositivos nucleares. Sólo entre 1945 y 1996 fueron llevadas a cabo 2050 explosiones nucleares. Vea esta “bonita” tabla de doble entrada para tener el detalle de quiénes lo hicieron y cuándo. En ella puede contabilizar más de 500 pruebas nucleares atmosféricas realizadas hasta el año 2006.

Cada una de estas explosiones ha provocado la dispersión en la atmósfera de material radioactivo con un potencial de daño para la salud muy alto. Este polvo radioactivo nuclear (en inglés Nuclear Fallout) también conocido como Lluvia Negra “es el residuo radioactivo de material lanzado al interior de la atmósfera superior tras una explosión nuclear o una reacción nuclear conducida sin una adecuado apantallamiento o blindaje, llamado [en inglés] fallout debido que que “cae” [NdE: del inglés falls out] del cielo después de que la explosión y la onda expansiva se haya disipado. Comúnmente refiere al polvo radioactivo y a las cenizas creadas cuando un arma nuclear explota, pero dicho polvo radioactivo puede ser también generado por una planta nuclear dañada. Este polvo radioactivo, consistente en material directamente vaporizado por la explosión nuclear o cargado por la exposición, es un especie altamente peligrosa de contaminación radioactiva” (de wikipedia).

Más adelante en el mismo artículo de wikipedia puede leerse:

Después de la detonación en el aire del dispositivo, los productos de la fisión, material nuclear sin fisionar, y los residuos vaporizados del arma por el calor de la bola de fuego, se condensan en una fina suspensión de pequeñas partículas de 10nm a 20µm de diametro. Esas partículas rápidamente se elevan hasta la estratósfera, particularmente si la potencia de la explosión excede los 10 kilotones.

Al principio poco se sabía sobre la dispersión del polvo radioactivo nuclear a escala global. La AEC (Comisión de Energía Atómica de los EE.UU.) asume que este polvillo podría ser dispersado igualmente a través del globo por los vientos atmosféricos y gradualmente asentarse sobre la superficie terrestre después de semanas, meses, e incluso años, por todo el mundo. Productos nucleares que fueron depositados en el hemisferio norte se han vuelto “mucho más peligrosos de lo que ellos originalmente estimaron”.

(Fuente: Nuclear fallout)

Como se puede apreciar (aunque es posible entrever en mucho del material disponible una cierta intención de minimizar la importancia del asunto por parte de los organismos de regulación y cierta camarilla científica), las implicancias de todas estas pruebas nucleares realizadas durante la segunda mitad del siglo XX – especialmente las atmosféricas – son muy graves. El material utilizado en la mayoría de ellas como masa fisionable es el plutonio-239.

Espero no aburrirlo pero permítame hablarle brevemente sobre este elemento químico y sus singulares propiedades. El plutonio es un metal muy raro e inusual en la naturaleza. La mayoría del plutonio utilizado es fabricado por el hombre y se obtiene por absorción neutrónica de uranio-238. El plutonio-239 está sometido constantemente a un proceso natural de descomposición o decaimiento a través del cual libera energía. Esta energía irradiada es llamada radiación. Durante el decaimiento del plutonio-239 se libera tres radiaciones distintas: alfa, beta, y gama. Las partículas alfa pueden atravesar distancias muy cortas; por ejemplo cuando se depositan sobre la piel no pueden atravesar el espesor de la misma. Las partículas beta tienen la capacidad de penetrar un poco más que las alfa de modo tal que pueden ingresar pocos milímetros en un tejido humano. Las partículas gama puede atravesar el cuerpo completo sin mayor inconveniente. El período de decaimiento del plutonio-239 es de 24000 años.

El Dr. Arjun Makhijani del Instituto de Investigación de Energía y Medio Ambiente escribió lo siguiente contrariando quizá los intentos por menospreciar los efectos sobre la salud de la radiación consecuencia de las pruebas nucleares:

La principal propiedad carcinogénica del plutonio-239 surge de la radiación alfa emitida. Las partículas alfa, siendo pesadas, transfieren su energía a otros átomos o moléculas en menos colisiones que los mucho más ligeros electrones los cuales son el medio primario para el daño que producen las radiaciones beta y gama. Las partículas alfa viajan sólo cortas distancias en el tejido vivo, bombardeando repetidamente las células y el tejido cercano. Esto resulta en un mayor daño biológico para la misma cantidad de energía depositada sobre tejido vivo.
[…]
Una vez dentro del cuerpo, el plutonio-239 se deposita en tejidos blandos, en particular sobre el hígado, superficie de los huesos, la médula de los huesos, y otras áreas de los huesos no calcificadas, como también esas áreas que no contienen cartílago.
[…]
Cuando [el plutonio-239] se deposita en el exterior del cuerpo, es menos dañino que las fuentes de radiaciones gama. Puesto que las partículas alfa transfieren su energía en cortas distancias, el plutonio-239 depositado sobre el cuerpo esencialmente transfiere toda su energía a la capa de piel muerta, donde no causa daño biológico.
[…]
El mayor daño para la salud provocado por el plutonio-239 es al inhalarlo, especialmente cuando está en la forma insoluble de óxido de plutonio-239.
[…]
Cuando partículas grandes de plutonio-239 son inhaladas, tienden a quedar atascadas en el vello nasal; esto evita el pasaje a los pulmones. Pequeñas partículas llegan hasta los tubos bronquiales y el interior del pulmón, donde se alojan, irradiando el tejido cercano.

(Fuente: Health Effects of Plutonium– Arjun Makhijani)

Hasta aquí tenemos una pista de cómo es que el plutonio-239 afecta a un organismo vivo. Son las muy pequeñas partículas alfa las que tienen el mayor potencial de daño. Como anteriormente fue señalado, explosiones de más de 10 kilotones pueden generar partículas de hasta 20µm. También, como ya se ha establecido, estas partículas se desplazan grandes distancias para luego descender a la superficie terrestre donde inocentemente pueden ser inhaladas por cualquier ser vivo.

Más adelante en el mismo artículo el Dr. Makhijani agrega:

El efecto sobre la salud de el plutonio ha sido estudiado primariamente a través de experimentos de laboratorio hechos sobre animales. Algunos análisis se han hecho también sobre trabajadores y no trabajadores expuestos a contaminación con plutonio. La medición de la carga de plutonio usando contadores de pulmón o contadores de cuerpo entero, conjuntamente con el seguimiento de los individuos expuestos, ha provisto información que es complementaria a los datos experimentales y los análisis. […]

Experimentos sobre [perros] beagles ha demostrado que una pequeña cantidad de plutonio en la forma insoluble producirá cáncer de pulmón con una probabilidad cercana al 100%. Cuando estos datos son extrapolados a los humanos, se establece que la dosis letal de carga de plutonio en los pulmones es de aproximadamente 27 microgramos. Dicha extrapolación a partir de animales, por supuesto, tiene un grado de incerteza. Sin embargo, es seguro asumir que unas cuantas decenas de microgramos de plutonio-239 en el pulmón incrementaría drásticamente el riesgo de contraer cáncer de pulmón. Más grandes cantidades de plutonio producirán problemas de salud en el corto plazo también.

(Fuente: Health Effects of Plutonium– Arjun Makhijani)

El Dr. Makhijani reconoce también que hay todavía un gran nivel de incerteza en los estudios realizados pues una vez inhalado en su forma insoluble es muy difícil de medir la carga de plutonio-239 en el organismo. A su vez, como hemos señalado al principio de este artículo, los estudios deben hacerse tomando en consideración otras variables o factores que también es posible que tengan algún nivel de influencia sobre los resultados. El Dr. destaca alguno de ellos como el rango amplio de respuesta por parte del organismo humano (dos sujetos distintos pueden tener respuestas muy disímiles a una misma dosis, o la misma dosis puede producir cargas diferentes de plutonio en el organismo), el hábito de fumar tabaco, la incerteza de algunos datos como el tiempo de inhalación, exposición a otras agentes carcinógenos, y otros tantos. Está claro que para el Dr. Makhijani no se puede conducir una investigación seria si no se trabaja con rigurosidad científica y se analizan los múltiples factores involucrados. Esto es justamente lo que no han hecho los científicos ensañados contra el tabaco; no han respetado los más mínimos cánones científicos, y se han lanzado a hacer afirmaciones categóricas sobre el efecto carcinógeno del tabaco sin el más minúsculo indicio serio.

Hasta aquí hemos podido ver que respecto al plutonio-239 sí se ha demostrado en laboratorio que produce cáncer de pulmón y en tasas horrorosamente altas. Recuerde que en cambio sobre el tabaco, después de décadas de estudios e inversiones millonarias por parte de gobiernos y organismos de salud, no han logrado provocar ni siquiera una mínima carraspera en animales de laboratorio. Este no es un dato menor. Debemos ser responsables y aceptar en aras de la buena ciencia que no hay pruebas aún para culpar completamente al plutonio ni a los experimentos nucleares, pero también respetando este compromiso debemos entender que hay infinitamente menos evidencia que señale que el tabaco deba ser el condenado a la silla eléctrica.

Todavía nos resta buscar una explicación racional para el incremento abrupto en la primera década del siglo XX del consumo de tabaco. Como se mencionó en párrafos anteriores el tabaco, para las culturas antiguas y para el hombre civilizado hasta la aparición de la moderna campaña contra esta planta, fue considerada una hierba medicinal de usos múltiples. Hemos expuesto varios indicios de índole científicos que apuntan en este sentido y hasta cierto punto explican el efecto balsámico del uso del tabaco por su función como desinflamante por la activación de los receptores nicotínicos y la acetilcolina, así como también hemos sugerido que falta mucho por investigar al respecto y que es posible que en el humo del tabaco haya otros químicos que resulten igualmente beneficiosos para el organismo humano y que sea la acción sinérgica de todos estos químicos sumado a la genética particular de cada individuo el que determine el efecto final sobre cada organismo vivo.

No son pocos los científicos que han observado y señalado repetidas veces que el consumo de tabaco alivia la tos y otras afecciones de las vías respiratorias. Hay abundante evidencia que permanece marginal por el enorme barullo provocado por las reacciones histéricas de los modernos cruzados y la ciencia cómplice que olvidó su verdadera misión.

Considere por ejemplo lo expuesto en este artículo respecto a la gripe porcina y la acción de la nicotina:

La nicotina tiene un efecto antiinflamatorio a través del nervio vago, el cual es útil contra muchas enfermedades, y quizá pueda bloquear la tormenta de citoquinas provocada por la gripe porcina H1N1.

La nicotina estimula la vía colinérgica antiinflamatoria. Al final de esta vía están las células inmunes que producen citoquinas antiinflamatorias que bloquean la inflamación. Así, la nicotina, aunque es uno de los químicos más adictivos, puede tener un efecto benéfico sobre enfermedades inflamatoria como la artritis, el asma, cáncer, enfermedades inflamatorias de los intestinos, y quizá H1N1.

(Fuente: http://forum.prisonplanet.com/index.php?topic=126834.0)

Como puede observarse este artículo sigue la misma línea que otros tantos similares citados párrafos arriba: no pueden evitar hacer referencia a las más que obvias propiedades benéficas de la nicotina, pero por miedo, inercia, ignorancia, o simple adhesión a los dogmas de la ciencia mainstream, luego de semejante atrevimiento, arrancan con toda la retórica típica de los detractores del tabaco. El hecho concreto e innegable es que no puede discutirse el efecto antiinflamatorio consecuencia del consumo de tabaco. Respecto a la adicción a la nicotina mencionada en la cita téngala presente, pronto hablaremos de ella.

Volviendo a la gráfica que muestra un aumento pronunciado del consumo de tabaco en la primera década del siglo XX, si encontráramos algún factor o varios factores que hubieran incrementado las afecciones respiratorias – incluso aquellas de menor importancia – sería posible establecer una posible causa para el aumento en las tasas de fumadores. El alivio que producía el consumo de tabaco quizá operó como el resorte que naturalmente impulsó este incremento.

No es un secreto que el problema de “contaminación del aire a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX fue el humo y ceniza producidos por la quema de combustibles fósiles en las plantas estacionarias de energía. La situación empeoró con el creciente uso del automóvil. Con el tiempo, se presentaron episodios importantes de salud pública a causa de la contaminación del aire en ciudades como Londres, Inglaterra y Los Ángeles, en los Estados Unidos (http://www.ingenieroambiental.com/?pagina=1059).

Podemos considerar como una interesante posibilidad el hecho de que en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX la industrialización de las grandes ciudades inició un proceso de sobrecarga del aire que rodeaba a estas urbes con pequeñas partículas, que al acumularse comenzaron paulatinamente a transformarse en un agente agresivo para las vías respiratorias provocando así una variedad de afecciones y molestias.

No hay estudios científicos al respecto (o al menos no he encontrado ninguno) pero esta hipótesis es lo suficientemente válida como para hacer que se reconsidere el puesto de la remendada hipótesis del tabaco de ganador indiscutido solitario en el podio como madre de todos los males humanos.

No veo, no oigo, no hablo…

El activista anti-tabaco seguramente no entenderá este subtítulo. Por lo general los activistas son negacionistas, están diciendo que “no” con la cabeza antes de escuchar cualquier argumento, revisar cualquier evidencia, o analizar un paquete de pruebas. Es tal el compromiso emocional que tienen asumido con su “indiscutible” posición que no están dispuestos a reconsiderar desplazar su perspectiva siquiera unos “milímetros” de su centro de gravedad. El dogma abrazado de este modo tiene un efecto hipnótico, cegador sobre sus adherentes. A tal punto esto es cierto que enfrentados con hechos contundente que ponen en tela de juicio su devoción cuasi religiosa, su psique entra en un estado de shock tal que tienden a deformar su percepción de la realidad hasta retorcerla por completo.

Exploremos algunos de estos hechos “olvidados” que en teoría son imposibles bajo el lente de la hipótesis oficial respecto de los “nefastos” efectos del tabaco sobre la salud.

Vicabamba, una provincia pequeña y oculta de Ecuador, es una de las regiones más longevas del mundo. Allí vivir hasta los 110, 120 y hasta los 140 años de edad es normal. Lo más extraordinario es que los médicos no tiene absolutamente nada que ver con esta proeza. Los habitantes de aquel lugar, bautizado con el nombre de El Valle de la Longevidad, mantienen viva desde tiempos remotos una singular tradición: el chámico.

El chámico es un cigarro elaborado íntegramente por los nativos de aquel lugar. Ellos cultivan el tabaco, lo cosechan, secan las hojas al sol, la pican manualmente a fuerza de machete, y arman los cigarros con papeles de unos 5cm. La planta durante el cultivo no se fumiga ni se usa ningún tipo de químico, es tabaco 100% natural. La gente de esta región fuma casi toda su vida y en abundancia.

Claro que no estoy afirmando alegremente que el tabaco es la fuente de la eterna juventud o una planta milagrosa. Hacerlo sería cometer los mismos “pecados” que la ciencia oficial: sacar de la galera relaciones causales sin suficiente evidencia. La realidad es que muy posiblemente la férrea salud de estos hombres se deba a la combinación de varios factores entre los que probablemente se encuentre el tabaco.

Pero lo visto en Vicabamba no es único en el mundo. El Dr. William T. Whitby cuenta en su libro:

Los Semai de Malasia fuman desde la primera infancia. El Dr. Calwell reporta en The British Medical Journal (26 de febrero de 1977) que en recientes estudios con rayos-x 12000 [sujetos] fueron examinados y ninguno mostró cáncer de pulmón.

(Fuente: Smoking is good for you p.84)

Vea el video. Le advierto que si usted se encuentra bajo el influjo de la corriente oficial respecto al daño del tabaco, el video puede impresionarle un poco.

Otro hecho curioso que ocurrió durante la gran peste que asoló Londres entre los años 1665 y 1666 llega a nosotros gracias al relato de A. J. Bell. Escribió alrededor del año 1700:

Aquellos que se quedaron en Londres hicieron todo lo posible para protegerse de la peste. Ya que nadie sabía su causa, la mayoría se basaba en supersticiones. En 1665 el Colegio de Médicos emitió una directiva que el azufre ‘bien quemado’ estaba recomendado como cura para el aire malo que causaba la peste. Aquellos que trabajaban en la recolección de cuerpos frecuentemente fumaban tabaco para evitar contagiarse de la peste.

Para las desinfecciones personales nada recibía más apoyo que el tabaco; la creencia en el mismo era general, e incluso a los niños les hacían encender un poco en pipas. Thomas Hearnes recuerda a Tom Rogers diciéndole que cuando iba a la escuela en Eton el año que arrasó la gran peste, todos los niños fumaban allí obligatoriamente, y que él nunca fue azotado tanto en su vida como lo estuvo una mañana por no fumar. De allí en adelante era una tradición que todo aquel que tuviera un comercio de tabaco no tendría la peste”

(Fuente: Citado en “Pestilencia, la gran peste, y la cura del tabaco“)

Otra “anomalía” rotundamente ignorada es el singular hallazgo del Dr. William Weiss reportado en Journal of Occupational Medicine de marzo de 1976:

El Dr. William Weiss de Filadelfia, encontró lo que dio por llamar “una llamativa relación inversa entre fumar y la incidencia de cáncer de pulmón” entre los trabajadores sometidos a clorometil metil eter (CMME), un químico común.

Weiss teoriza que los agentes inhibidores de tumores en el humo del cigarrillo pueden neutralizar la carcinogenicidad (habilidad para producir o incitar el cáncer) del químico. Esos agentes, a sabiendas de los científicos que se encuentran en el tabaco, son rara vez mencionados en la vasta literatura anti-tabaco.

