No tenía ni idea de que había habido un Papa tan jóven:fué Inocencio III,que con 37 años asumió el cargo;atacó a los cátaros,que creían en la Reencarnación,y a propósito de la misma les dejó más abajo cómo la Iglesia católica-cristiana y a instancias de un Emperador romano(Justiniano)la fué digamos,quitando,de sus creencias o estatutos o como se diga.

Inocencio III

Inocencio III
Papa de la Iglesia católica
8 de enero de 1198 – 16 de julio de 1216
Innozenz3.jpg
Predecesor Celestino III
Sucesor Honorio III
Cardenales creados Véase categoría
Información personal
Nombre secular Lotario de los Condes de Segni
Nacimiento Anagni (Estados Pontificios), ha. 1161
C o a Innocenzo III.svg
Escudo de Inocencio III
Ficha en catholic-hierarchy.org

Inocencio III, (Anagni, (ha. 1161) – Perugia, 16 de julio de 1216). Papa n.º 176 de la Iglesia católica de 1198 a 1216.

Índice

Introducción biográfica

Noble de familia italiana, miembro de la familia Conti, su padre fue el conde Trasimundo de Segni. Por su procedencia estudió Teología en la Universidad de París y luego Derecho Canónico en Bolonia. Incluso antes de ser elegido papa ya era una personalidad respetable y connotada. Por esto fue nombrado Cardenal por el papa Clemente III, antecesor de Celestino III. Tras el fallecimiento de este último en 1198, en una votación unánime, Lotario de Segni (Inocencio III) fue elegido como Sumo Pontífice el 8 de enero de ese año por el Colegio cardenalicio, el cual vio más tarde satisfechas sus perspectivas para con Lotario. Parte de la gran energía que desplegó como Pontífice, se debe a haber sido un Papa inusualmente joven, no habiendo cumplido aún los 37 años al momento de su elección.

Su influencia no pasó inadvertida para nadie. Sus prédicas siempre fueron sustentadas en su propio ejemplo, su estilo de vida humilde dentro de la curia romana fue muy destacable. Además sus grandes dotes como diplomático permitieron adherir a Roma los territorios adyacentes de esta hasta Rávena, las Marcas, Ancona y el antiguo ducado de Spoleto. También es conocido por haber convocado el IV Concilio de Letrán en 1215, por medio del cual dictó un reglamento que dio forma a la Inquisición episcopal.

Estado de la Cristiandad al advenimiento de Inocencio

El Papado de Inocencio III se inició en medio de varias convulsiones sociales. En varias regiones de Europa, el Feudalismo estaba cediendo terreno a una nueva sociedad burguesa, en medio de la llamada revolución del siglo XII. A la vez, los estados nacionales se estaban fortificando, y los reyes, particularmente los de Francia e Inglaterra, se perfilaban como nuevos actores de importancia en el mapa político. En Oriente, la Cristiandad debía lidiar con la amenaza de un poder musulmán fortalecido por Saladino, que había conseguido desbancar a la Tercera Cruzada. Siendo la Iglesia Católica una de las entidades más poderosas de Europa, no podía hacerse oídos sordos a todos estos sucesos.

La propia Iglesia atravesaba por un período complejo. El impulso de los cistercienses, adalides de ésta durante el siglo XII, había decrecido, y nuevas doctrinas como la de los cátaros, valdenses y patarinos se estaban propagando. Era evidente que el nuevo Papa debería actuar con resolución para mantener el rol de la Iglesia.

