Creo que a todo el mundo,o casi,le puede interesar:tres ex-agentes de la CIA han escrito un libro enseñando técnicas para pillar a un mentiroso.No está nada mal echarle una ojeada a éste pequeño resumen.

LOS MÉTODOS DE LOS MEJORES INTERROGADORES
La CIA te enseña sus trucos para pillar a los mentirosos
Si quieres descubrir si tu pareja te ha sido infiel, si tu hijo te está engañando con sus notas o si tus empleados te están ocultando algo, ¿por qué no recurrir a los métodos empleados por algunos de los mejores interrogadores del mundo, es decir, la CIA? Ese es el principal reclamo del libro que tres ex agentes de la Agencia de Inteligencia Central, Philip Houston, Michael Floyd y Susan Carnicero, acaban de publicar. Titulado Spy the Lie. Former CIA Officers Teach You How to Detect Deception (St. Martin’s Press), el ensayo de los actuales consultores de la empresa de análisis conductista QVerity se propone difundir de manera didáctica todas las estrategias utilizadas por los agentes profesionales. De manera ligera y desenfadada, los veteranos detallan tanto aquellos signos que deberían hacernos sospechar cómo cuáles son las preguntas más útiles en un interrogatorio para obtener la respuesta que necesitamos.

Como es de esperar, lo más importante en el modelo propuesto por los agentes es “mostrarse atentos a todas las señales visuales y auditivas”, especialmente en los cinco segundos en los que el interrogado debe reaccionar a una pregunta que puede resultar comprometedora. Es lo que han llamado el “modelo L-squared”, según el cual se ha de poner el mismo empeño en la vista y en el oído, y no dejar que uno de los dos sentidos prevalezca por encima del otro.

Cuanto más recordemos a nuestro interlocutor lo sinceros que somos, más sospechosos resultamosEntre las respuestas más sospechosas que describen el trío de agentes en su libro –escrito junto a Don Tennant, compañero en la consultora QVerity–, se encuentran dar una respuesta evasiva o responder con otra pregunta (“¿Has visto que se ha roto la ventana?”; “¿Qué ventana?”) o poner de manifiesto lo mal que le ha sentado que se piense que ha podido realizar tal acción (“¿Cómo puedes pensar que he sido capaz de eso?”). En ambos casos se evita ofrecer una respuesta afirmativa o negativa a la pregunta, por lo que moralmente el mentiroso siente que no ha engañado a nadie. En una línea semejante se encuentra lo que los agentes denominan “la respuesta abiertamente específica”. Aunque el concepto en sí sea paradójico, los agentes lo utilizan para referirse a aquellas contestaciones que no faltan a la verdad pero ocultan parte de la misma. Se trata de aferrarse a los detalles para soslayar el tema central, como cuando Bill Clinton aseguró que era falso que hubiese estado doce años junto a Gennifer Flowers, cuando en realidad habían sido once y medio.

El corazón delator

Un comportamiento habitual de aquellos que sienten que han sido pillados con las manos en la masa es atacar el comportamiento de su interlocutor, evitando de esa manera verse en la obligación a responder sus cuestiones y convirtiendo al mismo en responsable de la situación. También llama la atención el papel que los adverbios de tiempo juegan en el lenguaje de los mentirosos. Al contrario de lo que podría pensarse, cuanto más recordemos a nuestro interlocutor lo honestos que estamos siendo (“sinceramente”, “con total franqueza”), más debería este sospechar con nosotros, pues cuando no hay nada que ocultar, estos marcadores lingüísticos desaparecen.

Hacer que el interrogado sienta que se persigue a otro es una manera de que se relajeOtros factores que deberían llamar la atención del interrogante son: la utilización de un nivel inapropiado de cortesía, especialmente si esta es extrema, pues podría tratarse de una manera de granjearse la simpatía del interrogador; cambiar súbitamente de tema a través de una frase sólo lejanamente relacionada con la relación que está teniendo lugar; o recurrir a la mala memoria para justificar las lagunas de su discurso.

No se trata tan sólo de encontrar los signos delatores, sino también de saber plantear las preguntas adecuadas. Entre la multitud de estrategias propuestas en el libro se encuentra, por ejemplo, preguntar al presunto culpable de qué forma castigaría a alguien que ha sido pillado haciendo eso mismo de lo que se sospecha. Cuanto más leve sea la pena, más probabilidades hay de que el acusado esté intentando relativizar la importancia real de su propia acción. También se sugiere que dejar entrever que la culpa puede encontrarse diluida o hacer sentir al interrogado que se persigue a otra persona son dos maneras de hacer que este se relaje y se muestre más dispuesto a proporcionar información que le pueda inculpar.

Todos somos espías

Durante la lectura del libro de los tres agentes, es frecuente recordar los célebres estudios realizados por el célebre psicólogo Paul Ekman, que describió en profundidad la manera que las expresiones faciales humanas reflejaban los sentimientos de la persona que las adoptaba. La universalidad de sus descubrimientos propició que pudiese definirse un conjunto cerrado de gestos habituales al mentir. Algunos de ellos han sido recogidos en el libro de Houston, Floyd y Carnicero: por ejemplo, desviar la mirada, bajar la vista o cerrar los ojos. También, frotarse la mejilla o atusarse el pelo. Otros indicadores extraverbales típicos son las pausas repetidas y prolongadas, un tono más agudo en la voz y un mayor movimiento del cuerpo. Además, cuando una persona miente tiene más actividad cerebral que si está diciendo la verdad.

El videojuego L.A. Noir presentaba como principal reclamo la posibilidad de detectar si los personajes del juego mentían o noSin embargo, un reciente estudio parece haber puesto en tela de juicio la noción popularmente compartida de que nuestros ojos delatan nuestras mentiras. Según explicaba Caroline Watt en un artículo publicado en la revista científica PLoS One, “aunque la mayor parte de la gente cree que el movimiento de los ojos tiene que ver con lo que la persona está pensando, no hemos descubierto ninguna relación entre ambos hechos”. Esto desmentiría la idea bastante extendida de que mirar hacia la derecha implica que estamos imaginando una situación que aún no ha ocurrido, y que cuando lo hacemos hacia la izquierda, estamos recordando un hecho del pasado.

Recientemente, el videojuego L.A. Noir presentaba como principal reclamo la posibilidad de detectar si los personajes del juego mentían o decían la verdad, a partir del examen de sus expresiones faciales y gestuales. El avanzado sistema de captura del que presume el estudio creador del juego, Team Bondi, permite captar hasta el más mínimo detalle de las expresiones de sus personajes. De esa manera, el jugador se introduce en la piel de un detective del FBI cuya principal misión es, a partir de las pistas e indicios de que dispone, descubrir la inocencia o culpabilidad de sus acusados. Para la segunda parte del juego, el estudio promete extender el sistema conocido como MotionScan a todo el cuerpo humano. El círculo parece haberse cerrado: si en un comienzo la interpretación gestual nació como una herramienta eminentemente práctica para pasar, con el transcurso de los años, a convertirse en una disciplina teórica, ahora vuelve a aplicarse una vez más de forma práctica. Sólo que, esta vez, en el mundo virtual de los videojuegos.
Fuente:elconfidencial.com

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