Esto pone en evidencia nuevamente la complejidad del cáncer de pulmón, enfatizando el hecho de que los científicos quienes culpan sólo al cigarrillo quizá deban abandonar su oportuna y confortable teoría.

(Fuente: Heavy Smokers – Less Lung Cancer – William Weiss)

Estos son sólo algunos de los tantos indicios que desafían los “slogans” oficiales sobre el efecto destructivo del tabaco. No se pretende en este artículo dar respuestas definitivas al asunto, simplemente estamos tratando de despertar en el lector al menos una duda razonable sobre todo este asunto. Está claro que las simples ecuaciones que la ciencia anti-tabaco clama poseer como si fueran el caldero al final del arcoiris, definitivamente no explican un universo significativo de datos objetivos, que al mantenerlos marginados de sus teorías crean un abismo insalvable entre estas dudosas hipótesis y la Verdad.

Nicotina: el medicamento excomulgado

Así es, la vapuleada nicotina, por sus propiedades, es una sustancia medicinal. El hecho es que ha sido excomulgada rebajándola a la categoría de veneno mortal por el antojo maquiavélico de un puñado de hombres que se benefician por su condena, apoyados por un ejército de seguidores necios – en el mejor de los casos – que operan como los agentes de campo en una persecución con fuertes reminiscencias a Inquisición.

Pero la ciencia, incluso aquella ciencia que condena al cadalso al desamparado tabaco, sabe con certeza que la nicotina, como hemos señalado en párrafos anteriores tienen fantásticas propiedades. Quienes la culpan han montado su caso contra ella gritando con fervor y enojo hacia los cuatro vientos que la nicotina genera adicción. Pues bien, hablemos un poco acerca de este tema.

Empecemos por decir que si usted busca en Internet información sobre la nicotina y la adicción a esta sustancia va a encontrar millones de páginas repitiendo como loritos que la nicotina mata y es adictiva. Claro que puede matar, como casi cualquier sustancia que se consuma en dosis fuera de los rangos tolerables. La ingesta de 1g de cafeína, por ejemplo, tendría consecuencias fatales. No por eso usted deja de tomar café o té. Pero la saña contra la nicotina lo puede todo, así que los perseguidores repetirán hasta el cansancio – y posiblemente nunca se cansen – que la nicotina mata y es adictiva.

Respecto a la adicción, aunque parezca que ésta es un hecho consumado, permítame mostrarle cómo la ciencia realmente no sabe en absoluto si la nicotina es adictiva o no. De hecho hay serios indicios apuntando a que no lo es. Al final de un breve artículo publicado en News Medical puede leerse:

Técnicamente, la nicotina no es significativamente adictiva; como nicotina administrada sola no produce un significativo efecto de refuerzo. Sin embargo, sólo después de la co-administración con IMAO [NdE: inhibidores de monoamino-oxidasa], los cuales se encuentran en el tabaco, la nicotina produce una sensibilización conductual significativa, lo que constituye una medida de potencial adicción.

(Fuente: News Medical – Nicotine Effects)

Bueno, parece ser que no hay tanto consenso como quieren hacernos pensar. Investigando un poco más me encuentro con una carta del Profesor Robert Molimard, pionero francés en la investigación sobre el tabaco, dirigida a la French High Health Authority (HSA) que dice lo siguiente:

Ove Ferno, un químico sueco de la empresa LEO, relató en una entrevista la aventura del desarrollo del parche de nicotina, desde 1967 hasta la patente en 1978. Basado en la auto-observación, se convenció de que la nicotina era el factor de la dependencia del tabaco. A pesar de que el equipo de Russell en Londres ya estaba cuestionando esta teoría.

De hecho, la simple observación podría poner en duda suficientemente que la nicotina sola explique la poderosa dependencia del tabaco.

Usualmente, cuando un químico aísla una molécula activa de una planta adictiva, los drogadictos se apoderan de ella rápidamente (morfina a partir del opio, cocaína de la hoja de la planta de coca, tetrahidrocannabinol a partir del cannabis, etc). Hemos conocido a la nicotina por siglos y medio. Ha sido extraída, sintetizada, usada como insecticida, y aún no hemos visto su uso con propósitos adictivos. Durante las guerras, cuando el tabaco fue raro y su disponibilidad limitada, no tuvimos reportes de que la adicción a la nicotina haya generado el consumo de hojas secas, ajenjo, nueces o alguna otra cosa como sustituto del tabaco. Bajo las mismas condiciones, el contrabando o cualquier tipo de tráfico de nicotina no ha sido nunca reportado.

(Fuente: The myth of nicotine addiction – Robert Molimard)

Interesante punta de ovillo para tironear. Veamos. Según Molimard existía un equipo en Londres que parecía poner al menos en cuestión el poder adictivo de la nicotina. Investigando apareció rápidamente un documento de 1977 firmado por Kumar R, Cooke EC, Lader MH, Russell MAH. titulado “Is nicotine important in tobacco smoking?” (algo así como “¿Es la nicotina importante en el hábito de fumar tabaco?”). En el documento Russell y su equipo relatan como L. M. Johnston en un trabajo realizado en 1942 había comprobado que la nicotina era la responsable de la adicción al tabaco:

[…] En 1942 Johnston comentó que cuando al fumador común y corriente le fue dada una inyección hipodérmica de nicotina, casi invariablemente sintió una sensación de placer, y dada una adecuada dosis, desistió de fumar por algún tiempo. El mismo autor también se inyectó a sí mismo repetidamente con nicotina, y comenzó a preferir la inyección a inhalar un cigarrillo. Más adelante experimentó algunos síntomas de abstinencia cuando dejó de administrarse las inyecciones.[…]

(Fuente: Is nicotine important in tobacco smoking?Russell et al.)

Lo interesante de todo esto es que el equipo de Russell diseñó un experimento científicamente más riguroso para confirmar los hallazgos de Johnston, y se encontró con una sorpresa. En el documento lo relata así:

[…] Con el fin de confirmar esos hallazgos y extender la valoración del rol de la nicotina en el hábito de fumar, ideamos un experimento de laboratorio el cual permitiría el continuo y automático registro de la exhalación del humo y también la medición de varios parámetros fisiológicos. Las unidades así medidas fueron de este modo obtenidas a partir del humo exhalado antes que por la cantidad de cigarrillos fumados [NdA: recuerde que hablamos de esto anteriormente; este detalle en el diseño del experimento da un indicio de la seriedad del mismo]. Debido a que la nicotina tiene una vida media relativamente corta, fue posible examinar los efectos de fumar diferentes dosis de nicotina durante una simple sesión. Una de las importantes características del diseño del estudio fue que secretamente reducía la posibilidad de que predominen influencias de hábitos y rituales propios de fumar cigarrillos. [Pero] algo inesperado ocurrió, nuestros resultados no apoyaron la hipótesis de que los fumadores son dependientes de la nicotina y por ende necesitan dosis de ella.

(Fuente: Is nicotine important in tobacco smoking?Russell et al)

Luego el documento explica el diseño del experimento. No tiene sentido copiar todo aquí pero recomendamos su lectura para poder tener una buena idea de la rigurosidad del mismo.

Debo aclararle al lector que el equipo de Russell no hizo este experimento para defender al tabaco ni mucho menos. Su intención primaria era, como parte de la lucha contra el tabaco, validar que el uso de parches de nicotina o de cigarrillos con menos nicotina, podría ser de ayuda para abandonar el hábito de fumar. Sorpresivamente nos encontramos aquí con un increíble caso de ética científica, sinceridad, y respeto por la Verdad. El equipo de Russell debió haberse sentido muy decepcionado al concluir que “la justificación para adoptar dichas medidas [los parches o cigarros con menos nicotina] carecen de sentido puesto que el rol de la nicotina y los mecanismos farmacológicos de refuerzo del hábito de fumar permanecen prácticamente sin explorar“.

Para serle sincero cuando leí el documento de Russell y compañía no pude evitar emocionarme y alimentar por un momento una sentimiento esperanzador; aún hay gente honesta en este mundo patas para arriba, sujetos con entereza dispuestos a mirar los hechos objetivos cara a cara a pesar de que éstos derrumben por completo sus creencias, ideales, o expectativas. A nuestra devaluada humanidad le caería muy bien unas cuantas dosis de personas como estas.

El equipo de Russell tienen una serie de estudios muy interesantes sobre la nicotina que creo que valdría la pena explorar, pero lamentablemente el limitado alcance de este artículo impide que vayamos más allá. Le dejo aquí al lector las referencias por si desea investigar más al respecto:

  • Russell Mah, Wilson C., Feyerabend C., Cole PV.. Effect of nicotine chewing gum on smoking behaviour and as an aid to cigarette withdrawal. Br Med J 1976; ii: 391-393. PubMed
  • Russell Mah, Feyerabend C., Cole PV.. Plasma nicotine levels after cigarette smoking and chewing nicotine gum. Br Med J 1976; i: 1043-1046. PubMed
  • Russell Mah, Sutton Sr, Feyerabend C., Cole Pv, Saloojee Y.. Nicotine chewing gum as a substitute for smoking. Br Med J 1977; i: 1060-1063. PubMed
  • Russell Mah, Raw M., Jarvis MJ.. Clinical use of nicotine chewing gum. Br Med J 1980; 280: 1599-1602. PubMed
  • Raw M., Jarvis Mj, Feyerabend C., Russell Mah. Comparison of nicotine chewing-gum and psychological treatment for dependent smokers. Br Med J 1980; 281: 481-484. PubMed
  • Jarvis Mj, Raw M., Russell Mah, Feyerabend C.. Randomised controlled trial of nicotine chewing-gum. Br Med J 1982; 285: 537-540. PubMed
  • Fee Wm, Stewart MJ.. A controlled trial of nicotine chewing-gum in a smoking withdrawal clinic. Practitioner 1982; 226: 148-151. PubMed
  • Schneider Ng, Jarvik Me, Forsythe Ab, et al. Nicotine gum in smoking cessation A placebo-controlled double-blind trial. Addict Behav 1983; 8: 253-261. CrossRef | PubMed
  • Russell Mah, Merriman R., Stapleton J., Taylor W.. Effect of nicotine chewing gum as an adjunct to general practitioners’ advice against smoking. Br Med J 1983; 287: 1782-1785. PubMed

Si ve los títulos verá que este equipo tenía un especial interés en colaborar con la causa contra el tabaco y arrojar luz sobre el mejor modo de abandonar “el vicio”.

Volviendo a poner a la nicotina en el banquillo de los acusados nos encontramos con Peter Killen, profesor emérito en el College of Liberal Arts and Sciences que al presentar los hallazgos de su investigación al National Institute on Drug Abuse dijo: “[El tabaco] es la causa evitable número uno de muerte en las naciones en desarrollo, […] la mitad de las personas que son fumadores de muchos años morirán de enfermedades relacionados al cigarrillo”. ¿Categórico no? Claramente este hombre se adhiere a la corriente oficial anti-tabaco repitiendo la misma canción que muchos otros. Aún así más adelante dice: “Vengo con un descubrimiento shockeante: no existe tal cosa como la adicción a la nicotina“. ¡Guau! ¿No se lo esperaba no? Mire como sigue: “Los estudios han probado que ninguna de las terapias de reemplazo – parche, goma de mascar, inhaladores – son adictivas. La nicotina no es adictiva. ¿Qué está pasando entonces?” (Fuente: Professor: Nicotine does not cause cigarette addiction). Él mismo contesta la pregunta afirmando que los responsables de la adicción son los inhibidores de monoamino-oxidasa (IMAO) de los que ya hemos hablado. Sería interesante explorar esta hipótesis pero excede por mucho el alcance de este artículo. Nuestra intención fundamental aquí es que el lector tome conciencia de que sentencias incuestionables de la ciencia no son ni tan incuestionables ni tan comprobadas como se esfuerzan en hacernos creer.

Más adelante en el mismo artículo el mismo profesor Killen agrega: “Nadie sabe que la nicotina no es adictiva. Esto afecta negativamente las investigaciones y la opinión pública”. Totalmente cierto. Como todas las demás afirmaciones “indiscutibles” elevadas a la fuerza a categoría de axioma, la mentira – porque afirmar que algo incierto es una verdad indiscutible es mentir – es como una plaga implacable que se extiende rápidamente por toda la sociedad aniquilando nuestras posibilidades colectivas e individuales de evolución y crecimiento. Bloquear el acceso a la Verdad es el arma de destrucción masiva más poderosa.

Finalmente le dejo una reflexión. Cuando se habla de la “adicción al tabaco” hay una intención velada de desprestigiar al tabaco. El término adicción está fuertemente asociado a cosas como la cocaína, la heroína, el LSD, o los juegos de azar; todos ellos factores que tienen un efecto claramente negativo sobre la vida de quienes los padecen. Adicción es para muchos sinónimo de dependencia. ¿Pero puede simplemente decirse que algo es nocivo o perjudicial para un sujeto sólo porque éste depende de su consumo o administración periódica? ¿Acaso un diabético es adicto a la insulina? ¿Acaso un celíaco es adicto a no consumir gluten? Al fin y al cabo su vida depende de ello. ¿Somos adictos al aire porque necesitamos respirarlo para vivir? No se enoje, no pretendo instalar una discusión filosófica sobre qué es la adicción. Simplemente estoy tratando de decir que si una sustancia no hace daño, más aún, si una sustancia es beneficiosa, ¿es importante si quien la consume la necesita? Si una sustancia no produce deterioro cognitivo, ni pérdida de control, ni afecta la capacidad de percibir la realidad tal cual es ¿es justo condenarla por el hecho de que quien la consume la necesita para estar saludable? Piénselo.

Hemos visto a lo largo de este artículo cómo realmente no hay nada que pueda condenar a cadena perpetua al tabaco. Algunos datos circunstanciales con un origen cuando menos dudoso han sido suficiente para que casi el mundo entero lo considere un veneno al que debe erradicarse de la faz de la tierra. Pero hay claros indicios de que la cuestión del tabaco puede ser completamente diferente. No está probado su potencial dañino, no está probada su adicción, y, aunque no hay pruebas concluyentes, existe abundante evidencia de sus efectos benéficos.

Epitafio

No, no equivoqué el término, no confundí “epílogo” con “epitafio”. Lamento decirle al final de este artículo que estas pocas palabras se parecerán más a un epitafio que a un epílogo. Son las palabras dedicadas a un muerto. El difunto en este caso es la ciencia. Y si no murió aún, está agonizando gracias a que una pandilla de delincuentes hace décadas le viene propinando una buena paliza y la ha mandado derecho al hospital.

La realidad es que lo que más duele de todo lo expuesto no son las mentiras sobre el tabaco, sino lo que éstas mentiras significan. Significan que a buena parte de los científicos del mundo no les interesa el conocimiento, no sienten verdadera vocación por hallar las respuestas, no sienten vocación por la Verdad. Y en gran medida la vida de miles de millones personas, desgraciadamente, está en manos de sujetos como estos.

¿Qué ocurre con la humanidad? ¿Qué es lo que pasa que no nos damos cuenta de toda la mentira que nos rodea? ¿Tan débiles somos que no podemos reaccionar? ¿Tan serviles somos que encima los ayudamos en su labor destructiva? ¿Tanto miedo tenemos que no podemos mirar cara a cara los hechos y darnos cuenta de que las explicaciones que nos dan sencillamente no sirven? … ¿Acaso tan dormidos estamos que no podemos darnos cuenta que si no reaccionamos a tiempo somos cómplices en su misión suicida y pereceremos todos juntos?

Fuentes:

  • In Defense of Smokers” – Lauren A. Colby (2000) – http://www.lcolby.com
  • “Smoking is good for you” – William T. Whitby (1978) – http://www.scribd.com/doc/44685607/Smoking-is-Good-for-You-William-T-Whitby
  • Nicotine Pharmacology – News Medicalhttp://www.news-medical.net/health/Nicotine-Pharmacology.aspx
  • Nicotine Effects – News Medicalhttp://www.news-medical.net/health/Nicotine-Effects.aspx
  • Nicotine and Oxidative Stress – News Medicalhttp://www.news-medical.net/health/Nicotine-and-Oxidative-Stress.aspx
  • What is Nicotine? – News Medicalhttp://www.news-medical.net/health/Nicotine-What-is-Nicotine.aspx
  • Is nicotine important in tobacco smoking? – Russell et al. (1977) – http://legacy.library.ucsf.edu/documentStore/j/a/s/jas10j00/Sjas10j00.pdf
  • Hemos creado un pánico que no tiene ni pies ni cabeza – Phillipe Even en megustafumar.org – http://megustafumar.org/mentiras-acerca-del-tabaco/hemos-creado-un-panico-que-no-tiene-ni-pies-ni-cabeza.html
  • Before 1953 (health issues) – sciensecorruption.comhttp://www.sciencecorruption.com/ATN166/01310.html
  • Estudios de Casos y controles – http://escuela.med.puc.cl/Recursos/recepidem/epiAnal5.htm
  • History of nuclear testing http://www.ctbto.org/nuclear-testing/history-of-nuclear-testing/world-overview/
  • Smoking and Carcinoma of the Lunghttp://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2038856/
  • Nuclear Fallout http://en.wikipedia.org/wiki/Nuclear_fallout
  • Project Gutenberg’s Trinityhttp://www.gutenberg.org/files/277/277-h/277-h.htm
  • Comprehensive Nuclear-Test-Ban Treatyhttp://en.wikipedia.org/wiki/Comprehensive_Test_Ban_Treaty
  • Nuclear Weapons Frequently Asked Questionshttp://nuclearweaponarchive.org/Nwfaq/Nfaq0.html
  • The Nazi War on Smoking – Lauren A. Cosby (1999) – http://www.lcolby.com/nazi.html
  • Bogus science at your expense: Professor Robert Molimard discusses ‘manipulation’ http://churchmousec.wordpress.com/2012/06/13/bogus-science-at-your-expense-professor-robert-molimard-discusses-manipulation/
  • Health Effects of Plutonium – Dr. Arjun Makhijani – http://ieer.org/wp/wp-content/uploads/1997/07/no-3.pdf
  • The antd-tobacco campaign of the Nazis: a little known aspect of public health in Germany, 1933-45Documento
  • Psicoanálisis de Hitler – Merle y Saussurehttp://www.fidena.edu.mx/biblioteca/Ciencias-Sociales/Otros/Merle%20y%20Saussure%20-%20Psicoanalisis%20de%20Hitler.pdf
  • Ponerología Política – Andrzej Lobaczewski
  • Tobacco and the global lung cancer epidemic – Robert N. Proctor
  • Heavy Smokers – Less Lung Cancer – William Weiss
  • The myth of nicotine addiction – Robert Molimard
  • Professor: Nicotine does not cause cigarette addiction – statepress.com
  • Fuente:es.sott.net
    Smoking

    Campaña anti-tabaco: siguiendo el rastro de una ciencia corrupta

    Mauricio Santecchia
    Sott.net
    jue, 24 oct 2013 18:00 CDT
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    Recientemente en la televisión estatal Argentina se comenzó a difundir este corto spot publicitario parte de una fuerte campaña global antitabaco en la que el gobierno argentino, como la gran mayoría de los gobiernos del mundo, participa activamente.