Mentalidad

Tuvieron que ver con la mentalidad de Inocencio su origen noble y su formación como teólogo y jurista especializado en Derecho Canónico. Así, consideró que la Iglesia Católica tenía la plena potestad (“plenitudo potestatis“) sobre toda la Cristiandad. Basándose en el texto de Mateo 16,19 en que Cristo confiere las llaves del Reino de los Cielos a Pedro, afirmó la plena soberanía de la Iglesia incluso sobre el Emperador. Se reservaba Inocencio III intervenir en política cuando, a su juicio, hubiera razón de pecado (“ratione peccati“) en el actuar de los príncipes, puesto que éstos estaban para velar sólo por el bienestar físico de sus súbditos, mientras que el Papa estaba para velar por la salvación de las almas, empresa ésta más valiosa que la primera en términos morales.

Para demostrar este ideario en signos prácticos Inocencio III siempre prefería ser llamado con el título de Vicario de Cristo, por lo cual a su persona le incumbía el trato de los asuntos del cielo y de la tierra. Parece ser que fue el primero de los Papas que se proclamó con este título.[cita requerida]

Política internacional

Aprobación de la orden franciscana por Giotto.

Relaciones con el Imperio

Las ideas hierocráticas de Inocencio se vieron reflejadas a la muerte del Emperador Enrique VI, donde impuso su autoridad pontificia para autonombrarse como árbitro y calificador de los pretendientes al trono, aunque este anhelo había sido estampado anteriormente en su tratado “De contemptu mundi”. Sostenía que el Imperio procedía de la Iglesia no sólo “principaliter” (en su origen), sino también en sus fines (“finaliter“); por lo que, a pesar de que los príncipes electores alemanes tenían el derecho jurídico a nombrar un nuevo Emperador, esta elección debía ser ratificada por el Pontífice.

Sin embargo, su política respecto de Alemania siempre fue problemática. Promovió a Otón de Brunswick como “antiemperador” de la Casa Welf contra Felipe de Suabia, de la Casa Hohenstaufen, pero cuando este último fue asesinado en 1206 y Otón fue coronado en Roma como Otón IV, ambos se pelearon. Recurrió entonces Inocencio III a su pupilo, Federico II de Alemania, quien a la sazón gobernaba Sicilia. Otón invadió Italia militarmente, pero debió retirarse. Federico, a la vez, invadió Alemania. El desastroso resultado de la Batalla de Bouvines, que Otón libró contra Felipe Augusto de Francia, en 1214, selló su suerte, y Federico alcanzó la corona de Alemania, sin haberse desprendido de Sicilia, lo que puso al Papa en una situación incómoda, que Inocencio no alcanzó a resolver debido a su fallecimiento.

Otras relaciones europeas

Con respecto a Francia, Inocencio intervino en los problemas de Felipe II de Francia con su repudiada esposa. En este terreno, Inocencio consiguió convertir la hostilidad inicial de Felipe en una cooperación amistosa, que le valió su alianza contra Otón IV de Alemania. También Inocencio favoreció a Felipe invitándole a la Cruzada Albigense.

También intervino en la proclamación de Juan II Kalojan en Bulgaria.

En Castilla, este Papa declaró la Cruzada contra los almohades musulmanes, que sería organizada por el Rey Alfonso VIII de Castilla, y el Arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada, con participación de tropas de los reyes Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal, así como tropas de Órdenes Militares. Se obtuvo la decisiva victoria en la Batalla de Las Navas de Tolosa (Lunes 16 de julio de 1212). Los cruzados provenientes de otros estados europeos o ultramontanos, en su mayoría no llegarían a participar en la batalla, pues habían abandonado dado su desacuerdo con las órdenes de Alfonso VIII de tratar humanitariamente a los judíos y musulmanes de las localidades previamente conquistadas.

Tuvo también una dura controversia con Juan de Inglaterra, conocido también como Juan Sin Tierra. En 1205 falleció Hubert Walter, arzobispo de Cantórbery. Juan intentó nombrar un candidato, pero Inocencio decidió que tal cargo fuera ocupado por Stephen Langton, reputado teólogo de la Universidad de París. Ante la porfía de Juan, Inocencio lanzó el interdicto sobre Inglaterra en 1208, y la excomunión contra Juan en 1209. Juan resistió hasta 1213, y finalmente cedió ante los deseos de Inocencio, llegando incluso a reconocerse como vasallo de la Iglesia, como medida desesperada para evitar que los franceses pudieran invadir sus dominios (que ahora eran eclesiásticos).