    El solo verlo me hizo pensar de inmediato en decir algo al respecto.

    Es verdaderamente extenuante escuchar permanentemente por todos los medios posibles un repetitivo discurso antitabaco, proclamado ad nauseam por gobiernos, medios masivos, organismo de salud, médicos, y en el extremo de esta larga cadena, un ejército de antipáticos periquitos que repiten lo mismo robóticamente sin el más mínimo atisbo de pensar por sí mismos.

    Vea el video con atención. ¿Cuanta información concreta piensa usted que le dieron en este minuto de televisión? Déjeme decírselo: sólo le dieron dos datos estadísticos, … si oyó bien, sólo dos miserables datos. “La mitad de los fumadores mueren a causa del cigarrillo” y “Si fumas vas a vivir al menos 12 años menos que si no fumas“. Estos dos cuestionables datos (ver más adelante para entender por qué son como mínimo cuestionables) son expuestos en los primeros 10 segundos del video. El resto del spot se dedica melodramáticamente a enumerar todo lo que podría hacer usted en 12 años. ¡Claro, un golpe directo al corazón! Una maniobra tan hábil como artera y manipuladora. El espectador está más tiempo pensando en todo lo que se pierde el fumador, que en los escasos datos iniciales. Esto claramente no es informar, es nada más y nada menos que manipular al televidente. En este caso concreto usa la culpa, pero la campaña global se vale de todos los recursos habidos y por haber. El miedo y el estigma social son sus favoritos.

    Pero vamos a tomarnos uno pocos minutos de su tiempo para hablar acerca de esos dos datos, y de los argumentos detrás de la campaña global antitabaco.

    Humo y espejos

    ¿Sabe usted cuál es la base “científica” sobre la que está construida la campaña antitabaco? La base científica es una correlación estadística, nada más. Permítame explicarle.

    Parte de la labor científica es encontrar y corroborar correlaciones entre factores o variables dentro de un sistema. Consideremos por ejemplo la correlación en una población de niños de 6 a 12 años entre las variables “condición económica” y “rendimiento escolar”. Cotejando estas dos variables, sus distintos índices estadísticos y su distribución, y comparando ambas variables es posible establecer una correlación de este tipo (aunque permítame aclararle que esto es sólo un ejemplo): “a mejor condición económica mejor rendimiento”. Una vez establecida esta correlación el trabajo científico no termina, de hecho recién empieza. A continuación, hay que tratar de correlacionar estas variables con el resto de las variables relevantes del sistema, establecer nuevas correlaciones, luego elaborar hipótesis, y eventualmente tratar de descubrir usando métodos científicos las relaciones causales entre las variables, es decir una conclusión del estilo: “el aumento de A produce un aumento de B”, o expresado de otra manera, “el aumento de B es consecuencia del aumento de A”.

    Esta relación causal debe establecerse luego de un riguroso estudio científico y tras haber recopilado suficiente evidencia como para considerar que hay pruebas concretas y objetivas de tal relación. Llegado este punto es aceptable decir que hay una relación causal entre las variables en estudio. Claro que la buena práctica científica debe dejar un espacio para reconsiderar estas conclusiones una vez incorporada nueva información al andamiaje de pruebas sobre el que está soportada la investigación y sus resultados.

    En la primera mitad del siglo pasado un estudio científico encontró una dudosa correlación estadística entre el cáncer de pulmón y el fumar tabaco. Luego de encontrar esta correlación ¿qué imagina usted que pasó? Déjeme decírselo. Nada, absolutamente nada. Hasta el día de hoy no se ha podido producir cáncer de pulmón en laboratorio usando tabaco. No existe un sólo experimento que permita siquiera sospechar de una relación causal entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón o ninguna otra enfermedad, de hecho, y esto seguramente a usted no se lo han dicho, hay sugerentes indicios de que el consumo de tabaco tiene un efecto protector en el organismo especialmente en relación a las enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Pese a los denodados esfuerzos de un ejército importante de “científicos” alrededor del mundo no han logrado acumular ni siquiera un minúsculo indicio concreto que sugiera esta relación. ¿Sabe usted cuál es el único argumento exhibido a la hora de condenar al tabaco? Pues solamente aquellas estadísticas que establecieron esa dudosa correlación entre estos dos factores. Nada más.

    Correlato no implica causalidad

    Ahora déjeme contarle algo sobre las estadísticas. Con las estadísticas es posible “probar” prácticamente cualquier cosa. Claro que si uno no se deja seducir por los bonitos gráficos y recuerda que correlación estadística no significa de ningún modo relación causal, entonces esta consigna se invierte: con las estadísticas no es posible probar absolutamente nada.

    Dice el doctor William T. Whitby:

    Personas inteligentes han llegado a mirar a las estadísticas con sospecha, como algo con lo cual “puedes probar cualquier cosa”. A primera vista varias personas son impresionadas por una imponente tabla de gráficos, pero pronto descubren que éstas son poco útiles para probar algo en concreto. Los mismos estadistas son los primeros en admitir esto. […] Las estadísticas en sí mismas constituyen información útil si son recogidas sin sesgos, sin embargo el gran estadista Profesor Yule una vez dijo: “Tu puedes probar cualquier cosa con ellas”.

    (Fuente: Smoking is good for you – p.45)

    Permítame mostrarle con un ejemplo cuál es el problema cuando se intenta utilizar como factor probatorio sólo a la estadísticas.

    Con el uso de las estadísticas es posible establecer que un aumento en el uso de afeitadoras eléctricas está asociado a un incremento en el cáncer de pulmón. Mire esta gráfica.

    © William Whitby
    Smoking is good for you – pág.47

    De igual modo puede establecerse una relación estadística entre fumar y el aumento en los nacimientos ilegítimos, o una asociación entre el cáncer de pulmón y la importación de autos japoneses.

    © William Whitby
    Smoking is good for you – pág.47

    © William Whitby
    Smoking is good for you – pág.47

    ¿Deberíamos acaso dejar de importar autos japoneses por el simple hecho de observar está gráfica? Pues no. Un razonamiento análogo estamos obligados a poner en práctica en la causa del tabaco. Pero usted encontrará que curiosamente esto no ocurre. Los fanáticos a favor de la causa anti-tabaco, sean estos científicos, políticos, o simples individuos que abrazan la causa con un extraño e inusitado fervor, se han atado al dedo esta cuestionable estadística y han montado una descomunal campaña para erradicar definitivamente el tabaco del mundo. ¿Por qué cree usted que ha ocurrido esto?

    Algunos hechos arrojados bajo la alfombra

    ¿Sabía usted que a principios del siglo XX en Europa una de cada dos personas fumaba tabaco? ¿Sabía acaso que hasta mitad del mismo siglo la incidencia del cáncer de pulmón se mantuvo tan baja que era apenas medible? Imagine el siguiente panorama: el tabaco llegó a Europa en el siglo XV traído desde América donde los nativos lo consumían desde varios siglos atrás sin acusar el más mínimo trastorno. Los nativos no sólo lo utilizaban como un bálsamo sino que le daban un uso medicinal. ¿En qué momento esta maravillosa planta se convirtió en la encarnación vegetal del mismísimo demonio? Esta es una pregunta clave. Considere que durante siglos, mucho antes de que comenzara esta locura conocida como campaña anti-tabaco, en Europa se consideró al tabaco como una planta medicinal con usos múltiples.

    © Desconocido
    Gentlemen’s club

    Ahora, supongamos que usted pudiera viajar a la Inglaterra del siglo XIX y aterriza en Londres en uno de esos sofisticados clubes ingleses para aristócratas en donde había seguramente un buen número de médicos y profesionales de la salud. Usted desciende allí y con una actitud algo señorial nacida en su convencimiento de poseer una gran verdad, les explica a estos sujetos que el tabaco es malo y que todos los que fuman morirán con sus pulmones ennegrecidos y agonizando miserablemente. Las caras de perplejidad de su audiencia, en principio, le parecerán difíciles de entender, puesto que usted imagina que todas estas personas son fumadoras desde hace tiempo y que deben estar sufriendo las consecuencias de este vicio malsano experimentando los síntomas de lo que usted está seguro es una grave intoxicación.

    Entonces repentinamente uno de estos sujetos, alto, robusto, con un bigote prominente, su monóculo puesto, dedos índice y mayor de la mano izquierda descansando en un pequeño bolsillito de su chaleco, y un cigarro encendido a medio consumir, se dirige lentamente hacia usted acompañado por un silencio sepulcral interrumpido sólo por los tacones de sus zapatos impactando contra un lujoso piso de madera y las miradas expectantes del resto de su audiencia. El enorme hombre se coloca frente a usted, lo mira fijamente con el ceño algo fruncido, le arroja una buena bocanada de humo en la cara, y luego, quitándose el guante blanco de su mano izquierda lo abofetea secamente.

    Sí, usted que se veía a sí mismo como un paladín, que estaba convencido de su misión salvadora, acaba de ser desafiado a duelo por ofender la inteligencia de estos hombres. Claro, usted no puede entenderlo, pero la evidencia empírica de aquellos aristócratas les sugiere exactamente todo lo contrario de lo que usted alegremente acaba de exponer en su cruzada quijotesca.

    Por suerte usted astutamente acepta el duelo para el día siguiente y rápidamente hace mutis y vuelve a nuestra época perplejo y algo enojado porque esos hombres salvajes lo han tratado realmente mal pese a sus buenas intenciones.

    ¿Qué ocurrió realmente en aquel lugar (y en aquel tiempo)? ¿Por qué una reacción tan contraria a la esperada? ¿Por qué estos hombres tan instruidos no reconocieron sus lícitas intenciones de abrirles los ojos? Pues déjeme decírselo: todos estos sujetos, al igual que buena parte de la Europa de aquel siglo, gozaban de buena salud en líneas generales; alguno de ellos, muy probablemente por efecto de fumar tabaco, habían reducido su ansiedad y depresión, otros habían experimentado un rendimiento intelectual superior, mejoras en su memoria de largo plazo, alivio en afecciones respiratorias, o desinflamación generalizada. En definitiva, se sentían saludables después de décadas de fumar tabaco y jamás se les hubiera cruzado por la cabeza la loca idea de que el cigarrillo podría matarlos.

    Ahora bien, tomémonos un tiempo y hagamos una breve recorrida por diversos hechos científicos que son sistemáticamente ignorados (o escondidos), y que de algún modo nos dan buenas pistas sobre el por qué de esta “extraña” buena salud, al mismo tiempo que también nos generan muchos interrogantes sobre la radical campaña anti-tabaco y la persecución indiscriminada contra los fumadores.

    Y ya que a los campañistas les gusta “jugar” con las estadísticas empecemos por tomar algunos datos duros sobre la incidencia de cáncer y la tasa de fumadores rankeados por país.

    En la primera tabla de abajo se detalla de mayor a menor los 10 países más fumadores del mundo. Observe que en la segunda columna hay un número; ese número indica el puesto en el ranking de cáncer de pulmón por país:

    Ranking de fumadores por país
    vs
    puesto en ranking de cáncer de pulmón

    Serbia
    Bulgaria 27º
    Grecia 16º
    Rusia 43º
    Moldova 57º
    Ucrania 61º
    Eslovenia 15º
    Bosnia 48º
    Bielorrusia 47º
    Montenegro

    Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_cigarette_consumption_per_capita

    Lo primero que surge de observar esta tabla es que de los 10 países solo 2 (Servia y Montenegro, los cuales en el ranking de cáncer de pulmón son tomados juntos, por eso ocupan un mismo puesto) se encuentran entre los 10 primeros del ranking de cáncer de pulmón, y sólo 4 se encuentran entre los 20 primeros (siga los link de las fuentes para ver las tablas completas). El resto está muy rezagado en el ranking de cáncer. Rusia que es el cuarto país fumador ocupa el puesto 43 (sí, leyó bien, 43) en el ranking de cáncer. Ucrania, 6to en el ranking de fumadores ocupa el puesto 61 del ranking de cáncer. ¿No es esto extraño? Si el cigarrillo produce cáncer de pulmón como afirman con tanta seguridad, esto significa que debería haber una relación directa, clara y evidente entre una tabla y la otra. Estos números demuestran sin lugar a dudas que las estadísticas, dependiendo desde donde se las mire, pueden sustentar una hipótesis o a su hipótesis antagónica.

    Ahora miremos rápidamente la otra tabla para confirmar que, al menos a vuelo de pájaro, no parece haber siquiera una correlación entre estas variables, y menos aún una relación causal.

    Ranking de cáncer de pulmón por país
    vs
    puesto en ranking de fumadores

    Hungría 29
    Servia/Montengro 2 / 10
    Maldivas 141
    Polonia 27
    Armenia 25
    Dinamarca 32
    Holanda 66
    Croacia 24
    EE.UU. 51
    Cuba 38

    Fuente: http://www.worldlifeexpectancy.com/cause-of-death/lung-cancers/by-country/

    En esta tabla el panorama puede verse más claro aún. Sólo un país se encuentra entre los primeros 20 de la tabla de “fumadores”, y tenemos el extraordinario caso de que el tercer país del mundo en el ranking de cáncer de pulmón ocupa el puesto 141 en la tabla de países fumadores. Esto parece desencajar por completo con el discurso oficial. Siguiendo sus “ecuaciones” y su lógica irrebatible, lo que muestran estas tablas, es imposible.

    Establecido este primer punto que pone, cuando menos, en serias dudas a las estadísticas presentadas por los detractores del tabaco, hablemos un poco acerca de algunos datos interesantes que en general suelen permanecer en las sombras.

    Acetilcolina: un aliado incondicional de la salud

    Durante mucho tiempo, antes del comienzo de la cruzada contra el tabaco, se habló de las virtudes del tabaco. Para entender un poco mejor su acción sobre el organismo empecemos por introducir un poco de información útil sobre la acetilcolina, un neurotransmisor responsable de múltiples funciones.

    La acetilcolina es la responsable de la estimulación de los músculos, incluyendo los músculos del sistema gastrointestinal. Se encuentra en neuronas sensoriales y en el sistema nervioso autónomo, y participa en la programación del sueño REM. Regula la actividad en áreas del cerebro relacionadas con la atención, la memoria y el aprendizaje. Fuera del cerebro, la acetilcolina es el neurotransmisor principal del sistema nervioso parasimpático, el sistema que controla funciones como la frecuencia cardíaca, la digestión, la secreción de saliva y la función de la vejiga. Este neurotransmisor opera como un freno de la inflamación en el cuerpo. La acetilcolina actúa sobre una familia de neuroreceptores llamados receptores nicotínicos. Se los conoce de este modo porque pueden ser activados por la nicotina. Estos mecanismos tienen una alta complejidad y su explicación excede por mucho las posibilidades de este artículo. Pero al menos sepa que la acetilcolina es fundamental en múltiples funciones reguladoras y en la “autosanación” del organismo de los mamíferos.

    Los neuroreceptores pueden ser estimulados o inhibidos por compuestos que ofician de agonistas o antagonistas. Agonista es una sustancia que es capaz de unirse a un receptor y provocar una activación del neurotransmisor correspondiente a dicho receptor. Un antagonista, por lo contrario, es una sustancia que aunque se une al receptor, tiene un efecto inhibitorio sobre el neurotransmisor relacionado.

    Ahora hablemos un poco de la nicotina. La nicotina es un alcaloide encontrado en algunas plantas de la familia conocida como solanáceas. Una de estas plantas es (o son, porque hay múltiples variedades) el tabaco. Entre 0.6% a 3% del peso del tabaco es nicotina (News Medical Nicotine – What is Nicotine?). Esta sustancia es un agonista de la acetilcolina. Es decir la nicotina estimula los receptores nicotínicos y produce un efecto de activación sobre la acetilcolina.

    Así que en principio no parecería que la nicotina sea tan mala como la pintan. Ahora consideremos un poco más de información sobre esta sustancia y sus efectos en el organismo:

    […] Cuando un cigarrillo es fumado, la sangre rica en nicotina pasa desde los pulmones al cerebro en siete segundos e inmediatamente estimula la liberación de muchos mensajeros químicos incluyendo la acetilcolina, norepinefrina, epinefrina, vasopresina, arginina, dopamina, agentes autócrinos, y beta-endorfina. Esta liberación de neurotransmisores y hormonas es responsable de la mayoría de los efectos de la nicotina. La Nicotina parece mejorar la concentración y la memoria debido al incremento de la acetilcolina. Ella también parece mejorar el estado de alerta debido al incremento de acetilcolina y norepinefrina. La excitación se incrementa por el aumento de la norepinefrina. El dolor se reduce por el incremento de la acetilcolina y la beta-endorfina. La ansiedad se reduce por el incremento de la beta-endorfina. La nicotina también extiende la duración de los efectos positivos de la dopamina e incrementa la sensibilidad en el sistema de recompensa del cerebro.[…]

    (Fuente: News Medical – Nicotine Effects)

    Es notable que la “malvada” nicotina tenga tantas virtudes y que esto no sea ni siquiera mencionado colateralmente. Como es fácil de observar hay una resistencia generalizada a enumerar los beneficios de la nicotina por miedo al estigma social de ser apologista del tabaco. Y en esto la comunidad médica, junto con la farmaindustria, los gobiernos, y el ejército civil de anti-fumadores del mundo, no perdonan. La persecución será con saña y utilizarán todos los recursos disponibles (que no son pocos puesto que se encuentran en una posición sumamente ventajosa).

    Sigamos hablando un poco más de esta sustancia:

    […] Aunque en la mayoría de los casos el mecanismo [de acción] real es entendido póbremente o no completamente, se cree que la principal acción benéfica se debe a la nicotina administrada, […] la administración de nicotina sin fumar puede resultar tan beneficiosa como al fumar, sin correr altos riesgos de salud debido al alquitrán u otros componentes que acompañan al tabaco.

    (Fuente: News Medical – Nicotine and Oxidative Stress)

    ¿No nota nada extraño? ¿No parece el discurso de alguien que quiere decir algo pero no se anima a decirlo claramente o toma demasiados recaudos? Preste atención: empieza diciendo que verdaderamente se sabe poco sobre el mecanismo de acción de la nicotina. Luego dice que se cree que administrar nicotina redunda en beneficios para la salud. Hasta ahí vamos bien. Pero luego, repentinamente parece surgir la culpa o el miedo, y entonces aclara que se podría obtener los mismos beneficios de la nicotina si fuera administrada sin la necesidad de fumar por los “altos riesgos de salud” debido al alquitrán y otros componentes que acompañan al tabaco.

    ¡Hey, hey, hey! ¿Qué pasó aquí? ¿Acaso insinúan que lo que puede producir daño podría no tener nada que ver con la vapuleada planta de tabaco? Es interesante que esté particularmente expresado de este modo sobre todo en un sitio web de noticias de salud con un perfil marcadamente “mainstream”.

    Seguimos con el mismo artículo un poco más adelante:

    Fumar también parece interferir con el desarrollo del Sarcoma de Kaposi, cáncer de mama entre mujeres que llevan el gen de alto riesgo BCRA, la preeclampsia, y desórdenes atópicos como el asma alérgico. Un mecanismo plausible de acción en esos casos puede ser la nicotina actuando como un agente desinflamatorio, e interfiriendo con los procesos de enfermedades relacionadas con la inflamación, gracias a su efecto vasoconstrictor.

    (Fuente: News Medical – Nicotine and Oxidative Stress)

    Note que el artículo citado hace referencia explícita a “fumar”, no a la administración de algún modo alternativo de nicotina. Esto significa que la ciencia, inclusive esa ciencia oscura y mediocre que apoya la campaña anti-tabaco, sabe muy bien que el fumar tabaco podría ser beneficioso para el organismo humano. No puede comprender bien aún cómo es que resulta beneficioso, pero sí a través de la información surgida de la experiencia acumulada en miles de años, la ciencia, a puertas cerradas, sabe que estamos hablando de una planta medicinal y que fumarla puede redundar en grandes beneficios para la salud.

    Tenga en cuenta que al mismo tiempo que la ciencia es consciente (aunque lo niega) de los beneficios de fumar tabaco, también objetivamente hablando, no tiene ni la más remota prueba o evidencia de que fumar sea causa de cáncer, produzca problemas coronarios, o cualquier otro problema de salud. Medio siglo llevan los detractores del tabaco tratando de producir cáncer de pulmón a partir del consumo de esta planta en laboratorio sin éxito (hablaremos de esto un poco más adelante).

    Es interesante también hacer notar al lector que muchas de las calamidades achacadas al tabaco hoy día son consecuencia de los aditivos y componentes que la industria tabacalera utiliza en el cigarrillo industrializado y de venta masiva. Sería necio ignorar esta realidad; el cigarrillo comercial, ese que compra en una tienda tiene cosas como estas:

    • Cianuro de hidrógeno: veneno letal usado en cámaras de gas
    • Toluidina: son utilizadas en la producción de pigmentos. También son los componentes de los aceleradores para pegamentos decianoacrilato. Son tóxicas y se tiene cierto nivel de certeza de que son carcinógenos humanos (extraído de wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Toluidina).
    • Amoníaco: usted sabe bien que esta sustancia se usa para cosas como por ejemplo limpiar pisos. Aunque la dosis en un cigarrillo es baja podría ser posible que tenga un efecto acumulativo en el deterioro de su salud.
    • Tolueno: el tolueno puede afectar al sistema nervioso. Niveles bajos o moderados pueden producir cansancio, confusión, debilidad, pérdida de la memoria, náusea, pérdida del apetito y pérdida de la audición y la vista (extraído de wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Tolueno).
    • Arsénico: este elemento químico acumulado en el cuerpo se combina con ciertas enzimas interfiriendo así con el metabolismo celular.
    • Dibenzacridina: Se sabe y conoce que es una sustancia de efectos cancerígenos. Apenas existen referencias sobre esta sustancia en la red (un poco aquí http://nj.gov/health/eoh/rtkweb/documents/fs/0623sp.pdf).
    • Fenol: químicamente esta molécula se parece mucho a la del tolueno y tiene algunas propiedades análogas. Se utiliza en desinfectantes y mata insectos.
    • Butano: se encuentra en dosis pequeñas; no hay mucha información sobre su efecto en el organismo en dosis bajas.
    • Polonio-210: metaloide altamente radiactivo; es un elemento altamente tóxico y de peligroso manejo, incluso en cantidades de microgramos; el polonio-210 contenido en los fertilizantes fosfatados es absorbido por las raíces de las plantas (como el tabaco) y almacenado en sus tejidos. (¿Queda claro que la planta de tabaco al natural no tiene polonio?; lo aclaro simplemente porque este es uno de los caballitos de batalla del ejército anti-tabaco).
    • DDT: componente básico de muchos insecticidas; afecta principalmente el sistema nervioso periférico y central y el hígado; es carcinógeno para el hígado.
    • Acetona: en dosis pequeñas no es nocivo, el hígado se encarga de su metabolismo.
    • Naftilamina: se sabe que produce cáncer de vejiga.
    • Metanol: es muy tóxico y particularmente dañino para el hígado (hay estudios que señalan que esta sustancia es un subproducto del metabolismo del aspartame, téngalo en cuenta también si usted es de esas personas que gustan de consumir edulcorantes para evitar el azúcar).
    • Pireno: no hay mucha información al respecto aunque parece ser que es carcinógeno; yo en su lugar la evitaría.
    • Dimetilnitrosamina: Un derivado de la nitrosamina con propiedades alquilantes, carcinogénicas y mutagénicas. Produce daño hepático severo y es hepatocarcinógeno en roedores.
    • Naftaleno (naftalina): la inhalación de vapores diariamente de por vida produjo irritación e inflamación de la nariz y los pulmones en ratas y ratones.
    • Cadmio: cuando la gente respira el cadmio, éste puede dañar severamente los pulmones; el cadmio pasa a la hoja del tabaco desde el suelo; estudios han concluido que la concentración de este metal en la hoja de tabaco es del orden de 0.7ppm (muy baja).
    • Monóxido de carbono: gas muy tóxico; produce muerte por asfixia evitando que la sangre transporte oxígeno.
    • Benzopireno: al igual que con el pireno no he encontrado mucha información sobre esta sustancia; parece tener propiedades análogas al pireno.
    • Cloruro de vinilo: es una sustancia manufacturada y no ocurre naturalmente; se utiliza para fabricar PVC; si le gusta respirar plástico esta es una buena opción.
    • Uretano: en cantidades elevadas el uretano es tóxico al inhalar, ingerir o en contacto con la piel; daña los órganos que fabrican la sangre, el hígado y el sistema nervioso central; una exposición crónica puede provocar cáncer.

    Estas son algunas de las sustancias que vienen de regalo cuando usted fuma un cigarrillo industrializado. No debería sentirse extrañado, en este mundo gobernado por psicópatas, a través del poder político y corporativo, siempre es de esperar que si existe algo bueno que puede beneficiarnos, ellos verán la forma de hacerlo inaccesible o de estropearlo de modo tal que pierda sus propiedades.

    Para que tenga en cuenta, lo ideal es consumir tabaco orgánico o natural sobre el cual no se hayan utilizado agroquímicos ni aditivo alguno. También es importante que consiga un papel orgánico, quizá a base de hoja de cáñamo sin blanquear y que utilice un adhesivo natural como la goma arábiga. Agregando un filtro adecuado (o sin filtro si lo desea) puede armarse un cigarro sano sin correr los riesgos derivados del consumo del tabaco industrializado.

    Entonces la próxima vez que oiga que en el humo del tabaco hay más de 4000 sustancia cancerígenas, y bla, bla, bla, … recuerde que la muchas de estas sustancias no tienen nada que ver con el “buen” tabaco.

    Tabaco: una hierba medicinal

    Al margen de esto es importante señalar que hay algunas sustancias que se producen al quemar la hoja de tabaco natural que tienen propiedades muy interesantes. Tomemos el caso de las beta-carbolinas. Esta sustancia está presente en diversas plantas como el tabaco y el café. Buscando un poco en la red se puede encontrar interesante información que vincula a estas sustancias con algunos efectos protectivos y beneficiosos para el organismo.

    El cáncer es una enfermedad actual, es una masa anómala de tejido, cuyo crecimiento es prácticamente autónomo y superior al de los tejidos normales. Las drogas anticancerígenas actuales comprenden la inhibición/activación de reguladores de ciclo celular, inhibición de réplica de ADN, inducción de daño de ADN, interrupción de huso mitótico. Ya sea por el aumento de la polimerización de microtúbulos o aumentando la despolimerización de microtúbulos, que afectará a la fase m del ciclo celular

    La β-carbolina tiene una estructura planar tricíclica aromática. Deriva de plantas, vida marina y tejido humano y se detectó como receptores a benzodiacepinas. Tienen un efecto antitumoral y anticancerígeno, clínicamente como, inhibidor de la cinasa dependiente de ciclina, IkappaB cinasa y topoisomerasa I.

    (Fuente: Noticias cientificas: Derivados de beta carbolina actuan como anticancerígenos)

    El artículo sigue. Disculpe por no citarlo completo pero es bastante técnico y creo que no aportaría demasiado. En todo caso siga su curiosidad y visite la fuente para más información.

    Entonces tenemos una sustancia de origen natural presente en el humo del tabaco que parece tener propiedades antitumorales. ¿Escuchó acerca de esto alguna vez?

    Para ser justos vamos a tomarnos algunos minutos para clarificar un poco todo este asunto de las beta-carbolinas. Existen en nuestro organismo unas enzimas conocidas como Monoamino-oxidasa (habitualmente referidas como MAO) encargadas de catalizar (acelerar/facilitar) la oxidación de monoaminas (familia de neurotransmisores). Para dejarlo más claro, la oxidación de monoaminas equivale más coloquialmente a la inactivación de algunos neurotransmisores. Sabiendo que los neurotransmisores son los “mensajeros” que acarrean señales entre neuronas, y que estas señales son de vital importancia para el armónico funcionamiento de infinidad de procesos neurológicos, podemos concluir que una sustancia que tiene la habilidad de inactivar un neurotransmisor posee una gran importancia en la regulación de estos procesos.

    Las beta-carbolinas actúan como inhibidores de MAO, osea que inhiben la acción inactivadora de ciertos neurotransmisores. Esto puede sonar como un efecto adverso pues podríamos considerar que las beta-carbolinas desarmonizan el normal funcionamiento de nuestros sistema nervioso. Pero en contraposición a esta suposición hay algunos estudios como el citado anteriormente que nos hacen pensar justamente en todo lo contrario. También a las beta-carbolinas se las asocia con un efecto calmante y mitigante de la ansiedad.

    Ahora considere esto: como consecuencia de quemar tabaco se producen una importante cantidad de compuestos (estamos hablando de tabaco natural, así que olvidémonos de los venenos agregados); ¿será posible que el efecto provocado en el organismo por fumar tabaco sea consecuencia de la combinación compleja de muchos de estos componentes?

    El hecho que no debe ignorarse en este punto es que la ciencia apenas entiende hoy día la enorme complejidad de todos estos procesos. Hay mucha investigación en curso, muchas hipótesis, muchas teorías, … pero la realidad es que la medicina, en buena medida, va innovando bailando al ritmo de las estadísticas (no se olvide del comienzo de este artículo): “si esta sustancia produce tal efecto en una cantidad significativa de sujetos entonces posiblemente sirva para… “. Luego se hacen más estudios y pruebas, pero no siempre se alcanza a entender por qué una determinada sustancia produce un determinado efecto. En resumen, como se ha escuchado decir tantas veces, la ciencia (en especial la ciencia médica) está en pañales. Así que cuando escuche a un profesional de la medicina hablar con mucha seguridad, desconfíe. Ellos, al contrario de lo que normalmente uno cree, realmente no tienen en claro absolutamente todo y muchas veces repiten como loro lo que otros enuncian desde un virtual púlpito al que acceden no por mérito científico precisamente.

    Entonces si la ciencia apenas comprende cómo actúa una determinada sustancia dentro del organismo ¿cómo puede ser que se arrogue afirmando con tanta seguridad que fumar produce cáncer y vaya a saber que cosas más siendo que ni siquiera ha logrado provocar en laboratorio estas afecciones? La misma ciencia reconoce no entender aún con claridad cómo afecta a un fumador la nicotina y el resto de los compuestos en el humo del tabaco. Aún más, la ciencia no está en condiciones de comprender cómo varias de estas sustancias combinadas pueden actuar sobre el organismo.

    Ya terminando con este apartado me permito citar nada más unos pocos efectos benéficos conocidos de la nicotina que siguen permaneciendo en la oscuridad por razones que pronto analizaremos.

    Estudios recientes han indicado que la nicotina puede ser usada para ayudar a adultos sufriendo epilepsia del lóbulo frontal nocturna autosómica dominante. La mismas áreas que causan convulsiones en la forma de epilepsia son también responsables del procesamiento de la nicotina en el cerebro.

    También mejora los síntomas de TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y hay varios estudios que apuntan a desarrollar un tratamiento para el TDAH en adultos con nicotina.

    Por último diremos que la nicotina tiene la fantástica propiedad de actuar, dependiendo de la dosis, como un estimulante o un relajante. No hay muchas sustancias que puedan hacer esto.

    La investigación sugiere que, cuando el fumador desea conseguir un efecto estimulante, toma bocanadas cortas y rápidas, las cuales producen un bajo nivel de nicotina en sangre. Esto estimula la transmisión nerviosa. En cambio cuando desean relajarse, toma bocanadas profundas, las que producen un alto nivel de nicotina en sangre dando como consecuencia una disminución en el pasaje de impulsos nerviosos y en consecuencia un leve efecto sedativo. A bajas dosis, la nicotina mejora marcadamente la acción de la norepinefrina y la dopamina en el cerebro, causando el efecto típico de una droga psicoestimulante. A altas dosis, mejora el efecto de la serotonina y la actividad opiácea, produciendo calma y alivio del dolor. La nicotina es única en comparación a la mayoría de las drogas, pues su perfil cambia de estimulante a sedativo y bálsamo para el dolor de acuerdo a las dosis y al uso.

    (Fuente: News Medical – Nicotine Effects)

    La clave está en la dosis

    Es un buen momento para hacer un paréntesis y dedicarle unas pocas líneas a un asunto importante a la hora de juzgar lo beneficioso o perjudicial de una determinada sustancia: la dosis. No hay completo consenso en relación a este tema pero al parecer hay una regla general que se puede aplicar a un número importante de compuestos químicos: la dosis hace al veneno. Es decir una sustancia que en pequeñas cantidades es inocua o incluso beneficiosa en grandes cantidades puede tener alta toxicidad.

    Según comenta el Dr. William T. Whitby:

    Los anti-fumadores hablan acerca del “alquitrán” en los cigarrillos. Las personas probablemente se sorprenderían al saber que después de todo lo dicho no existe tal cosa. Lo que ellos llaman “alquitrán” es un término conveniente usado para la recolección en los laboratorios del humo condensado que no se parece en nada al humo resultante de la acción real de fumar. Aplicando este producto condensado sobre la piel de ratones, algunos investigadores lograron inducir una forma de cáncer de piel. Se estableció que la dosis aplicada equivale a un hombre fumando 100000 cigarrillos al día. Es importante notar que se puede producir cáncer en un ratón con sustancias inofensivas para el ser humano, como por ejemplo yema de huevo o una solución de té.
    […]
    Sabemos que los dedos de los grandes fumadores a menudo quedan manchados por el alquitrán. Uno podría pensar que si fuera carcinógeno, habría casos de cáncer de dedos. Como se podría esperar jamás hubo un caso reportado.