Estos y otros asuntos políticos demostraron que Inocencio se sentía realmente un Rey de Reyes, con capacidad de arbitrio sobre la política europea.

Lucha contra los herejes y los infieles

En pro de imponer el catolicismo, mandó a la hoguera a varios miles de albigenses, impulsó la Cuarta Cruzada a Tierra Santa en el año 1202, también la Cruzada albigense y la Cruzada de los niños, en total tres cruzadas. Sin embargo, los enredos de Venecia, uno de los principales financistas de la expedición, llevó a los cruzados a tomar primero la ciudad de Zara, enclave bizantino en la costa de Dalmacia, y después saquear dos veces la ciudad de Constantinopla en 1204, todo esto pese a las excomuniones que Inocencio fulminó contra los cruzados, por haber vuelto las armas que debían ser dirigidas contra los musulmanes, y no hacia hermanos cristianos.

Ante el problema de los cátaros, Inocencio envió a varios legados, y autorizó las prédicas de Domingo de Guzmán, para tratar de reconvertirlos. En enero de 1208, el asesinato de Pierre de Castelnau, legado pontificio en el sur de Francia, precipita los acontecimientos. Inocencio llama a la Cruzada para extirpar la herejía, dando origen así a la Cruzada Albigense. Aunque habrá núcleos de resistencia hasta varias décadas después, ya en 1215 Inocencio se siente seguro de sus resultados, hasta el punto de convocar a un Concilo Ecuménico para resguardar la ortodoxia católica. Paralelamente, la Cruzada Albigense le da un poderoso impulso a Francia, al permitírsele la anexión de la región del Languedoc.

El Concilio de Letrán

A poco tiempo de culminar su vida y su pontificado, en 1215 convocó al IV Concilio de Letrán, uno de los más importantes de la época, en el cual se trataron temas políticos y en especial se dictaron deberes y derechos para prácticamente todas las clases sociales. Destaca la “Omnis Utriusque Sexus“, en el que se obliga a todos los adultos cristianos a recibir al menos una vez al año los sacramentos de la confesión y la eucaristía.

Así también, el Concilio estableció las bases de la Quinta Cruzada de 1217, bajo la dirección directa de la Iglesia.

Por otra parte cabe destacar su incondicional apoyo a Santo Domingo de Guzmán quien fundó la orden de los dominicos y a San Francisco de Asís quien fue creador de la orden de los franciscanos y a las clarisas. De este modo fue el precursor de una importante reforma eclesiástica.

Muerte y leyenda post-mortem

Tumba de Inocencio III en San Juan de Letrán.

Después del Concilio, en la primavera de 1216, Inocencio se trasladó al norte de Italia en un intento de conciliar a las ciudades portuarias de Pisa y Génova, a través de la eliminación de la excomunión que pesaba sobre Pisa, hecha por su predecesor Celestino III, y la realización de un pacto con Génova, para motivar las relaciones religiosas y comerciales.1

El Papa Inocencio tuvo durante su pontificado como médico personal a Juan de Castellomata, de la Escuela de Salerno, siendo el primer médico de un pontífice documentado en los archivos históricos.2

Inocencio III murió repentinamente en Perugia,3 el 16 de julio de 1216. Tenía 55 años de edad; y fue sucedido por el cardenal Censio Savelli, que tomó el nombre de Honorio III. Fue enterrado en la catedral de Perugia, donde su cuerpo permaneció hasta que el Papa León XIII lo trasladó a la Basílica Laterana, en diciembre de 1891.