    (Fuente: Smoking is good for you p.85-86)

    En realidad esta cuestión no resulta ser tan sencilla. Al parecer un organismo sano cuenta con los medios necesarios para mantenerse desintoxicado. Diversos procesos fisiológicos propios, cuando están en equilibrio y funcionando correctamente, suelen ser lo suficientemente eficaces como para eliminar la mayoría de las toxinas que ingresan en el organismo. Esta condición podría darnos alguna pista para explicar por qué existen sujetos que han fumado cigarrillos industrializado durante años y, a pesar de la gran cantidad de aditivos tóxicos, no experimentan un deterioro significativo. Quizá estemos en estos casos frente a organismos super-eficientes a la hora de desintoxicarse.

    Lo cierto es que la evidencia parece indicar que una adecuada nutrición es requisito indispensable para mantener a esta “máquina” en perfectas condiciones, aunque es muy posibles que factores genéticos tengan algún peso sobre cierta predisposición a que algunos de estos procesos funcionen de un modo anómalo. Así que es posible suponer que hay personas mejor “dotadas” para librarse de las toxinas en su organismo.

    De todos modos es posible también que cierto tipo de sujetos con un determinado perfil genético se sientan inclinados a consumir cierto tipo de sustancias porque encuentren algún tipo de “alivio” tras este consumo. Y no estamos en este momento refiriéndonos a las drogas típicas sobre las que se sabe con relativo grado de certeza cómo generan adicción, fomentan la pérdida del autocontrol, y destruyen el sistema nervioso (cocaína, heroína, etc), sino que estamos hablando de sustancias como la nicotina, sobre la que se sabe muy bien que no genera adicción (sobre este tema hablaremos más adelante). De hecho es muy probable que lo que se considera como adicción al tabaco sea producto de una mala interpretación consecuencia de la mala práctica científica.

    Para ejemplificar esta cuestión leamos un pequeño fragmento de un reporte de News Medical:

    Se ha observado que la mayoría de las personas diagnosticadas con esquizofrenia fuman tabaco. Se estima el número de esquizofrénicos que fuman entre un 75% y un 90%. Recientemente se ha argumentado que el incremento de nivel de fumadores en esquizofrénicos puede ser debido al deseo de automedicarse con nicotina. Nuevas investigaciones han hallado que con una leve dependencia los usuarios obtienen algún tipo de beneficio de la nicotina, pero no así quienes experimentan altos niveles de dependencia. Todos estos estudios están basados sólo en observaciones; no se han hecho estudios con intervención (aleatoriedad).

    (Fuente: News Medical – Nicotine and Oxidative Stress)

    ¿Qué curioso verdad? Habla de un “deseo” de automedicarse. ¿Será posible que en vez de “deseo” sea una “necesidad”, un intento del organismo por compensar la deficiencia en alguna de sus funciones? Cómo sea este pequeño extracto de texto nos lleva a pensar sobre este asunto de la “adicción” de un modo diferente.

    Vamos a conceder por un momento algo de crédito a las supuestas estadísticas que correlacionan al cáncer de pulmón con el consumo de tabaco. Entonces supongamos que sí existe algún tipo de vínculo entre el desarrollo de cáncer de pulmón y fumar tabaco (aunque volvemos a aclararlo: cuando decimos “vínculo” no necesariamente estamos afirmando que existe una relación de causa y efecto).

    ¿Cómo ha procedido la ciencia una vez hallado este supuesto vínculo? Pues mal. Simplemente saltaron todos los procedimiento que la ortodoxia científica exige para garantizar una buena práctica conducida fundamentalmente por la búsqueda de la Verdad, y ceñida a procesos rigurosos que aseguren resultados con niveles de certeza aceptables. “Ellos”, muy convenientemente pasaron de un dudoso correlato a una relación causal. Pero esta no fue la única aberración científica. “Los buenos muchachos” cometieron errores imperdonables.

    Empecemos por señalar que dentro de un sistema existen diversas variables interactuando entre sí de un modo complejo y no-lineal. No se puede alegremente tomar dos de estas variables, extirparlas del sistema, y considerar sólo la interacción entre ellas, porque los resultados de tremendo error conducirán indefectiblemente a conclusiones erróneas. Quizá sí sea posible hacer esto de a pares de variables por vez para estudiar la interacción individual entre cada una, y luego, con toda esta información intentar extraer conocimiento útil sobre el sistema a partir de una visión holística e integral del mismo. Pero no, ellos, cuando tomaron estas dos variables, obviaron por ejemplo parámetros nutricionales asociados a las costumbres locales de cada región estudiada, condicionantes ambientales (contaminantes en el agua, aire, etc), factores de estrés, factores genéticos asociados a raza y/o grupo étnico, factores genéticos individuales, etc. Es muy probable que todas estas variables y más se combinen de un modo complejo dando como resultado nada más ni nada menos que la realidad. Esto también explica por qué, a pesar de la marcada obstinación, no han podido hallar indicio alguno de la relación lineal entre estas dos variables. Lo que no puede explicar es que con un inusitado descaro y sin remordimientos no se cansan de repetir esta cancioncita como disco rayado.

    Por otro lado una vez extraídas estas dos variables (lo cual de por sí es un mal procedimiento) las relacionaron arbitrariamente trazando una flecha con sentido único desde “fumar tabaco” a “cáncer de pulmón” obviando la posibilidad inversa, es decir, que la flecha esté orientada en sentido contrario y sea justamente una posible condición de cáncer potencial o en estado embrionario lo que determine que un sujeto consuma tabaco por el efecto balsámico y de eventual sanación.

    El Dr. Whitby dice al respecto:

    ¿Cuál es la causa contra el tabaco? La respuesta, parece ser, nada – al margen de una presunta relación estadística, si vamos a darle algún crédito a las estadísticas. Ya hemos visto lo poco confiable que son las estadísticas. La relación [entre fumar y el cáncer de pulmón] en la mayoría de los casos suele ser sólo aparente debido a que muchos enfermos de cáncer, así como la mayoría de las personas con afecciones en el pecho, fuman para aliviar la tos. Culpar al fumar por el cáncer es poner el carro delante del caballo.

    Sir Ronald Fisher escribió: “La supuesta consecuencia (el cáncer de pulmón) es en realidad la causa, es decir, lo que lleva al sujeto a fumar. Un cáncer incipiente o una condición precancerosa con una inflamación crónica es el factor que induce a fumar cigarrillos”.

    Los activistas [contra el tabaco] quieren hacernos creer que uno de cada dos fumadores mueren a causa del tabaco. Pero el Royal College of Physicians, la entidad que más pánico a generado en torno a este asunto, admite en su último reporte que “sólo una minoría de los más empedernidos fumadores desarrollan cáncer de pulmón” y que “muchos lo desarrollan en parte por una anomalía genética”. El reporte admite que el cáncer de pulmón es más frecuente en familias cuyos padres padecen esta enfermedad. También dice que “la mayoría de los fumadores no sufren ningún deterioro de la salud o el acortamiento de la vida como consecuencia del consumo de tabaco”.

    (Fuente: Smoking is good for you p.83)

    Como se puede deducir fácilmente de los párrafos anteriores hay mucho por entender todavía, así que considerando el estado de ignorancia o desconocimiento en el que se encuentra aún la ciencia, ésta debería ser cauta y explorar todas las posibilidades en vez de elegir según convenga una visión particular. Pero lamentablemente está bien claro que esto, dado el actual estado de corrupción y “descomposición” en el que se encuentra la ciencia, es por el momento imposible que ocurra. Hoy día la ciencia se comporta como una prostituta que vende su cuerpo por el verde billete. Los principales recursos científicos están atrapados dentro de una dinámica clientelista donde los grupos de poder, según sus necesidades, solicitan un determinado “producto” y la ciencia, que actúa como proveedora, manipula el procedimiento científico para obtener los resultados deseados (véase el caso del Calentamiento Global por ejemplo).

    Un crimen en busca de un chivo expiatorio

    Hace muchos años, en mi adolescencia, tuve en mis manos una obra de teatro de Luigi Pirandello titulada “Seis personajes en busca de autor“. Es curioso, finalmente nunca leí la obra, pero el título me impactó de tal modo que al día de hoy retorna cada cierto tiempo a mi mente. Lo primero que sentí en aquel momento al leerlo fue que algo estaba dado vuelta. Normalmente el autor es el que busca a los personajes para encarnar una historia y un mensaje. Sin embargo aquí parecía que los personajes existían a priori y que estaban buscando un autor que los traiga a la vida, que los manifieste de algún modo.

    Una sensación similar me invade en la actualidad cuando veo a la ortodoxia científica operar. Sorprendentemente en vez de observarse al científico en busca de enunciados que encarnen la Verdad o los hechos objetivos, se observa a unos muy convenientes enunciados en busca de un científico que les traiga a la “vida”, que los convierta en una Verdad o en un hecho objetivo.

    Este punto de partida invertido produce un enorme agujero negro en el centro mismo de la escena científica. Todo aquello que se acerque lo suficiente queda atrapado y eventualmente será absorbido y desintegrado. Casi le diría que para practicar buena ciencia no queda más remedio que permanecer marginal, lejos de este centro gravitacional.

    Esta dinámica contranatura deja a la Verdad sepultada bajo una montaña de basura pseudocientífica que en general es creída y aceptada casi dogmáticamente por el hombre común. Esto ha ocurrido sistemáticamente durante buena parte del siglo XX y tiende a empeorar en este siglo.

    Este proceder obsecuente con los clientes de la ciencia – en líneas generales pequeños grupos poderosos que pugnan por mantener el control sobre la humanidad – empalidece la labor científica y obstaculiza el desarrollo positivo del conocimiento. Esta “imitación de ciencia” a dado a luz estafas como la de los lípidos, el colesterol, el calentamiento global, la leche, y el tabaco (no se haga ilusiones, estos son sólo algunos, ¡hay muchos más!). Y es justamente sobre la estafa del tabaco que nos explayaremos un poco más aquí.

    La increible y triste historia de la Nicotiana tabacum y su perseguidores desalmados
    [NdE: alusión a la obra de Gabriel García Marquez “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada“]

    Empecemos por hacer un poco de historia. Tomaremos como base la travesía del tabaco en Europa, América, y también en Asia a partir del siglo XV que fue cuando los conquistadores españoles hicieron contacto por primera vez con la planta. Por motivos de falta de información suficiente obviaremos miles de años de historia de consumo de esta hierba por parte de los nativos americanos aunque los estudios arqueológicos estiman que los primeros cultivos de la planta datan del 3000 al 5000 AC.

    Cosecha de tabaco.

    Según las crónicas oficiales el tabaco ingresa a Europa de la mano de Rodrigo de Jerez, compañero de Cristóbal Colón. Fueron los nativos americanos quienes le enseñaron la hierba y su uso al conquistador. Al llegar a España Rodrigo de Jerez fue encarcelado por la “Santa” Inquisición pues afirmaban que “solo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca”. Podríamos suponer que esta fue la primera medida irracional en relación al tabaco. Pero no desespere, hay muchas más.

    Más allá de este ridículo exabrupto de la Iglesia Católica el hábito se puso de moda y en el siglo XVI fumar se había difundido por todas las clases sociales, distinguiéndose la pipa entre las clases más elevadas y el rollo de hojas como precursor del cigarro puro entre las más populares. Y fue en este siglo también que se empezó a cultivar el tabaco en Europa. Al parecer los primeros en hacerlo fueron los frailes en sus huertas cerradas. Luego fue creciendo en popularidad. Existe un consenso respecto a que la popularidad del tabaco en Europa se debió a que el embajador francés Jean Nicot recomendó el uso de la planta a la Reina Catalina de Médicis quien sufría de horribles migrañas. La Reina siguió sus instrucciones y “milagrosamente” se curó. Según se dice a partir de ese momento la popularidad del tabaco en Europa creció enormemente.

    Fueron las incursiones inglesas en América del Norte las que dieron finalmente con el descubrimiento de lo que hoy es conocido como el Estado de Virginia. El cultivo y posterior traslado del tabaco – cuyo nombre procede de esta región – rápidamente se extendió a la Inglaterra Isabelina primero, y luego, durante el transcurso de los siglos XVI, XVII y XVIII, alrededor del mundo llegando a Asia, África y Oceanía.

    Conforme el consumo de tabaco crecía se empezó a gestar también la crónica de su impopularidad. Claro que esta impopularidad siempre estuvo circunscrita a un grupo reducido de personas en posición de poder – en la mayoría de los casos este poder provenía de la Iglesia o de una ventajosa posición política – con una extraña antipatía hacia la popular planta.

    Repasando una breve crónica de los vetos al tabaco podemos extraer algunos datos verdaderamente significativos.

    De los 17 vetos y/o prohibiciones registradas hasta el año 1693, 4 de ellas fueron impuestas por el poder religioso, 6 por el poder imperial de un monarca o un emperador, y 7 por pseudo-legislación o decretos gubernamentales. Lo curioso de todo esto es que en la mayoría de los casos no está nada claro el por qué de estas prohibiciones. Considerando que no existía una ciencia médica lo suficientemente formalizada y uniforme, ni tampoco existían los recursos ni los métodos científicos adecuados, podemos suponer con altísima certeza que las razones no fueron científicas, es decir, que nadie había probado una relación de causa y efecto entre fumar tabaco y algún tipo de afección. Así que de este modo empezó a delinearse la historia del encono contra el tabaco. Porque realmente fue enojo, odio, y rechazo apasionado nacido de los criterios personales de un puñado de sujetos, lo que llevó adelante esta extraña persecución.

    Lo que resulta también interesante es que durante los siglos XVIII y XIX “los vetos y prohibiciones por fumar se volvieron esporádicas […]. El comercio del tabaco se convirtió en una importante fuente de ingresos para monarcas y líderes y todos los vetos al tabaco fueron revocados. Incluso el Papa no quiso quedar fuera y abrió una fábrica de tabaco en 1779” (extraído de ¡Vamos todos a encenderlo!). Así que parece ser que sus convicciones no fueron tan profundas como algunos pudieron haber creído.

    Pero esta historia se pone más interesante aún en los albores del siglo XX cuando se empieza a gestar la moderna campaña anti-tabaco.

    Una exquisita pieza de erudición…

    Tomemos como referencia uno de las fuentes más difundidas y que más ha sido utilizada como caballito de batalla por los militantes modernos contra el tabaquismo. En 1999 el profesor Robert N. Proctor publicó un libro titulado “The Nazi War on Cancer” (algo así como “La Guerra de los Nazis contra el Cáncer“, puede leer un buen extracto aquí) en el cual, aunque se muestra crítico con el régimen Nazi, se deshace en elogios a lo que fue la primera campaña formal contra el tabaco – la campaña iniciada por Hitler en los años 30s – y adorna con floridas loas de admiración el trabajo de los científicos alemanes calificándolo como una (copio literal) “exquisita pieza de erudición”.

    En el volumen hace una recorrida por los más conocidos intentos por establecer una conexión entre fumar tabaco y el cáncer u otras enfermedades. Es así que menciona al botánico John Hill en la Inglaterra de 1761 quien simplemente denunció que “un inmoderado uso de tabaco” podría causar cáncer de nariz. Sigue en 1795 Samuel T. von Soemmerring quien también advierte que los fumadores de pipa eran excesivamente propensos a desarrollar cáncer de labio. En 1858 Etienne Frederic Bouisson registró que 63 de 68 pacientes quienes sufrieron cáncer de boca eran fumadores de pipa. El libro abunda en referencias como estas, sólo menciones y descripciones cortas sin detalles de cómo es que estos singulares sujetos llegaban a sus conclusiones. En todo momento Proctor considera un hecho científico comprobado sin espacio a la más mínimo duda que el fumar tabaco produce cáncer. Esto explica por qué no se ocupa demasiado de explicar los pormenores de los estudios (eso en el caso de que realmente haya habido alguno serio); para él se trata de una obviedad y sería redundante y aburrido dedicar tinta, hojas, y tiempo a explicar algo que no puede (o debe) ponerse en duda.

    La cuestión es que saltando alegremente de una referencia a otra llega a 1912 cuando Isaac Adler “notó que aunque los tumores malignos en el pulmón fueron entre las formas más raras de cáncer, la enfermedad parecía mostrar un decidido incremento”. Según Proctor este aumento fue corroborado en 1923 por la Reunión Anual de la Asociación de Patología Alemana, pero no había consenso sobre cuál era la causa. Se consideró en aquel momento como posibles causas a la polución del aire, los efectos retardados de la epidemia de gripe de 1919, el incremento en el uso de rayos-x, el aumento de la mezcla entre razas, y la exposición a gases venenosos de la Primera Guerra Mundial.

    Aún así fue el mismo Adler quien en 1912 sugirió la posibilidad de que el cáncer de pulmón podría ser a causa del tabaco, aunque Proctor aclara que el primer análisis cuantitativo data de 1929 cuando Fritz Lickint – un médico de Dresden y ardiente oponente del tabaco – mostró que las víctimas de cáncer de pulmón fueron muy probablemente fumadores.

    Permítame notar aquí dos cosas. Primero, nada sabemos sobre cómo este médico llegó a esta aseveración que más que una conclusión científica parece el discurso de un político, pues sus sentencias impactan emocionalmente pero están ausente de contenido. En el mejor de los casos no pasa de ser una simple y vulgar hipótesis (osea algo que aún debe probarse) disfrazada de hecho consumado (algo que se supone que ya está probado).

    Mi segunda observación es más bien una pregunta para el lector ¿no le parece que alguien que es un “ardiente oponente del tabaco” no es un buen exponente científico a la hora de investigar sobre si el tabaco es culpable de algo? ¿no se corre el grave riesgo de que su interés particular en el asunto lo conduzca indefectiblemente a condenar el tabaco sea cual sea la verdad objetiva? ¿no constituye un enorme sesgo el comenzar una investigación con un fuerte prejuicio? No se que le parece a usted, pero no puedo evitar sentir que el “análisis cuantitativo” de este hombre no es digno de confianza.

    Finalmente en el año 1939 en Alemania aparece Franz Hermann Müller con “la joya”, el estudio vedette de todos los estudios jamás hechos, lo que Proctor llamó una “exquisita pieza de erudición”: el primer estudio epidemiológico mundial de caso-control sobre la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón. Pero antes de dedicarnos a analizar este trabajo vamos a tomarnos unos renglones para poner en contexto este evento.

    Müller aparece con este estudio en el momento de máximo esplendor del nazismo. Ya Hitler se había presentado a sí mismo como un acérrimo enemigo del tabaco en todas sus formas y durante su gobierno varios vetos y prohibiciones se habían llevado a cabo en relación al consumo de esta hierba. Se dice que el Fuhrer sentía una profunda aversión por el hábito de fumar y que no permitía fumar a nadie en su presencia aunque algunos de sus más cercanos, como Eva Braun, Martin Bormann y Hermann Göring, eran fumadores.

    Hay algo de controversia respecto a si Hitler alguna vez fumó o no. Al parecer viviendo en Viena durante su juventud sí fue un gran fumador. Luego, aunque no he podido rastrear exactamente cuando (se cuenta que dejó de fumar porque se dio cuenta de que era un despilfarro de dinero), se transformó en un activo y apasionado combatiente contra el tabaco. Toda su narrativa al respecto hablaba de que le molestaba mucho el humo, de que era perjudicial para la salud y acortaba la vida, de que debilitaba al organismo, y cosas por el estilo. Por cierto todo esto han de haber sido suposiciones de él o lo tomó de algún otro detractor, porque hasta aquel momento no había ningún informe destacado vinculando el cáncer o alguna afección y el tabaco

    Aunque es posible encontrar a diestra y siniestra gente afirmando cosas como que “Hitler no era tan malo, al fin y al cabo combatió el consumo de tabaco” (sí, créalo, hay gente por ahí diciendo cosas como estas), o posiciones más sutiles como la de Proctor y otros que con aires de objetividad dicen “es sorprendente que un hombre que a hecho cosas tan malas al mismo tiempo haya hecho un aporte tan grande al mundo y a la salud mundial sembrando conciencia sobre el flagelo del tabaco y sentando las bases de la moderna lucha contra este veneno” (este texto no es una cita textual, sólo representa en forma figurativa una postura frente a este asunto). No estoy convencido de que el asunto sea tan simple.

    Al referirnos a Hitler estamos hablando de un hombre que “transmutó sentimientos de inferioridad y [una vida de] frustraciones, en superioridad y en odios frenéticos extendidos a grupos enteros” (Fuente: Merle y Saussure – “Psicoanálisis de Hitler). Hitler evidentemente era un sujeto con una mente profundamente perturbada e incapaz de comprender objetivamente la realidad. Probablemente producto de ciertas limitaciones cognitivas y carente de las habilidades psicológicas habituales de una mente sana, desarrolló una visión patológica del mundo y la realidad, alimentando fantasías paranoides de todo tipo y color.

    Según cuentan Merle y Saussure en “Psicoanálisis de Hitler” sobre su infancia:

    Adolfo, a los diez años, debía traer cada noche de una taberna “que hedía a tabaco” a un padre embrutecido por el alcohol, y que, por otra parte, lo castigaba frenéticamente con una brutalidad sádica. Tal es, en resumen, el paisaje de esa infancia miserable.

    La madre de Adolfo Hitler era joven, indulgente. Él era su hijo preferido y ella tomaba siempre partido a favor de él. Adolfo, por su parte, le era profundamente adicto, y se comprenden perfectamente los sentimientos de odio y repulsión que experimentaba por un padre brutal, alcohólico, que se conducía para con la madre del modo que hemos descrito. Hitler confesó más tarde a Frank [NdA: Frank fue el abogado de Hitler durante muchos años y prisionero en Nüremberg escribió un manuscrito de mil páginas sobre Hitler con datos extremadamente valiosos sobre su vida privada; sobre estos datos hicieron su estudio Merle y Saussure] que cuando iba a buscar a su padre a la taberna, vivía cada vez “la vergüenza más horrible de su vida”, y que “el alcohol, por culpa de su padre, llegó a ser el más grande enemigo de su juventud”. Pudo añadir también el tabaco; y, si hubiera sido más lúcido, explicar que la repulsión que le inspiraba su padre se extendía a todas las costumbres paternales. Es notable que Hitler, más tarde, no sólo no fumó jamás [NdA: este dato es controvertido, ya hemos hablado al respecto], lo que podía explicarse normalmente por el hecho de que no le gustara, sino que además prohibía que se fumara en su presencia: conducta social intolerante que revela el origen emotivo profundo de su repugnancia por el tabaco.

    (Fuente: Merle y Saussure – “Psicoanálisis de Hitler – p.10)

    Como puede apreciarse en el excelente trabajo de estos dos autores existe una explicación más plausible para la aversión de Hitler hacia el tabaco. Es muy posible que el odio visceral hacia su padre lo haya llevado, consecuencia de procesos mentales anómalos, a desarrollar un rechazo patológico hacia el tabaco. Y como bien lo expone Andrzej Lobaczewski en “Ponerología Política”, un sujeto patológico hace lo imposible por imponer su visión de la realidad al mundo:

    Muchas personas con diferentes trastornos hereditarios y defectos adquiridos desarrollan un egotismo patológico. Imponer su modo de pensar en su entorno, en grupos sociales o incluso, si es posible, en naciones enteras, se convierte en una necesidad interna, un concepto imperante. Un juego que una persona normal no tomaría en serio puede transformarse en una meta de por vida para estos individuos egotistas, y constituir así el objetivo de esfuerzos, sacrificios una estrategia psicológica para engañar a los demás.

    (Fuente: Ponerología Política – Andrzej Lobaczewski)

    © Campaña anti-tabaco Nazi – Reine Lutt (1941)
    La cadena del fumador: “Tú no lo fumas, él te fuma a tí”

    Entonces es muy probable que sus ansias anti-tabaco, su activa política en contra de fumar, y su discurso a favor de “los hábitos saludables”, fueran parte de una narrativa interna creada para justificar paralógicamente un descontrolado y patológico odio a aquello que de algún modo le recordaba a su padre, o quizá sólo intentaba enmascarar su deseo de venganza contra lo que en sus fantasías podrían ser los responsables de una infancia y una juventud llena de frustración y fracaso.

    En este contexto aparece Müller y su famoso estudio. Sin duda muy conveniente para justificar una batalla irracional y antojadiza contra el tabaco. Pero veamos un poco de que se trató este tan admirado estudio.

    Empecemos por decir que lo que Müller hizo fue enviar un cuestionario a parientes de sujetos que habían sido víctimas de cáncer de pulmón. El cuestionario tenía las siguientes cuatro preguntas:

    1- ¿Fue el difunto Sr. ______ un fumador? Si así fue, ¿cuál fue su consumo diario de cigarros, cigarrillos, o pipa de tabaco? Por favor sea numéricamente preciso en sus respuestas.

    2- ¿El difunto fumó en algún punto de su vida y luego dejó de hacerlo? ¿Hasta cuando fumó? Si fumó, ¿cuál fue su consumo diario de cigarros, cigarrillos, o pipa de tabaco? (Por favor sea preciso).

    3- ¿El difunto alguna vez disminuyó en su hábito de fumar? ¿Qué tan alto era el uso diario de productos de tabaco, antes y después de la disminución? (Por favor sea preciso).

    4- ¿Puede decir si el difunto alguna vez estuvo expuesto a la polución del aire por algún tiempo prolongado en el trabajo o fuera de él? ¿Estaba este aire contaminado con humo, hollín, polvo, alquitrán, gases de escape de motor, polvo de carbón o metálico, productos químicos industriales, humo de cigarrillos, o algún producto de este tipo?

    (Fuente: The Nazi War on Smoking – Lauren A. Colby)

    Hay unas cuantas cosas para decir en relación a este estudio. Empecemos por decir que en un estudio de esta naturaleza la selección de la muestra es esencial para que los resultados tengan un nivel aceptable de certeza. Siendo un estudio de casos-control se deben seleccionar dos muestras, una la de los casos (fallecidos diagnosticados con cáncer de pulmón), y otra de control (personas sanas según los criterios de Müller). En este estudio no hay ninguna pista ni indicación respecto a cómo Müller seleccionó ambas muestras (las víctimas del cáncer y el grupo de control). Esta ausencia de información crea un manto de dudas razonables respecto a su trabajo. El estudio de Müller no aclara cuántos cuestionarios fueron enviados aunque aclara que recibió 96 respuestas (86 masculinas y 10 femeninas). Puesto que no revela la cantidad de cuestionarios enviados, hay un fuerte factor de incertidumbre aquí respecto al proceso de selección de cuestionarios respondidos dejando abierta la duda a cuál fue su criterio para aprobarlos o desecharlos. Si lo hubiera deseado podría haber manipulado las muestras para obtener los resultados deseados. Y dado que Müller era miembro del partido nazi y Hitler sentía aversión por el tabaco, hay que considerar que es muy posible que alguna “fuerza” consciente o inconsciente haya influenciado sus criterios de selección. Al no revelar esta información, Müller alimenta las sospechas de que los datos fueron manipulados.

    Loren A. Colby comenta al respecto:

    […] Müller compara manzanas con naranjas. Él compara la recolección a través de parientes de fallecidos de cáncer de pulmón de datos concernientes a los hábitos de consumo de tabaco del difunto, con la recolección de datos de hábitos similares de gente viva. Esto es inaceptable. Siempre que un sobreviviente de una persona muerta es interrogado acerca de los hábitos de consumo de tabaco del difunto, ellos exagerarán esos datos. En la Alemania de los años 30s, como en EE.UU. hoy, una virulenta campaña estaba en marcha, culpando a fumar por el cáncer de pulmón y casi todas las otras enfermedades conocidas por el hombre. Así, cuando la viuda de Hermann [NdA: un personaje imaginario] fue interrogada sobre cuánto fumaba su marido, su tendencia natural fue a visualizar a Hermann con un mortal cigarrillo en su boca y responder “¡El fumaba muchísimo!”.

    (Fuente: The Nazi War on Smoking – Lauren A. Colby)

    Más adelante agrega sobre el mismo tema:

    Un sesgo inverso existió para el grupo saludable de control. La propaganda del Ministro Goebbels había estado saturando la prensa Alemana con advertencias y artículos, sugiriendo que el hábito de fumar era casi tan malo como los Judíos. Así que cuando a la gente viva se la interrogó acerca de sus hábitos como fumadores, una fuerte tendencia existió para minimizar la cantidad que consumían. Simple complacencia con lo que debería ser un “buen alemán” – como su líder Adolf Hitler que dictaba no fumar, o al menos, no fumar demasiado – y los alemanes de aquel momento eran muy complacientes.

    (Fuente: The Nazi War on Smoking – Lauren A. Colby)

    Comenta Colby finalmente no sin cierto tenor hilarante: “Mientras que Proctor puede haber considerado que esto es una ‘exquisita pieza de erudición’, yo disiento. Para mí, esto es ‘una pieza de estupidez’ “. Y debo decir que coincido con Cosby, este trabajo ha sido muy convenientemente sobrevalorado.

    Hay dos puntos esenciales a la hora de darle un valor acertado a este estudio. El primero de ellos se deriva de una cuestión general: las enormes limitaciones en cuanto a exactitud brindada por los estudios epidemiológicos de esta naturaleza. En estudios como estos nada es medido con exactitud, empezando por el hecho de que las unidades de medida no son bien definidas.

    Presten atención a los comentarios de este bloguista:

    […] Tome el ejemplo de la unidad “cigarrillo”, de acuerdo al cual algunas personas fuman 10 o 20 al día. ¿Cuál es el cigarrillo estándar mantenido en condiciones controladas en las bóvedas de algún laboratorio del gobierno en Francia o Suiza? [NdA: el autor de este texto hace alusión al metro patrón]. La respuesta es que no existe tal cosa. Un cigarrillo es cualquier cosa que luzca como un cigarrillo. Puede ser extra largo, con o sin filtro, o enrollado a mano, y puede haber una gran variedad de tabacos con diversas intensidad. En un estimado mío tiempo atrás, pensaba que dos o tres de mis finos cigarrillos armados a mano podía equiparar a un extra largo de los fabricados. Así que estamos lidiando con una “unidad-cigarrillo” la cual puede variar en tamaños en un factor de 3 al menos, y muy posiblemente más. Esto equivale a tener una conjunto de reglas en donde las pulgadas utilizadas para medir algo son tres veces más grandes que las usadas para medir otra cosa.

    (Fuente: The CATCH Debate Recalled – El Blog de Frank Davis)

    Piense en el cuestionario de Müller. ¿Le parece a usted que las respuestas puedan ser precisas o dar una idea real del consumo? Sigamos un poco más con los interesantes comentarios de este bloguista:

    ¿Y que significa “fumar” un cigarrillo? Esto puede abarcar todo tipo de formas de fumar, desde sentarse con un cigarrillo encendido descansando en un cenicero o entre los dedos […], a algo que es inhalado hacia los pulmones dando bocanadas profundas, perdiéndose en el aire apenas unos microgramos del humo del cigarrillo. Y entre estos dos hay todo tipo de diferentes formas de fumar un cigarrillo las que abarcan desde inhalar todo el humo del cigarrillo, a inhalarlo mezclado con aire […]. De este modo “fumar” un cigarrillo puede incluir desde inhalar la misma cantidad de humo que un “fumador pasivo” a inhalar diez o cien veces más.

    (Fuente: The CATCH Debate Recalled – El Blog de Frank Davis)

    ¿Interesante no? ¿Qué nivel de confianza puede ofrecernos un estudio como el realizado por Müller? Es más, ¿que nivel de confianza puede tener cualquiera de los estudios que le siguieron, los que esencialmente fueron muy similares (Eberhard Schairer y Ernst Schöniger en 1943, Richard Doll y A. Bradford Hill en 1950 por ejemplo)?

    Retomando con el segundo punto en relación a darle el valor que le corresponde al estudio de Müller, aquí quería señalar un asunto que es de carácter individual respecto a este estudio en particular. El cuestionario es difuso y pretencioso. Veamos como nos lo explica el mismo bloguista citado en párrafos anteriores:

    […] No tengo idea de cuántos cigarrillos fume ayer, o la semana pasada, o el último año – debido a que no llevo la cuenta de ello. Lo mismo para el número de cervezas que bebo, libros que leo, o paquetes de nueces que como. Si me Interrogan en esta línea de preguntas esto no va a producir cualquier tipo de cifras exactas. Y preguntándole a alguien más sobre mis hábitos tampoco va a producir ningún valor exacto. No hay posibilidad de que alguien sea “numéricamente preciso”.

    (Fuente: The CATCH Debate Recalled – El Blog de Frank Davis)

    Si sumamos a esto todo lo señalado anteriormente tenemos como resultado que, tanto este estudio como otros análogos, aportan prácticamente nada de información científicamente útil ni relevante.

    No está de más recordar que si viviéramos en un mundo fantástico y por un extraño avatar del destino estos estudios tuvieran algún valor, lo único que hubieran logrado demostrar es que hay una correlación entre el tabaco y el cáncer de pulmón. Nada pueden afirmar sobre una relación causal, aunque como “agentes representantes” de la mala práctica científica desde el primer momento han concluido sin más datos que los expuestos hasta ahora, que el tabaco es la principal causa de muerte por cáncer de pulmón.

    Una hipótesis alternativa

    Volvamos al Profesor Proctor un poco más. Observe la siguiente gráfica adjuntada por Proctor en su artículo “Tobacco and the global lung cancer epidemic” (“El tabaco y la epidemia global de cáncer de pulmón“).

    © Proctor
    Tobacco and the global lung cancer epidemic

    Parece evidente la correlación ¿no? Aumenta el consumo de tabaco y aumenta el cáncer de pulmón. Ahora veamos las gráficas de abajo en la cual sólo hemos hecho una ampliación de estas mismas gráficas.

    Mismo período de ambas gráficas y el correlato parece perderse. Si observa bien en la gráfica de arriba (la de consumo de tabaco) el punto en donde parece haber un cambio significativo de la tendencia es poco antes de 1910. Si ahora observa la gráfica de abajo (la de cáncer de pulmón) el punto donde parece surgir un crecimiento desmesurado cambiando la tendencia previa es aproximádamente a mediados de la década del 40.