Según la historia de la vida de Santa Lutgarda, Inocencio III se encontraba en el Purgatorio el día de su muerte, cuando se le apareció a esta monja en su monasterio de Aywieres. Envuelto en llamas, le declaró a ella, “Yo soy el Papa Inocencio“; para luego explicar que se encontraba en el Purgatorio por tres faltas que había hecho en su vida terrenal. Inocencio le preguntó a Santa Lutgarda si podía orar por él, diciendo: “¡Ay! Es terrible, y tendrá una duración de siglos, si usted no viene en mi ayuda. En el nombre de María, que ha obtenido para mí el favor de recurrir a usted, ayúdeme!“. En ese momento desapareció y Santa Lutgarda informó a sus hermanas de lo que había visto.4

Las profecías de San Malaquías de Irlanda se refieren a este papa como Comes signatus (Conde Signado), cita que hace referencia a su familia, los condes de Segni.

Obras

Sus obras en latín incluyen:

  • De Miseria Humanae Conditionis: un tratado sobre el ascetismo, escrito por Inocencio antes de convertirse en Papa.
  • De Sacro Altaris Mysterio: una descripción y exégesis de la liturgia.

Segundo Concilio de Constantinopla
5 de mayo – 2 de junio de 553
Quince postulados origenistas fueron condenados sinodalmente, entre ellos están: La preexistencia de las almas; la reencarnación; la eternidad de la creación; el pecado original; la procedencia del Hijo; la liberación final de todos los pecadores del infierno… En aquel Concilio se promulgó una ley que, entre otras cosas decía:

Todo aquél que sostenga la mítica idea de la preexistencia del alma y la maravillosa opinión de su regreso será anatemizado. Si alguien dice, o piensa, que las almas de los hombres preexisten y que han sido anteriormente espíritus y virtudes (potencias santas, y que han obtenido hartura de la contemplación divina; que se han pervertido y que en consecuencia el amor de Dios se ha enfriado en ellos, a causa de lo que se les ha llamado almas (soplos), y que han sido enviadas en cuerpos como castigo: que sea declarado anatema.

Este especial Concilio en el cual el Papa quedó retenido en Roma y lo dirigió un emperador laico, carece de testimonio dado que sus actas “desaparecieron”. Justiniano I dejó retenido en Roma al Papa Virgilio que debía presidir el Concilio, el Papa era un sacerdote que aceptaba las enseñanzas de Orígenes y no acató la validez de dicho Concilio, al igual que tres de sus sucesores, los Papas Pelagio I, Pelagio II y Gregorio I o Magno, quienes ignoraron los mandatos del Concilio del año 553 hasta el año 604, año en que un Papa, para evitar el cisma o por política conveniencia, reconoció el Concilio. Ante nuevos antecedentes que se van conociendo varios han opinado sobre Constantino, Justiniano I y el extraño Concilio que sustentan la base de las religiones cristianas en contra de la Reencarnación. Veamos una síntesis de esas opiniones:

En el año 325 de nuestra era, el emperador Constantino organizó el concilio de Elicea, para acordar cuales textos sagrados serían aprobados, y cuales desechados en la nueva religión aceptada por el estado, eliminaron 25 textos bíblicos y más de 20 documentos de soporte, entre ellos el libro de Enoc o Enoglos aprobados fueron condensados y reinterpretados convirtiéndose en lo que hoy conocemos, como la sagrada Biblia, esto nos dejó una herencia incompleta de la sabiduría contenida en los textos originales, eliminando información sobre quienes somos, de donde venimos porqué estamos aquí, y que podemos esperar que suceda. Desapareció toda referencia a la evolución de conciencia a través de la
reencarnación y la acción del hombre durante su única vida, determina si pasará el resto de la eternidad en el cielo o en el infierno, al ver el universo con la óptica de una sola vida apareció el concepto de un Dios injusto y arbitrario que determina el nacimiento de las personas como ricas, pobres, enfermas o sanas por azar. Toda esta concepción tuvo sentido mientras el aprendizaje y la evolución espiritual se realizaban a través de la oscuridad del sufrimiento, el martirio o el sadismo inquisidor..
Mónica Barbagallo