    Ahora bien, usted podría pensar que 35 años después de comenzar el período de aumento significativo del consumo de tabaco podrían aparecer las consecuencias, es decir un aumento significativo del cáncer de pulmón, y en tal caso yo debería decirle que sí, es posible. Pero ¿acaso es esto probable? Nada fácil de comprobar, claro está, y le aseguro que no hay ningún estudio científico serio que haya sugerido tal cosa, sólo abundan los mismos y repetitivos análisis estadísticos que lo máximo a lo que han podido aspirar es a reforzar una correlación. No existe trabajo en laboratorio que pueda siquiera sugerir un sutil vínculo entre ambas variables.

    Y lo más interesante es que existen otras hipótesis más plausibles que explican estas gráficas con un buen soporte científico y pruebas de laboratorio concretas. Exploremos un poco una de ellas.

    © Wikipedia
    Los tests de armas nucleares atmosféricas prácticamente duplicaron la concentración de C 14 radioactivo en el hemisferio norte.

    El 16 de julio de 1945 se llevó a cabo uno de los experimentos más irresponsables y catastróficos hecho por nuestra moderna civilización: el Trinity Test. Esta fue la primera de una serie de detonaciones de dispositivos nucleares. En aquella ocasión como parte del Proyecto Manhattan se detonó en el desierto de Nuevo México una bomba nuclear – bautizada con el nombre de Trinity – que contenía dos semiesferas de plutonio de un peso total de 6.8 kg y una potencia aproximada de 20 kilotones. Sólo citado como dato adicional, 21 días después se soltó una bomba de similares características sobre la ciudad Japonesa de Hiroshima, y 3 días más tarde sobre Nagasaki. Como resultado de ambos eventos entre 115000 y 165000 personas fueron exterminadas en segundos.

    El Trinity test fue la primera de cientos de detonaciones de dispositivos nucleares. Sólo entre 1945 y 1996 fueron llevadas a cabo 2050 explosiones nucleares. Vea esta “bonita” tabla de doble entrada para tener el detalle de quiénes lo hicieron y cuándo. En ella puede contabilizar más de 500 pruebas nucleares atmosféricas realizadas hasta el año 2006.

    Cada una de estas explosiones ha provocado la dispersión en la atmósfera de material radioactivo con un potencial de daño para la salud muy alto. Este polvo radioactivo nuclear (en inglés Nuclear Fallout) también conocido como Lluvia Negra “es el residuo radioactivo de material lanzado al interior de la atmósfera superior tras una explosión nuclear o una reacción nuclear conducida sin una adecuado apantallamiento o blindaje, llamado [en inglés] fallout debido que que “cae” [NdE: del inglés falls out] del cielo después de que la explosión y la onda expansiva se haya disipado. Comúnmente refiere al polvo radioactivo y a las cenizas creadas cuando un arma nuclear explota, pero dicho polvo radioactivo puede ser también generado por una planta nuclear dañada. Este polvo radioactivo, consistente en material directamente vaporizado por la explosión nuclear o cargado por la exposición, es un especie altamente peligrosa de contaminación radioactiva” (de wikipedia).

    Más adelante en el mismo artículo de wikipedia puede leerse:

    Después de la detonación en el aire del dispositivo, los productos de la fisión, material nuclear sin fisionar, y los residuos vaporizados del arma por el calor de la bola de fuego, se condensan en una fina suspensión de pequeñas partículas de 10nm a 20µm de diametro. Esas partículas rápidamente se elevan hasta la estratósfera, particularmente si la potencia de la explosión excede los 10 kilotones.

    Al principio poco se sabía sobre la dispersión del polvo radioactivo nuclear a escala global. La AEC (Comisión de Energía Atómica de los EE.UU.) asume que este polvillo podría ser dispersado igualmente a través del globo por los vientos atmosféricos y gradualmente asentarse sobre la superficie terrestre después de semanas, meses, e incluso años, por todo el mundo. Productos nucleares que fueron depositados en el hemisferio norte se han vuelto “mucho más peligrosos de lo que ellos originalmente estimaron”.

    (Fuente: Nuclear fallout)

    Como se puede apreciar (aunque es posible entrever en mucho del material disponible una cierta intención de minimizar la importancia del asunto por parte de los organismos de regulación y cierta camarilla científica), las implicancias de todas estas pruebas nucleares realizadas durante la segunda mitad del siglo XX – especialmente las atmosféricas – son muy graves. El material utilizado en la mayoría de ellas como masa fisionable es el plutonio-239.

    Espero no aburrirlo pero permítame hablarle brevemente sobre este elemento químico y sus singulares propiedades. El plutonio es un metal muy raro e inusual en la naturaleza. La mayoría del plutonio utilizado es fabricado por el hombre y se obtiene por absorción neutrónica de uranio-238. El plutonio-239 está sometido constantemente a un proceso natural de descomposición o decaimiento a través del cual libera energía. Esta energía irradiada es llamada radiación. Durante el decaimiento del plutonio-239 se libera tres radiaciones distintas: alfa, beta, y gama. Las partículas alfa pueden atravesar distancias muy cortas; por ejemplo cuando se depositan sobre la piel no pueden atravesar el espesor de la misma. Las partículas beta tienen la capacidad de penetrar un poco más que las alfa de modo tal que pueden ingresar pocos milímetros en un tejido humano. Las partículas gama puede atravesar el cuerpo completo sin mayor inconveniente. El período de decaimiento del plutonio-239 es de 24000 años.

    El Dr. Arjun Makhijani del Instituto de Investigación de Energía y Medio Ambiente escribió lo siguiente contrariando quizá los intentos por menospreciar los efectos sobre la salud de la radiación consecuencia de las pruebas nucleares:

    La principal propiedad carcinogénica del plutonio-239 surge de la radiación alfa emitida. Las partículas alfa, siendo pesadas, transfieren su energía a otros átomos o moléculas en menos colisiones que los mucho más ligeros electrones los cuales son el medio primario para el daño que producen las radiaciones beta y gama. Las partículas alfa viajan sólo cortas distancias en el tejido vivo, bombardeando repetidamente las células y el tejido cercano. Esto resulta en un mayor daño biológico para la misma cantidad de energía depositada sobre tejido vivo.
    […]
    Una vez dentro del cuerpo, el plutonio-239 se deposita en tejidos blandos, en particular sobre el hígado, superficie de los huesos, la médula de los huesos, y otras áreas de los huesos no calcificadas, como también esas áreas que no contienen cartílago.
    […]
    Cuando [el plutonio-239] se deposita en el exterior del cuerpo, es menos dañino que las fuentes de radiaciones gama. Puesto que las partículas alfa transfieren su energía en cortas distancias, el plutonio-239 depositado sobre el cuerpo esencialmente transfiere toda su energía a la capa de piel muerta, donde no causa daño biológico.
    […]
    El mayor daño para la salud provocado por el plutonio-239 es al inhalarlo, especialmente cuando está en la forma insoluble de óxido de plutonio-239.
    […]
    Cuando partículas grandes de plutonio-239 son inhaladas, tienden a quedar atascadas en el vello nasal; esto evita el pasaje a los pulmones. Pequeñas partículas llegan hasta los tubos bronquiales y el interior del pulmón, donde se alojan, irradiando el tejido cercano.

    (Fuente: Health Effects of Plutonium– Arjun Makhijani)

    Hasta aquí tenemos una pista de cómo es que el plutonio-239 afecta a un organismo vivo. Son las muy pequeñas partículas alfa las que tienen el mayor potencial de daño. Como anteriormente fue señalado, explosiones de más de 10 kilotones pueden generar partículas de hasta 20µm. También, como ya se ha establecido, estas partículas se desplazan grandes distancias para luego descender a la superficie terrestre donde inocentemente pueden ser inhaladas por cualquier ser vivo.

    Más adelante en el mismo artículo el Dr. Makhijani agrega:

    El efecto sobre la salud de el plutonio ha sido estudiado primariamente a través de experimentos de laboratorio hechos sobre animales. Algunos análisis se han hecho también sobre trabajadores y no trabajadores expuestos a contaminación con plutonio. La medición de la carga de plutonio usando contadores de pulmón o contadores de cuerpo entero, conjuntamente con el seguimiento de los individuos expuestos, ha provisto información que es complementaria a los datos experimentales y los análisis. […]

    Experimentos sobre [perros] beagles ha demostrado que una pequeña cantidad de plutonio en la forma insoluble producirá cáncer de pulmón con una probabilidad cercana al 100%. Cuando estos datos son extrapolados a los humanos, se establece que la dosis letal de carga de plutonio en los pulmones es de aproximadamente 27 microgramos. Dicha extrapolación a partir de animales, por supuesto, tiene un grado de incerteza. Sin embargo, es seguro asumir que unas cuantas decenas de microgramos de plutonio-239 en el pulmón incrementaría drásticamente el riesgo de contraer cáncer de pulmón. Más grandes cantidades de plutonio producirán problemas de salud en el corto plazo también.

    (Fuente: Health Effects of Plutonium– Arjun Makhijani)

    El Dr. Makhijani reconoce también que hay todavía un gran nivel de incerteza en los estudios realizados pues una vez inhalado en su forma insoluble es muy difícil de medir la carga de plutonio-239 en el organismo. A su vez, como hemos señalado al principio de este artículo, los estudios deben hacerse tomando en consideración otras variables o factores que también es posible que tengan algún nivel de influencia sobre los resultados. El Dr. destaca alguno de ellos como el rango amplio de respuesta por parte del organismo humano (dos sujetos distintos pueden tener respuestas muy disímiles a una misma dosis, o la misma dosis puede producir cargas diferentes de plutonio en el organismo), el hábito de fumar tabaco, la incerteza de algunos datos como el tiempo de inhalación, exposición a otras agentes carcinógenos, y otros tantos. Está claro que para el Dr. Makhijani no se puede conducir una investigación seria si no se trabaja con rigurosidad científica y se analizan los múltiples factores involucrados. Esto es justamente lo que no han hecho los científicos ensañados contra el tabaco; no han respetado los más mínimos cánones científicos, y se han lanzado a hacer afirmaciones categóricas sobre el efecto carcinógeno del tabaco sin el más minúsculo indicio serio.

    Hasta aquí hemos podido ver que respecto al plutonio-239 sí se ha demostrado en laboratorio que produce cáncer de pulmón y en tasas horrorosamente altas. Recuerde que en cambio sobre el tabaco, después de décadas de estudios e inversiones millonarias por parte de gobiernos y organismos de salud, no han logrado provocar ni siquiera una mínima carraspera en animales de laboratorio. Este no es un dato menor. Debemos ser responsables y aceptar en aras de la buena ciencia que no hay pruebas aún para culpar completamente al plutonio ni a los experimentos nucleares, pero también respetando este compromiso debemos entender que hay infinitamente menos evidencia que señale que el tabaco deba ser el condenado a la silla eléctrica.

    Todavía nos resta buscar una explicación racional para el incremento abrupto en la primera década del siglo XX del consumo de tabaco. Como se mencionó en párrafos anteriores el tabaco, para las culturas antiguas y para el hombre civilizado hasta la aparición de la moderna campaña contra esta planta, fue considerada una hierba medicinal de usos múltiples. Hemos expuesto varios indicios de índole científicos que apuntan en este sentido y hasta cierto punto explican el efecto balsámico del uso del tabaco por su función como desinflamante por la activación de los receptores nicotínicos y la acetilcolina, así como también hemos sugerido que falta mucho por investigar al respecto y que es posible que en el humo del tabaco haya otros químicos que resulten igualmente beneficiosos para el organismo humano y que sea la acción sinérgica de todos estos químicos sumado a la genética particular de cada individuo el que determine el efecto final sobre cada organismo vivo.

    No son pocos los científicos que han observado y señalado repetidas veces que el consumo de tabaco alivia la tos y otras afecciones de las vías respiratorias. Hay abundante evidencia que permanece marginal por el enorme barullo provocado por las reacciones histéricas de los modernos cruzados y la ciencia cómplice que olvidó su verdadera misión.

    Considere por ejemplo lo expuesto en este artículo respecto a la gripe porcina y la acción de la nicotina:

    La nicotina tiene un efecto antiinflamatorio a través del nervio vago, el cual es útil contra muchas enfermedades, y quizá pueda bloquear la tormenta de citoquinas provocada por la gripe porcina H1N1.

    La nicotina estimula la vía colinérgica antiinflamatoria. Al final de esta vía están las células inmunes que producen citoquinas antiinflamatorias que bloquean la inflamación. Así, la nicotina, aunque es uno de los químicos más adictivos, puede tener un efecto benéfico sobre enfermedades inflamatoria como la artritis, el asma, cáncer, enfermedades inflamatorias de los intestinos, y quizá H1N1.

    (Fuente: http://forum.prisonplanet.com/index.php?topic=126834.0)

    Como puede observarse este artículo sigue la misma línea que otros tantos similares citados párrafos arriba: no pueden evitar hacer referencia a las más que obvias propiedades benéficas de la nicotina, pero por miedo, inercia, ignorancia, o simple adhesión a los dogmas de la ciencia mainstream, luego de semejante atrevimiento, arrancan con toda la retórica típica de los detractores del tabaco. El hecho concreto e innegable es que no puede discutirse el efecto antiinflamatorio consecuencia del consumo de tabaco. Respecto a la adicción a la nicotina mencionada en la cita téngala presente, pronto hablaremos de ella.

    Volviendo a la gráfica que muestra un aumento pronunciado del consumo de tabaco en la primera década del siglo XX, si encontráramos algún factor o varios factores que hubieran incrementado las afecciones respiratorias – incluso aquellas de menor importancia – sería posible establecer una posible causa para el aumento en las tasas de fumadores. El alivio que producía el consumo de tabaco quizá operó como el resorte que naturalmente impulsó este incremento.

    No es un secreto que el problema de “contaminación del aire a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX fue el humo y ceniza producidos por la quema de combustibles fósiles en las plantas estacionarias de energía. La situación empeoró con el creciente uso del automóvil. Con el tiempo, se presentaron episodios importantes de salud pública a causa de la contaminación del aire en ciudades como Londres, Inglaterra y Los Ángeles, en los Estados Unidos (http://www.ingenieroambiental.com/?pagina=1059).

    Podemos considerar como una interesante posibilidad el hecho de que en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX la industrialización de las grandes ciudades inició un proceso de sobrecarga del aire que rodeaba a estas urbes con pequeñas partículas, que al acumularse comenzaron paulatinamente a transformarse en un agente agresivo para las vías respiratorias provocando así una variedad de afecciones y molestias.

    No hay estudios científicos al respecto (o al menos no he encontrado ninguno) pero esta hipótesis es lo suficientemente válida como para hacer que se reconsidere el puesto de la remendada hipótesis del tabaco de ganador indiscutido solitario en el podio como madre de todos los males humanos.

    No veo, no oigo, no hablo…

    El activista anti-tabaco seguramente no entenderá este subtítulo. Por lo general los activistas son negacionistas, están diciendo que “no” con la cabeza antes de escuchar cualquier argumento, revisar cualquier evidencia, o analizar un paquete de pruebas. Es tal el compromiso emocional que tienen asumido con su “indiscutible” posición que no están dispuestos a reconsiderar desplazar su perspectiva siquiera unos “milímetros” de su centro de gravedad. El dogma abrazado de este modo tiene un efecto hipnótico, cegador sobre sus adherentes. A tal punto esto es cierto que enfrentados con hechos contundente que ponen en tela de juicio su devoción cuasi religiosa, su psique entra en un estado de shock tal que tienden a deformar su percepción de la realidad hasta retorcerla por completo.

    Exploremos algunos de estos hechos “olvidados” que en teoría son imposibles bajo el lente de la hipótesis oficial respecto de los “nefastos” efectos del tabaco sobre la salud.

    Vicabamba, una provincia pequeña y oculta de Ecuador, es una de las regiones más longevas del mundo. Allí vivir hasta los 110, 120 y hasta los 140 años de edad es normal. Lo más extraordinario es que los médicos no tiene absolutamente nada que ver con esta proeza. Los habitantes de aquel lugar, bautizado con el nombre de El Valle de la Longevidad, mantienen viva desde tiempos remotos una singular tradición: el chámico.

    El chámico es un cigarro elaborado íntegramente por los nativos de aquel lugar. Ellos cultivan el tabaco, lo cosechan, secan las hojas al sol, la pican manualmente a fuerza de machete, y arman los cigarros con papeles de unos 5cm. La planta durante el cultivo no se fumiga ni se usa ningún tipo de químico, es tabaco 100% natural. La gente de esta región fuma casi toda su vida y en abundancia.

    Claro que no estoy afirmando alegremente que el tabaco es la fuente de la eterna juventud o una planta milagrosa. Hacerlo sería cometer los mismos “pecados” que la ciencia oficial: sacar de la galera relaciones causales sin suficiente evidencia. La realidad es que muy posiblemente la férrea salud de estos hombres se deba a la combinación de varios factores entre los que probablemente se encuentre el tabaco.

    Pero lo visto en Vicabamba no es único en el mundo. El Dr. William T. Whitby cuenta en su libro:

    Los Semai de Malasia fuman desde la primera infancia. El Dr. Calwell reporta en The British Medical Journal (26 de febrero de 1977) que en recientes estudios con rayos-x 12000 [sujetos] fueron examinados y ninguno mostró cáncer de pulmón.

    (Fuente: Smoking is good for you p.84)

    Vea el video. Le advierto que si usted se encuentra bajo el influjo de la corriente oficial respecto al daño del tabaco, el video puede impresionarle un poco.