Las alusiones bíblicas a la reencarnación fueron retiradas del texto el año 325 por orden del emperador Constantino, lo que se confirmó en el Concilio de Constantinopla del año 553.
Henry Leo Bolduc

Aún San Pablo expresa la teoría de la reencarnación en sus epístolas en las cuales relata los casos de Jacob y Esau, diciendo que el Señor amó a uno y odió al otro antes de que estos nacieran. Obviamente, el Señor no puede amar u odiar una cosa que no existe, por lo tanto implica que Jacob y Esau en vidas previas fueron respectivamente bueno y malo, desde luego el Señor, o karma, amó uno y odió al otro antes de su nacimiento como Jacob y Esau. En este caso, Pablo se refiere al mismo acontecimiento de que habla también Malachi, el profeta mayor, en perfecta sintonía con la idea prevaleciente. Después de Pablo y los discípulos, aparecieron los primeros padres de la iglesia y muchos de ellos enseñaron lo mismo. Orígenes fue el más grande, impartió la doctrina en modo específico y a causa de la influencia de sus ideas, el Concilio de Constantinopla, 500 años después de Jesús, creyó oportuno condenar la doctrina como deletérea. Esta condena funcionó porque los padres eran seres ignorantes, la mayoría eran gentiles y no les interesaban las doctrinas antiguas, aún la obviaban. Por lo tanto, la doctrina de la reencarnación desapareció de las enseñanzas públicas y al final desvaneció para el mundo occidental. Pero debe ser resucitada porque era unas de las creencias del fundador, ofrece una base permanente y poderosa para la ética y es en realidad la doctrina teosófica más importante.
William Brehon

Tradicionalmente, se ha considerado el alma (especialmente por parte de los cristianos) como un ser divino y santo, ubicado “allá arriba en los cielos”. A los escritores cristianos posteriores al siglo sexto nunca se les ocurrió escribir sobre la reencarnación. La doctrina de la reencarnación fue expurgada de la Biblia por instigación del Emperador Justiniano. Las iglesias eliminaron rápidamente esta desagradable idea de que encarnamos y reencarnamos, ya que si encarnásemos una y otra vez tendríamos tiempo de evolucionar; no existiría tanta presión sobre nosotros para ser ‘buenos’ y cumplir nuestros deberes para con la iglesia. Si por cualquier razón prefiriésemos no ser buenos sino herejes, lo que la iglesia llamaba ‘malos’, tendríamos otra vez, otra oportunidad. Eso no es bueno para el clero. Los sacerdotes necesitan poder, y no se obtiene poder diciendo: “¡No os preocupéis! Tenéis tiempo. ¿Qué más da? ¡Libre albedrío! ¡Seguid así, hijos míos!” Eso no le iba a dar poder a los sacerdotes. Quizá les hiciera muy populares, pero poder y popularidad no suelen ir de la mano. La Iglesia ha olvidado la doctrina de la reencarnación (que los primitivos padres de la iglesia enseñaban), y de ahí procede la idea que colorea el pensamiento cristiano moderno: el alma, si es que existe algo así, está ahí arriba, en el cielo, y la veremos cuando muramos.
Benjamín Creme

Cuando, finalmente, en el siglo IV el poder político claudica ante el cristianismo con aquella historia de los sueños de Constantino, lo hace con determinadas condiciones. El emperador convirtió al cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano pero no sin suprimir las referencias del Nuevo Testamento a la reencarnación. Esa doctrina, defendida hasta entonces por diferentes padres de la Iglesia, entrañaba una seria amenaza ya que si los ciudadanos no temían morir, al poder mejorar en otras vidas, serían menos fácilmente obedientes a las leyes y ordenes del emperador.
Cuando, finalmente, en el siglo VI la Iglesia claudica ante el poder el II Concilio de Constantinopla, aceptando los planteamientos de Constantino, declara herejía la creencia en la reencarnación, pensando seguramente que si los cristianos tenían demasiado tiempo, vida tras vida, para alcanzar la salvación, no se apresurarían a obedecer a una institución que gozaba día tras día de más y más poder.
Dr. psiquiatra J. M. De la Villa Merchán

Ese monstruo Constantino.  Ese verdugo hipócrita y frío, que degolló a su hijo, estranguló a su mujer, asesinó a su padre y a su hermano político, y mantuvo en su Corte una caterva de sacerdotes sanguinarios y serviles, de los que uno sólo se hubiera bastado para poner a media humanidad en contra de la otra media y obligarlas a matarse mutuamente.
Karlheinz Deschner

Sólo fue a partir del año 543, en el IV Concilio de Constantinopla, que la Iglesia condenó la Ley de la Reencarnación por una errónea traducción e interpretación de un texto tal como en los primeros siglos del cristianismo se conocían. Es decir que, 500 años después de la muerte de Jesús, personas que -quizás honestamente- creyeron interpretarle, decidieron que la idea de la reencarnación -la cual forma parte de muchas otras religiones- debía ser borrada de la Biblia “oficial”.
Levi H. Dowling

¿Existe la reencarnación? Sí existe. Algunas religiones la incluyen en sus doctrinas; pero el Cristianismo anuló o suprimió esta enseñanza en los tiempos del emperador Constantino. A él, no le convenía que la gente supiera esto y lo suprimió por razones de poder y alianza con la Iglesia de aquel tiempo. Desde entonces, el Cristianismo ignora y rechaza la reencarnación que ya se enseñaba en tiempos de Jesús de Nazaeth y anteriormente. La reencarnación era, por entonces, aceptada con naturalidad. La Biblia también la ha suprimido, pero quedan algunos vestigios de verdad en las antiguas escrituras sagradas.
Araceli Egea

Según investigaciones de Osthagen, la doctrina de la reencarnación fue hecho aceptado en la comprensión de los dirigentes de las comunidades cristianas de los primeros tiempos. En el año 540 esto cambió rotundamente. Durante el Concilio de Constantinopla, convocado y dirigido por el emperador Justiniano, en el año 538, la doctrina fue rechazada por exigencia del emperador. Justiniano dominaba la Iglesia y llegó a encarcelar al papa.
Kurt Eggenstein

La duración de la vida sobre la Tierra es un factor personal, y sucede lo mismo con la duración del tiempo que pasa antes de volver de nuevo a la Tierra, que es también un factor personal, dependiente de un gran número de circunstancias.
En realidad, ¿qué es lo que dice ese famoso Concilio de Constantinopla, sobre el cual ciertos autores se apoyan para demoler, no la metempsicosis, que no se ha puesto en duda en Occidente, sino la teoría de la reencarnación? Este concilio ha condenado, el año 503, algunas proposiciones de Orígenes, entre otras, y en primer lugar, la que dice en latín: “Si alguien dice, o piensa, que las almas de los hombres preexisten y que han sido anteriormente espíritus y virtudes (potencias santas), y que han obtenido hartura de la contemplación divina; que se han pervertido y que en consecuencia el amor de Dios se ha enfriado en ellos,  a causa de lo que se les ha llamado almas (soplos), y que han sido enviadas en cuerpos como castigo: que sea declarado anatema”. Los antiguos reencarnacionistas cristianos no pretenden que suceda por cansancio de la contemplación divina, por enfriamiento del amor de Dios el que las almas vengan a la tierra, sino que, por el contrario, aseguran que su vuelta ha sido por castigo. Dicen que la existencia terrena nos ha sido impuesta para evolucionar y llegar a hacernos dueños de la materia de la que Adán, por su caída, nos hizo esclavos.
Dr. Gerard Encausse (Papus)