    Otro hecho curioso que ocurrió durante la gran peste que asoló Londres entre los años 1665 y 1666 llega a nosotros gracias al relato de A. J. Bell. Escribió alrededor del año 1700:

    Aquellos que se quedaron en Londres hicieron todo lo posible para protegerse de la peste. Ya que nadie sabía su causa, la mayoría se basaba en supersticiones. En 1665 el Colegio de Médicos emitió una directiva que el azufre ‘bien quemado’ estaba recomendado como cura para el aire malo que causaba la peste. Aquellos que trabajaban en la recolección de cuerpos frecuentemente fumaban tabaco para evitar contagiarse de la peste.

    Para las desinfecciones personales nada recibía más apoyo que el tabaco; la creencia en el mismo era general, e incluso a los niños les hacían encender un poco en pipas. Thomas Hearnes recuerda a Tom Rogers diciéndole que cuando iba a la escuela en Eton el año que arrasó la gran peste, todos los niños fumaban allí obligatoriamente, y que él nunca fue azotado tanto en su vida como lo estuvo una mañana por no fumar. De allí en adelante era una tradición que todo aquel que tuviera un comercio de tabaco no tendría la peste”

    (Fuente: Citado en “Pestilencia, la gran peste, y la cura del tabaco“)

    Otra “anomalía” rotundamente ignorada es el singular hallazgo del Dr. William Weiss reportado en Journal of Occupational Medicine de marzo de 1976:

    El Dr. William Weiss de Filadelfia, encontró lo que dio por llamar “una llamativa relación inversa entre fumar y la incidencia de cáncer de pulmón” entre los trabajadores sometidos a clorometil metil eter (CMME), un químico común.

    Weiss teoriza que los agentes inhibidores de tumores en el humo del cigarrillo pueden neutralizar la carcinogenicidad (habilidad para producir o incitar el cáncer) del químico. Esos agentes, a sabiendas de los científicos que se encuentran en el tabaco, son rara vez mencionados en la vasta literatura anti-tabaco.

    Esto pone en evidencia nuevamente la complejidad del cáncer de pulmón, enfatizando el hecho de que los científicos quienes culpan sólo al cigarrillo quizá deban abandonar su oportuna y confortable teoría.

    (Fuente: Heavy Smokers – Less Lung Cancer – William Weiss)

    Estos son sólo algunos de los tantos indicios que desafían los “slogans” oficiales sobre el efecto destructivo del tabaco. No se pretende en este artículo dar respuestas definitivas al asunto, simplemente estamos tratando de despertar en el lector al menos una duda razonable sobre todo este asunto. Está claro que las simples ecuaciones que la ciencia anti-tabaco clama poseer como si fueran el caldero al final del arcoiris, definitivamente no explican un universo significativo de datos objetivos, que al mantenerlos marginados de sus teorías crean un abismo insalvable entre estas dudosas hipótesis y la Verdad.

    Nicotina: el medicamento excomulgado

    Así es, la vapuleada nicotina, por sus propiedades, es una sustancia medicinal. El hecho es que ha sido excomulgada rebajándola a la categoría de veneno mortal por el antojo maquiavélico de un puñado de hombres que se benefician por su condena, apoyados por un ejército de seguidores necios – en el mejor de los casos – que operan como los agentes de campo en una persecución con fuertes reminiscencias a Inquisición.

    Pero la ciencia, incluso aquella ciencia que condena al cadalso al desamparado tabaco, sabe con certeza que la nicotina, como hemos señalado en párrafos anteriores tienen fantásticas propiedades. Quienes la culpan han montado su caso contra ella gritando con fervor y enojo hacia los cuatro vientos que la nicotina genera adicción. Pues bien, hablemos un poco acerca de este tema.

    Empecemos por decir que si usted busca en Internet información sobre la nicotina y la adicción a esta sustancia va a encontrar millones de páginas repitiendo como loritos que la nicotina mata y es adictiva. Claro que puede matar, como casi cualquier sustancia que se consuma en dosis fuera de los rangos tolerables. La ingesta de 1g de cafeína, por ejemplo, tendría consecuencias fatales. No por eso usted deja de tomar café o té. Pero la saña contra la nicotina lo puede todo, así que los perseguidores repetirán hasta el cansancio – y posiblemente nunca se cansen – que la nicotina mata y es adictiva.

    Respecto a la adicción, aunque parezca que ésta es un hecho consumado, permítame mostrarle cómo la ciencia realmente no sabe en absoluto si la nicotina es adictiva o no. De hecho hay serios indicios apuntando a que no lo es. Al final de un breve artículo publicado en News Medical puede leerse:

    Técnicamente, la nicotina no es significativamente adictiva; como nicotina administrada sola no produce un significativo efecto de refuerzo. Sin embargo, sólo después de la co-administración con IMAO [NdE: inhibidores de monoamino-oxidasa], los cuales se encuentran en el tabaco, la nicotina produce una sensibilización conductual significativa, lo que constituye una medida de potencial adicción.

    (Fuente: News Medical – Nicotine Effects)

    Bueno, parece ser que no hay tanto consenso como quieren hacernos pensar. Investigando un poco más me encuentro con una carta del Profesor Robert Molimard, pionero francés en la investigación sobre el tabaco, dirigida a la French High Health Authority (HSA) que dice lo siguiente:

    Ove Ferno, un químico sueco de la empresa LEO, relató en una entrevista la aventura del desarrollo del parche de nicotina, desde 1967 hasta la patente en 1978. Basado en la auto-observación, se convenció de que la nicotina era el factor de la dependencia del tabaco. A pesar de que el equipo de Russell en Londres ya estaba cuestionando esta teoría.

    De hecho, la simple observación podría poner en duda suficientemente que la nicotina sola explique la poderosa dependencia del tabaco.

    Usualmente, cuando un químico aísla una molécula activa de una planta adictiva, los drogadictos se apoderan de ella rápidamente (morfina a partir del opio, cocaína de la hoja de la planta de coca, tetrahidrocannabinol a partir del cannabis, etc). Hemos conocido a la nicotina por siglos y medio. Ha sido extraída, sintetizada, usada como insecticida, y aún no hemos visto su uso con propósitos adictivos. Durante las guerras, cuando el tabaco fue raro y su disponibilidad limitada, no tuvimos reportes de que la adicción a la nicotina haya generado el consumo de hojas secas, ajenjo, nueces o alguna otra cosa como sustituto del tabaco. Bajo las mismas condiciones, el contrabando o cualquier tipo de tráfico de nicotina no ha sido nunca reportado.

    (Fuente: The myth of nicotine addiction – Robert Molimard)

    Interesante punta de ovillo para tironear. Veamos. Según Molimard existía un equipo en Londres que parecía poner al menos en cuestión el poder adictivo de la nicotina. Investigando apareció rápidamente un documento de 1977 firmado por Kumar R, Cooke EC, Lader MH, Russell MAH. titulado “Is nicotine important in tobacco smoking?” (algo así como “¿Es la nicotina importante en el hábito de fumar tabaco?”). En el documento Russell y su equipo relatan como L. M. Johnston en un trabajo realizado en 1942 había comprobado que la nicotina era la responsable de la adicción al tabaco:

    […] En 1942 Johnston comentó que cuando al fumador común y corriente le fue dada una inyección hipodérmica de nicotina, casi invariablemente sintió una sensación de placer, y dada una adecuada dosis, desistió de fumar por algún tiempo. El mismo autor también se inyectó a sí mismo repetidamente con nicotina, y comenzó a preferir la inyección a inhalar un cigarrillo. Más adelante experimentó algunos síntomas de abstinencia cuando dejó de administrarse las inyecciones.[…]

    (Fuente: Is nicotine important in tobacco smoking?Russell et al.)

    Lo interesante de todo esto es que el equipo de Russell diseñó un experimento científicamente más riguroso para confirmar los hallazgos de Johnston, y se encontró con una sorpresa. En el documento lo relata así:

    […] Con el fin de confirmar esos hallazgos y extender la valoración del rol de la nicotina en el hábito de fumar, ideamos un experimento de laboratorio el cual permitiría el continuo y automático registro de la exhalación del humo y también la medición de varios parámetros fisiológicos. Las unidades así medidas fueron de este modo obtenidas a partir del humo exhalado antes que por la cantidad de cigarrillos fumados [NdA: recuerde que hablamos de esto anteriormente; este detalle en el diseño del experimento da un indicio de la seriedad del mismo]. Debido a que la nicotina tiene una vida media relativamente corta, fue posible examinar los efectos de fumar diferentes dosis de nicotina durante una simple sesión. Una de las importantes características del diseño del estudio fue que secretamente reducía la posibilidad de que predominen influencias de hábitos y rituales propios de fumar cigarrillos. [Pero] algo inesperado ocurrió, nuestros resultados no apoyaron la hipótesis de que los fumadores son dependientes de la nicotina y por ende necesitan dosis de ella.

    (Fuente: Is nicotine important in tobacco smoking?Russell et al)

    Luego el documento explica el diseño del experimento. No tiene sentido copiar todo aquí pero recomendamos su lectura para poder tener una buena idea de la rigurosidad del mismo.

    Debo aclararle al lector que el equipo de Russell no hizo este experimento para defender al tabaco ni mucho menos. Su intención primaria era, como parte de la lucha contra el tabaco, validar que el uso de parches de nicotina o de cigarrillos con menos nicotina, podría ser de ayuda para abandonar el hábito de fumar. Sorpresivamente nos encontramos aquí con un increíble caso de ética científica, sinceridad, y respeto por la Verdad. El equipo de Russell debió haberse sentido muy decepcionado al concluir que “la justificación para adoptar dichas medidas [los parches o cigarros con menos nicotina] carecen de sentido puesto que el rol de la nicotina y los mecanismos farmacológicos de refuerzo del hábito de fumar permanecen prácticamente sin explorar“.

    Para serle sincero cuando leí el documento de Russell y compañía no pude evitar emocionarme y alimentar por un momento una sentimiento esperanzador; aún hay gente honesta en este mundo patas para arriba, sujetos con entereza dispuestos a mirar los hechos objetivos cara a cara a pesar de que éstos derrumben por completo sus creencias, ideales, o expectativas. A nuestra devaluada humanidad le caería muy bien unas cuantas dosis de personas como estas.

    El equipo de Russell tienen una serie de estudios muy interesantes sobre la nicotina que creo que valdría la pena explorar, pero lamentablemente el limitado alcance de este artículo impide que vayamos más allá. Le dejo aquí al lector las referencias por si desea investigar más al respecto:

    • Russell Mah, Wilson C., Feyerabend C., Cole PV.. Effect of nicotine chewing gum on smoking behaviour and as an aid to cigarette withdrawal. Br Med J 1976; ii: 391-393. PubMed
    • Russell Mah, Feyerabend C., Cole PV.. Plasma nicotine levels after cigarette smoking and chewing nicotine gum. Br Med J 1976; i: 1043-1046. PubMed
    • Russell Mah, Sutton Sr, Feyerabend C., Cole Pv, Saloojee Y.. Nicotine chewing gum as a substitute for smoking. Br Med J 1977; i: 1060-1063. PubMed
    • Russell Mah, Raw M., Jarvis MJ.. Clinical use of nicotine chewing gum. Br Med J 1980; 280: 1599-1602. PubMed
    • Raw M., Jarvis Mj, Feyerabend C., Russell Mah. Comparison of nicotine chewing-gum and psychological treatment for dependent smokers. Br Med J 1980; 281: 481-484. PubMed
    • Jarvis Mj, Raw M., Russell Mah, Feyerabend C.. Randomised controlled trial of nicotine chewing-gum. Br Med J 1982; 285: 537-540. PubMed
    • Fee Wm, Stewart MJ.. A controlled trial of nicotine chewing-gum in a smoking withdrawal clinic. Practitioner 1982; 226: 148-151. PubMed
    • Schneider Ng, Jarvik Me, Forsythe Ab, et al. Nicotine gum in smoking cessation A placebo-controlled double-blind trial. Addict Behav 1983; 8: 253-261. CrossRef | PubMed
    • Russell Mah, Merriman R., Stapleton J., Taylor W.. Effect of nicotine chewing gum as an adjunct to general practitioners’ advice against smoking. Br Med J 1983; 287: 1782-1785. PubMed

    Si ve los títulos verá que este equipo tenía un especial interés en colaborar con la causa contra el tabaco y arrojar luz sobre el mejor modo de abandonar “el vicio”.

    Volviendo a poner a la nicotina en el banquillo de los acusados nos encontramos con Peter Killen, profesor emérito en el College of Liberal Arts and Sciences que al presentar los hallazgos de su investigación al National Institute on Drug Abuse dijo: “[El tabaco] es la causa evitable número uno de muerte en las naciones en desarrollo, […] la mitad de las personas que son fumadores de muchos años morirán de enfermedades relacionados al cigarrillo”. ¿Categórico no? Claramente este hombre se adhiere a la corriente oficial anti-tabaco repitiendo la misma canción que muchos otros. Aún así más adelante dice: “Vengo con un descubrimiento shockeante: no existe tal cosa como la adicción a la nicotina“. ¡Guau! ¿No se lo esperaba no? Mire como sigue: “Los estudios han probado que ninguna de las terapias de reemplazo – parche, goma de mascar, inhaladores – son adictivas. La nicotina no es adictiva. ¿Qué está pasando entonces?” (Fuente: Professor: Nicotine does not cause cigarette addiction). Él mismo contesta la pregunta afirmando que los responsables de la adicción son los inhibidores de monoamino-oxidasa (IMAO) de los que ya hemos hablado. Sería interesante explorar esta hipótesis pero excede por mucho el alcance de este artículo. Nuestra intención fundamental aquí es que el lector tome conciencia de que sentencias incuestionables de la ciencia no son ni tan incuestionables ni tan comprobadas como se esfuerzan en hacernos creer.

    Más adelante en el mismo artículo el mismo profesor Killen agrega: “Nadie sabe que la nicotina no es adictiva. Esto afecta negativamente las investigaciones y la opinión pública”. Totalmente cierto. Como todas las demás afirmaciones “indiscutibles” elevadas a la fuerza a categoría de axioma, la mentira – porque afirmar que algo incierto es una verdad indiscutible es mentir – es como una plaga implacable que se extiende rápidamente por toda la sociedad aniquilando nuestras posibilidades colectivas e individuales de evolución y crecimiento. Bloquear el acceso a la Verdad es el arma de destrucción masiva más poderosa.

    Finalmente le dejo una reflexión. Cuando se habla de la “adicción al tabaco” hay una intención velada de desprestigiar al tabaco. El término adicción está fuertemente asociado a cosas como la cocaína, la heroína, el LSD, o los juegos de azar; todos ellos factores que tienen un efecto claramente negativo sobre la vida de quienes los padecen. Adicción es para muchos sinónimo de dependencia. ¿Pero puede simplemente decirse que algo es nocivo o perjudicial para un sujeto sólo porque éste depende de su consumo o administración periódica? ¿Acaso un diabético es adicto a la insulina? ¿Acaso un celíaco es adicto a no consumir gluten? Al fin y al cabo su vida depende de ello. ¿Somos adictos al aire porque necesitamos respirarlo para vivir? No se enoje, no pretendo instalar una discusión filosófica sobre qué es la adicción. Simplemente estoy tratando de decir que si una sustancia no hace daño, más aún, si una sustancia es beneficiosa, ¿es importante si quien la consume la necesita? Si una sustancia no produce deterioro cognitivo, ni pérdida de control, ni afecta la capacidad de percibir la realidad tal cual es ¿es justo condenarla por el hecho de que quien la consume la necesita para estar saludable? Piénselo.

    Hemos visto a lo largo de este artículo cómo realmente no hay nada que pueda condenar a cadena perpetua al tabaco. Algunos datos circunstanciales con un origen cuando menos dudoso han sido suficiente para que casi el mundo entero lo considere un veneno al que debe erradicarse de la faz de la tierra. Pero hay claros indicios de que la cuestión del tabaco puede ser completamente diferente. No está probado su potencial dañino, no está probada su adicción, y, aunque no hay pruebas concluyentes, existe abundante evidencia de sus efectos benéficos.

    Epitafio

    No, no equivoqué el término, no confundí “epílogo” con “epitafio”. Lamento decirle al final de este artículo que estas pocas palabras se parecerán más a un epitafio que a un epílogo. Son las palabras dedicadas a un muerto. El difunto en este caso es la ciencia. Y si no murió aún, está agonizando gracias a que una pandilla de delincuentes hace décadas le viene propinando una buena paliza y la ha mandado derecho al hospital.

    La realidad es que lo que más duele de todo lo expuesto no son las mentiras sobre el tabaco, sino lo que éstas mentiras significan. Significan que a buena parte de los científicos del mundo no les interesa el conocimiento, no sienten verdadera vocación por hallar las respuestas, no sienten vocación por la Verdad. Y en gran medida la vida de miles de millones personas, desgraciadamente, está en manos de sujetos como estos.

    ¿Qué ocurre con la humanidad? ¿Qué es lo que pasa que no nos damos cuenta de toda la mentira que nos rodea? ¿Tan débiles somos que no podemos reaccionar? ¿Tan serviles somos que encima los ayudamos en su labor destructiva? ¿Tanto miedo tenemos que no podemos mirar cara a cara los hechos y darnos cuenta de que las explicaciones que nos dan sencillamente no sirven? … ¿Acaso tan dormidos estamos que no podemos darnos cuenta que si no reaccionamos a tiempo somos cómplices en su misión suicida y pereceremos todos juntos?

    Fuentes:

    Fuente:es.sott.net

     

     


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