Orígenes -uno de los más famosos Padres de la Iglesia- fue el pensador más sobresaliente de quienes especularon sobre la existencia de almas que regresan a la Tierra. Todos sus libros, y principalmente el titulado De los primeros principios, escrito en el siglo III, fueron condenados en el Segundo Concilio de Constantinopla, llevado a cabo en el año 553 bajo el patronato del emperador Justiniano I. El veredicto sentenciaba: “Si alguien afirmara la fabulosa pre-existencia de las almas y se adhiriese a esa doctrina monstruosa, ¡sea anatema!” Aunque este edicto estableciera la naturaleza herética de la doctrina de la reencarnación, los estudiosos de la religión encuentran huellas de nociones similares en los escritos de san Agustín, san Gregorio y san Francisco de Asís.
Stanislav Grof

Constantino, el emperador Romano, quien gobernaba sobre lo que hoy se conoce como Francia y Gran Bretaña estaba en guerra con su cuñado Magencio, de Italia. Según informes del propio emperador, en el camino hacia la batalla tuvo una visión, apareció una cruz en el cielo con la siguiente Inscripción  IN HOC SIGNO VINCES, “bajo este signo vencerás”. Después de su victoria Constantino hizo de la cruz el estandarte de sus ejércitos. Posteriormente, cuando el cristianismo llegó a ser la religión estatal del Imperio Romano, la cruz se convirtió en el símbolo de la iglesia católica. Constantino  no era un emperador ario, aunque era adorador entusiasta del Dios Solar. El Monarca Romano incluso dedicó el primer día de la semana, el domingo, llamado originalmente Dies Solis, “Sun day” o día del dios solar SOL a su adoración, sin embargo su fragmentado imperio estaba siendo corrompido en su base, las legiones, tradicionalmente seguidoras del culto a Mithra y por tanto ario ? solares, estaban influenciándose por el cristianismo, Constantino aprovechó esta condición para someter y unir a sus huestes, ya no bajo el concepto guerrero de Mithra, sino con la sumisión y redención del pecado cristiano, la culpa y obediencia, el mismo Constantino era preso de un sentimiento de culpa, era el responsable del asesinato de su esposa y su hijo, un recuerdo que le acompañó siempre, la religiones paganas no lo perdonaron por ese crimen, por lo Que busco El consuelo de la única religión que si lo perdonaba, el cristianismo, lo cual se acomodaba perfectamente además, a sus intenciones políticas. Esto es fácilmente corroborado reconociendo la habilidad política de Constantino, el poder estaba en la milicia, las legiones eran la base del Imperio Romano, instauraban y derrocaban emperadores según su conveniencia. Respecto a la visión de Constantino, así como el tipo de cruz que se supone vio en los cielos nunca estuvo clara. el otro símbolo, la inscripción  que apareció a través de un sueño, y que según su propia descripción correspondería  a las primeras letras del nombre cristo, Ji-Rho, cristos en griego o  Xristos ? Wotánico / Thor ? Hijo ? Resurrecto, la denominada cruz de Chi apareció formalmente algunos siglos después, tergiversándose nuevamente su significado pues en los caracteres rúnicos significaría “Thor- el hijo ? resurrecto”, la esperanza de la era de la restauración, de Shiva, la derrota de Kaly, la vuelta de la virilidad sobre la feminidad. Constantino, a pesar de reconocer este significado Rúnico.- Druídico- Pagano, rechazó la religión de los druidas como su fe, buscaba la absolución personal que solo el Cristianismo le había ofrecido,  sin embargo continuó con sus ceremoniales paganos ario solares a pesar de adoptar la fe cristiana como oficial del imperio, hasta se hizo bautizar en su lecho de muerte sin abandonar su creencia ario solar, La del culto al dios del cordero.
Paulo E. F. López Meza

Fuente:nasdat.com
 


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